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Lun, Nov

El cofre del mezquino
Obra: El avaro
Autor: Jean-Baptiste Poquelin, Molière
Intérpretes: José Mari Asín, Virginia Cervera, Imanol espinazo, Jesús Idoate, Patxi Larrea, Aurora Moneo, Pablo del Mundillo, Xabier Olza, Oscar Rozáis, Belén Otxotorena
Escenografía: Carlos Montesinos
Vestuario: Javier Sáez
Iluminación: Koldo Tainta
Dirección: Alexander Harold
Producción: Fundación Municipal Teatro Gayarre y Gobierno de Navarra
Claustro de San Pedro- 02-08-07 – Festival de Teatro Clásico de Olite
Desde que se estrenó en el parisino Palais-Royal en setiembre de 1668, “El avaro” de Molière ha sido una de esas obras frecuentadas por todos los amantes del teatro por su gran calidad cómica, por una estructura dramática que funciona a la perfección como soporte de las intrigas y de los vicios denunciados, y que ha trascendido al lenguaje común, por lo que revisitar la obra, como hace la compañía del Teatro Gayarre, partir de una traducción y versión del valenciano Juli Leal con dirección del británico Alexander Harold, que dentro de su amplío currículo, encontramos la dirección de una de esas comedias míticas: “Por delante y por detrás”, nos coloca ante una lectura que debería aportarnos alguna novedad.
En este montaje encontramos una limpieza léxica, una posibilidad más evidente para descubrir la parte de denuncia de la avaricia como una obsesión, la desconfianza como método, la tiranía doméstica, incluso el egoísmo del burgués que se cree capaz de comprar todas las voluntades, incluso de comprar el amor. La peripecia de la obra nos lo castiga y el avaro Harpagón queda solo, sin amor, que triunfa con los jóvenes que rodean la trama, pero recuperando el cofre donde guarda sus monedas de oro. Una lección de Molière para su época que hoy es recibida con otras graduaciones y comprensiones.
Pero todo lo que es su contenido se debe servir en sus formas, en la interpretación y la puesta en escena y es ahí donde sufrimos una cierta decepción. En la función presenciada se nos quedaron los personajes en tipos, el espacio constriñendo los movimientos, la iluminación muy poco eficaz, las evoluciones escénicas más obvias muy marcadas, notándose excesivamente su esfuerzo y no la organicidad, y los desequilibrios del reparto se evidenciaban de manera palmaria. Una suerte de tonillo general se fue apoderando de las actuaciones, y solamente Aurora Moneo y Patxi Larrea parecían mantener y elevar la baja intensidad y el nivel medio en el que parecía instalado Jose Mari Asín. No podemos decir que estuviera nadie mal, pero solamente encontramos a dos que estuvieran bien o muy bien, y en un reparto tan amplio eso da un resultado final muy mejorable. La escenografía muy referencial y de bajo perfil, lo mismo que el vestuario que recae en el estilismo de época. No obstante “El avaro”, se dijo y llegó lo fundamental a los espectadores, que no es poco.
Carlos GIL