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Mié, May

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Desde siempre hemos ido progresando tecnológicamente en la invención de armamento.

De la piedra al arco pasando por el mazo, a la pólvora, al poder atómico, todo esto decorado de fantásticas armas químicas y biológicas de alta efectividad, hasta llegar a nuestros días en que se especula sobre el posible manejo de desastres naturales tales como tormentas y terremotos. La imaginación humana es asombrosamente poderosa a la hora de destruir, casi tanto como al construir.

Cada vez que aparece un arma nueva en el mercado de la destrucción, aparece un artilugio no necesariamente de defensa sino de mayor poder destructivo. Algo así como una pelea de niños mal criados; "Si, pero mi papá le pega al tuyo" ¿O no es algo similar lo que sucede cuando en un desfile militar se hace alarde del poderío militar?

Si bien es cierto la violencia humana siempre ha existido y lo peor de todo es que seguirá existiendo, hoy por hoy ha sido "normalizada". En un afán por vender y venderse más, los medios de comunicación han ido escalando en el nivel de exposición de la violencia, al grado de banalizarla. A toda hora y en todo lugar se presencia directa o indirectamente violencia.

Nos enteramos de un ataque perpetrado por un desquiciado en el que masacra a decenas de inocentes con o sin motivo aparente y al segundo después, estamos muy interesados en el resultado del partido de fútbol en que nuestro equipo se jugaba la posibilidad de seguir con posibilidades en el campeonato o de como se ha descubierto que la sacarina puede producir cáncer.

Así como al ejercer un trabajo físico nos salen callosidades que nos protegen de hacernos heridas como las que tuvimos en los inicios de la actividad, la insensibilidad a la que hemos llegado, nos protege del sufrimiento que nosotros mismos hemos ido creándonos.

Ahora somos indiferentes a lo que alguna vez tuvo ribetes de tragedia.

Esta es el arma de exterminación masiva más poderosa jamás desarrollada por el hombre; la insensibilidad humana.

A lo mejor son enfermos, enfermos sociales explotados o no por los que saben muy bien cómo manejar los hilos, quienes han transformado aviones, camiones, oportunidades, en armas letales.

Colegios, discotecas, la calle, se han transformado en escenarios de verdaderas masacres.

El arma de la indiferencia ya se instaló entre nosotros porque no pasa un solo día en que no nos enteremos de un tiroteo aquí o de un atentado con bomba allá o de un secuestro con resultado de muerte de víctimas y victimarios,...

La indiferencia ya está ¿cómo combatirla?

Creo que no es necesario desgastarnos tratando de inventar un arma más destructiva que la indiferencia, sobre todo porque es imposible.

Se me hace difícil pensar en que la callosidad pueda desaparecer pero si podemos recuperar la sensibilidad perdida. Solo necesitamos voluntad para lograrlo y quien sabe, quizás podamos volver a emocionarnos con una puesta de sol, se nos erice la piel al escuchar una melodía o volvamos a encontrar total y absolutamente inconcebible la muerte de un inocente.

¿O será mejor dejar que la indiferencia nos proteja incluso de nosotros mismos aunque cuando estemos del lado equivocado del arma de poco nos servirá?

Cada quien tendrá su respuesta. Yo se la mía.