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Mié, Jul

Rito de transfiguración

Según las Sagradas Escrituras, Jesucristo cambió su figura corporal a un estado glorioso junto a Moisés y Elías en presencia de sus discípulos Pedro, Juan y Santiago en el monte Tabor. La transfiguración –cambiar de figura o aspecto de una persona o cosa– viene a ser el sentido profundo, la finalidad y la metodología a la vez, que está en la esencia de los titiriteros, quienes se convierten en alquimistas o magos para convencer que un trozo de madera o un trozo de plástico, tela, un grifo o un rayo de luz se convierta en un ser vivo, incluso autónomo, separado del manipulador.

 

La compañía Zero en Conducta ha intervenido en la inauguración oficial de la XXXIII edición del Festival de Títeres Titirimundi de Segovia, con un espectáculo de extraordinario valor artístico tanto por su belleza expositiva como por su significado esencial.

La compañía catalana se sumerge en la fantasía metafísica de los títeres con el espectáculo “Eh man hé, la mecánica del alma” por medio del juego de la danza y de la pantomima en un maravilloso rito de transfiguración.

Nolan, una marioneta de tamaño natural –semejante a un cuerpo humano– realiza un viaje metafórico para liberarse de la materia inerte y conseguir la libertad. Si en un principio es el movimiento dependiente de sus manipuladores, el ritual de transformación conduce al espectador con paralelismos y analogías humanas hasta lograr la magia, la ilusión, de que la marioneta sea un personaje autónomo con capacidad de manipular al ser humano. Es decir, Nolan representa el objetivo que persiguen los grandes marionetistas como una obsesión: ¿Hasta dónde alcanza el juego de dominado y dominador?

Pero, al menos en esta propuesta de Zero en Conducta, no es cuestión de quien detenta el poder, si el objeto o el titiritero. Aquí plantean la cuestión: “¿Cuál es la diferencia entre los titiriteros y los humanos?” Aquí el tema gira en torno a la vida, a la transfiguración de la materia en espíritu con posibilidad de “respirar”.

La danza y la pantomima, el movimiento y el teatro gestual, arropados en una cuidada iluminación construyen una puesta en escena hermosa en su estética y poética en cuanto al significado e intencionalidad. Es decir, el espectáculo pulcro, limpio y exquisito en las acciones se apoya en la capacidad expresiva para conducir al espectador por la senda de la reflexión metafísica y de la emoción.

Nolan reclama la vida sumergido en una especie de medio acuoso mientras el ser humano está encerrado en una caja de vidrio, el típico juego mímico de la pared; las dos escenas se desarrollan al unísono para expresar la búsqueda de la liberación. Después la escena individual de la mujer y la marioneta realizada con elegancia, delicadeza y sensualidad transmite sentimientos humanos y espiritualidad. Surge un ser pequeño a semejanza de Nolan que realiza una danza llena de fantasía con las bailarinas; es una ilusión de Nolan que muestra su “humano” deseo de soñar. Por fin, los manipuladores se esfuman y queda el personaje tendido en el suelo sumido en la soledad. Desde mi punto de vista, en este punto hubiera sido el final de la obra, pero hay una especie de epílogo que habla de mecanicismos y robótica a modo de reflexión.

El trabajo de Zero en Conducta brilla por el contenido poético –ya está dicho más arriba– pero también y, sobre todo, por una técnica depurada tanto en los movimientos como en las complejas transiciones de escenas donde los intérpretes parecen ocultarse por arte de magia. En fin, la escena de los tres bailarines donde uno, simulando estar manipulado por los otros dos, hace de marioneta con los brazos del títere, constituye un precioso regalo con guiños a la danza clásica; esta escena de danza en estado puro sincretiza todo el espectáculo en el aspecto artístico y en el significado profundo que “Eh man he, mecánica del alma” alcanza a transmitir.

Para finalizar, hay que dejar constancia que el acto inaugural de esta XXXIII edición de Titirimundi de Segovia contó con la intervención de la compañía chileno / argentina o argentino / chilena El Chonchón. La actuación de esta conocida pareja de cómicos marionetistas estuvo marcada por simpáticos y emotivos recuerdos a Julio Michel –fundador del Festival de Títeres de Segovia– así como a la compañía Libélula que él creó jugando con su típico “torito”. Aparte de una breve y tierna escena en homenaje al cine mudo, El Chonchón hizo referencia a Marian Palma –actual directora de Titirimundi–, al Teatro Juan Bravo, al público fiel, al festival…, en un ambiente distendido jugando con la improvisación y la complicidad.

Manuel Sesma Sanz

Espectáculo: Eh man hé, la mecánica del alma - Autores: Julieta Gascón, José Antonio Puchades (Putxa) y David Maqueda - Actores: Amok, Elena Lalucat, Pino Staine, Julieta Gascón y José Antonio Puchades (Putxa). - Iluminación: David Maqueda - Sonido: Bob González y Jorge de Rocha - Marioneta: Mina Trapp - Vestuario: Claudia Fascio - Dirección coreográfica: Julieta Gascón y José Antonio Puchades (Putxa) - Compañía: Zero en Conducta - Sala Teatro Juan Bravo de Segovia, 14 de mayo - Festival Internacional de Títeres Titirimundi de Segovia

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