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Mié, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

Uno lee el libro y no sabe si se encuentra ante una especie de Biblia sobre los dioses malintencionados, ante un tratado sobre la ciencia de la desgracia o simplemente ante un homenaje jocoso al mal fario. Inclasificable dentro de ningún género literario, "La ley de Murphy" es, en todo caso, una buena opción para lamerse las heridas riéndose de uno mismo. Allí encontramos infinidad de casos en los que el azar no es algo inocente y aleatorio, sino la consecución de una serie de sucesos perfectamente urdidos, quién sabe por qué deidad retorcida, para causar el mayor perjuicio posible. Leerlos puede ser un bálsamo eficaz para las horas bajas, una manera de mitigar la desgracia propia acompañándola con desgracias ajenas. Consuelo de tontos dirán algunos. Pero consuelo al fin y al cabo.

Entre aforismos más o menos ocurrentes sobre la mala suerte que sirven para dar vuelo a conversaciones de barra de bar, en el libro hay alguna que otra frase que invita a reflexiones de mayor hondura. Hoy traigo a colación una de ellas: "Medir con micrómetro. Marcar con tiza. Cortar con hacha". Esta regla sobre la precisión sintetiza una secuencia absurda: Si hemos de cortar un listón de forma precisa, de nada sirve medir con micrómetro la longitud que deseamos obtener, si después vamos a marcar con una tiza para acabar cortando con una hacha. Sobre el papel esto parece una patochada que nadie se cree capaz de perpetrar; sin embargo, a pie de calle es mucho más habitual de lo deseable. Sin explorar en exceso, encontramos puentes de último diseño hechos con baldosas resbaladizas donde los transeúntes deleitan sus ojos al mismo tiempo que arriesgan sus piños, edificios millonarios vacíos para que el aire y sólo el aire los habite con todo lujo de detalles, o nuevos aeropuertos con pistas despampanantes donde, de momento, sólo aterrizan insectos. En todos estos casos estaba todo pensado, no crean, hasta el mínimo detalle, salvo cuál sería la utilidad real de tanto desembolso. Pequeño desliz, oigan.

Pero más allá de ejemplos que pueden derivar en chistes basados en la vida real, en las Artes Escénicas, la tríada del micrómetro, la tiza y el hacha, me lleva hacia una reflexión de un tono diferente. Cambio el chip y allá voy.

Por un lado, todo arte, en tanto que artesanía necesita de un micrómetro metafórico, es decir, de una predisposición inequívoca a la hora de cuidar todos los detalles. Es una pasión por lo exquisito que se alimenta por sí misma, una suerte de señal definitoria de todo artesano que buscará lo máximo en lo mínimo, asumiendo que muy pocas veces dispondrá del tiempo y de la remuneración correspondiente que justifique una entrega tan desmedida. En la escena los detalles aparecen en cualquier esquina: seleccionar una palabra en detrimento de otra que en apariencia es sinónima, explorar toda la gama de filtros para dar con el tono rojizo exacto de la escena, porque hay muchos blancos para una misma tela y también infinidad de maneras de andar sobre el escenario, y porque sólo una opción de todas las posibles es la más adecuada... La pasión por el oficio se mide en una balanza necesariamente desequilibrada entre la dedicación y el rendimiento. Medir con micrómetro cuesta toneladas de esfuerzo.

Alrededor de este feudo del detalle que es toda creación, no es la ley del micrómetro la que impera, sino la de la tiza o, con mayor frecuencia, la del hacha. Una creación que ha sido pulida meticulosamente cuando sale del taller donde ha sido concebida y se expone públicamente, entra en un mundo que se mueve a machetazo limpio. Siendo los espacios para el debate y la reflexión exiguos, se funciona a golpe de una dicotomía que pocas veces logra salir del sí y el no, del vale y no vale, del me ha gustado y no me gustado. La concesión de una subvención, la opinión de un crítico o de un espectador, el hecho de entrar en una programación... Todas ellas son formas en las que una creación puede ser cortada con hacha. A veces el corte será favorable y otras puede que el corte toque alguna víscera importante. Es un riesgo que siempre se corre cuando se accede a eso que vagamente se llama "opinión pública", y que es necesario asumir y asimilar si se quiere seguir jugando a crear y a mostrar abiertamente lo creado.

El verdadero peligro no es pues que unas manos ajenas le corten a uno con hacha, sino que, por despecho, cansancio o contaminación insidiosa, en el proceso íntimo de creación uno sustituya el micrómetro por el hacha, y empiece a confundir el detalle con la vaguedad, el proceso con el resultado, y lo concreto con la generalidad. Creo que ese hacha, que sorpresivamente uno blande dentro de su propio entorno, es la única capaz de cortar todo hasta destruirlo.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
Precio : Próximamente

Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€