Sidebar

21
Dom, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

Cuando las aguas bajan turbias, el miedo se nos sube a la chepa. La economía cae y arrastra consigo al resto de las piezas del dominó y, entre ellas cómo no, también la pieza de la cultura. Ante tanta precariedad y peores augurios, por pura supervivencia, el miedo hace que afilemos el instinto de conservar nuestras pertenencias. Necesitamos proteger lo poco o mucho que tenemos a cualquier precio. Son periodos donde la generosidad se olvida y lo material se abraza con más fuerza y recelo. El miedo, en su inercia, nos pone en un estado de conservadurismo.

Quienes se dedican al arte, sin embargo, saben que en este tipo de circunstancias, cuando todos los vientos soplan en contra, hay que desterrar toda actitud conservadora. Al fin y al cabo, si se mira hacia atrás en el tiempo, ninguno de los que se hicieron con un hueco en la historia del arte se caracterizaron por una mentalidad apocada y cautelosa. En todos ellos, amén de la diversidad de talentos, subyace siempre una rebeldía, una disconformidad extrema, un afán por llevar las ideas al límite, arriesgando todo en lo artístico y en lo personal. En ellos no se percibe el miedo a las consecuencias que acarrearán sus actos. Vivieron en la desvergüenza, en el descaro, en una valentía bien entendida. El arte si se juega en serio, se hace al lado de un abismo.

Por eso, precisamente ahora, frente a todas estas turbulencias que nos envuelven, es cuando mejor hay que resistir ese instinto tan natural como dañino que nos vuelve proteccionistas. Es el momento de proponer, de exponerse, de llegar a los extremos, de bailar en la cuerda floja de las ideas y los prejuicios. Todo aquello que no venga impulsado por esa osadía que a veces se confunde con cierta tendencia suicida, en mi opinión, es un territorio intermedio que, aunque puede ser un gran pasatiempo, no llega a ser arte. Es hora, por tanto, de fomentar una actitud emprendedora y fogosa, que infunda vértigo, que haga tambalear aquello que damos por seguro en estos tiempos inseguros. Una actitud que en teatro deberíamos aplicar a todos sus estratos, no sólo al artístico, sino también al ámbito de la producción, de la distribución, incluso al de los espectadores. Quedémonos un último instante mirando el papel del actor en esta disquisición.

Desde hace años llevo haciéndome la misma pregunta: ¿Cuál es la condición indispensable de un actor? Según la época, la respuesta ha ido variando. Al principio me decía que la técnica, después que la disciplina, unas veces la sensibilidad, y otras la capacidad emotiva. De un tiempo a esta parte, sin embargo, mi respuesta permanece inalterable. Si alguien me hace la pregunta, le respondo que lo que más valoro en un actor es “el no miedo”. Me refiero a una predisposición donde se ha perdido el miedo al error, a no ser bueno, a no seguir una determinada técnica o a no ser creativo. Se tenga la experiencia que se tenga, sólo a través de esta predisposición desatada, inocente pero profunda, puede el actor introducirse en el abismo del verdadero aprendizaje y guardar intacta la facultad de reinventar el teatro y de reinventarse a sí mismo en el teatro. Son actores que se arriesgan a perder para ganarlo todo. El mejor teatro ha sido y será de ellos.

 

Nuevo número de la revista ARTEZ


Visita nuestra librería online

Todos los libros de la editorial artezblai

NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
Precio : Próximamente

Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
Precio : Próximamente

Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€