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Sáb, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

He pasado este fin de semana en Mallorca, en la Fira B, un encuentro que va tomando cuerpo, un lugar para acercarse a la nueva construcción de imaginarios en las artes escénicas y musicales baleares. Ha crecido la participación de agentes foráneos, productores, distribuidores, programadores, desde sus inicios en los que tuvimos oportunidad de participar, pero notamos una cierta tendencia a poner por delante lo musical, que parece tener un mercado más abierto, más tangible, más amplio y propicio al intercambio que el teatral que, por definición canónica de su existencia, debe ser más sensible al contexto y la realidad en la que se desarrolla.

Los que acumulamos demasiados quinquenios tendemos al análisis en perspectiva histórica, nos cuesta detectar los cambios generacionales sin compararlos con lo que su cedió antes. Yo insistiré en algo que me inquieta: la tendencia a la vanguardia retro, a presentar como algo nuevo, lo que fue rompedor hace cuarenta años y que en una parte sustancial se ha incorporado a los lenguajes escénicos más convencionales de manera muy habitual, y si se miran las producciones del teatro neo-comercial actual, lo podemos certificar sin apenas esfuerzo intelectual. Me resisto a conformarme con esta situación generalizada que admite los remedos, los plagios en diferido, la copia sin consistencia técnica, estética o ideológica. Es una advertencia que no señala a nadie, sino que intenta alertar, para que exijamos más, para que no demos alas a falsos creadores.

Dicho lo cual y volviendo al contexto, unas decenas de participantes en esta Fira hemos sido alojados en un espléndido hotel, a unos kilómetros de distancia del centro de Palma, donde estaban los espacios en los que se producían los espectáculos y los debates. Ese hotel estaba en Magaluf, ese lugar conocido por ser uno de los epicentros del balconing. Un lugar dedicado exclusivamente al turismo. Todo lo que allí existe está pensado para satisfacer a los turistas. No hay vestigios identitarios de nada. Las comidas, los bazares, utilizan simbología española o local, pero desde la cota más baja cultural y gastronómicamente hablando. Y siempre en inglés. Cuesta dirigirse a los trabajadores en catalán o mallorquín. Esta es una realidad, que en la otra ocasión que acudimos a esta Fira comprobamos en otra parte de las inmediaciones de Palma, pero allí es entrar en Alemania. No se trata de un lugar turístico, sino un lugar colonizado.

Pues en este contexto debe hacerse el teatro balear. Una presión idiomática, una deslocalización poblacional, por lo que su existencia tiene notables dificultades porque hay demasiado ruido. Sin embargo, existe un teatro propio, dramaturgos, directores, actrices notables. Tienen una salida bastante utilizada los mejores en cada rubro: Barcelona. Los que se quedan, o vuelven, saben que, si hacen teatro en su idioma, pueden encontrar una salida en algunos puntos de exhibición en Catalunya o Valencia. Incluso tienen una buena herramienta, la Xarxa Alcover, que propina a los teatros apuntados a la misma espectáculos de una calidad media bastante competitiva. Las giras entre islas no son sencillas. Con todo esto quiero señalar que estas circunstancias abundan en las dificultades para alcanzar niveles de primer orden, pero no es imposible, y se han logrado, pero por goteo. Además, existe una televisión propia y eso sirve para consolidar algunas perspectivas de profesionalización. 

Por eso la voluntad de esta Fira B, con apoyo institucional es fundamental, pero debemos saber de lo que se está hablando, los profesionales presentes, las posibilidades reales de lograr actuaciones fuera. Insisto: con la música es más fácil. Y quisiera señalar un concierto de Clara Peya, presentando su nuevo disco, que nos pareció muy bueno. Ella es catalana, no balear, pero tiene recorrido. Además, es una de las candidatas habituales a llevarse un Max por sus composiciones para teatro. Porque es una mujer de escenario, con gran talento.

Por lo demás bien. Nos gustó la manera de explicar el Estatuto del Artista a cargo de Rosana Pastor, unas recomendaciones aprobadas por unanimidad en el parlamento español para intentar arreglar situaciones peculiares que se viven en el ámbito de Hacienda, Seguridad Social y que busca el reconocimiento de la excepcionalidad profesional. Habían programados debates, encuentros, clases, talleres de manera intensiva. Cosas necesarias para los nuevos, los de siempre y hasta para los resabiados, momentos para que se reciclen ideas, se confirmen intuiciones, se acerquen posturas o se distancien. 

Ya se sabe, cada uno habla de la feria, según le va en ella.

Mi balance es sencillo: abrazos con viejos amigos. Confirmación de nuevas relaciones profesionales. Y Palma, la ciudad, su centro, es maravilloso. Para comer bien hay que buscar a un indígena gourmet que te guíe. Que los hay. La organización de la Fira B va creciendo. Pocos reproches. Lo de mandarnos lejos a algunos, es una situación de la presión turística. Ojalá se pueda solucionar. Cambiar el contexto para cambiar la realidad. O viceversa.

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