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Lun, Dic

Sangrado semanal | Juana Lor

Stiro i vestiti. Plancha el vestuario. Eso hace Roberta Carreri como rito de paso antes de entrar a escena. Con el training que lleva a cuestas el cuerpo de este mujer, una la imaginaba de mil formas diferentes antes que hierro candente en mano aplanando prendas: Haciendo, por ejemplo, equilibrio sobre un pie de kathakali mientras recita frases del texto pasando del resonador nasal al occipital, realizando una voltereta a cámara re-que-te-lenta o disociando partes del cuerpo con la precisión de un reloj suizo y la carne actoral en el asador. Pues resulta que no. O quizás también. Pero lo que le viene a la mente a la Carreri cuando le preguntan que qué hace para preparar su inminente salida a escena en tarde de actuación es: planchar el vestido. Imagino que la soledad de un camerino envuelto en el vapor de la plancha horas antes de una actuación es similar a la del ojo del huracán en alta mar. Para enderezar arrugas y aplanar superficies sin quemar la tela hace falta imprimir a la mano una dirección con decisión. Lograr hacerlo sin que te tiemble el pulso te envolverá en una sana quietud pre-teatral, de esas que te convierten en perfecto lienzo en blanco sobre el que dibujar teatro.

¿Tú te pones nerviosa antes de salir a escena? Porque nosotros no... Gran frase iniciática que grabar en la mente de una principiante ante su inminente salida al ruedo. ¡Ah, perfecto! Si estos que llevan mil años no se ponen nerviosos, yo, entonces, menos. Con suerte, el efecto de esta frase salvavidas durará mucho tiempo, pero antes o después llegará el día en que caerán las fortificaciones o la plancha estará jodida y entonces, te encontrarás con tu miseria cara a cara, te encerrarás en el baño del camerino antes de salir y te preguntarás bajito qué que haces tú allí, qué quien te mandaría a ti meterte en esa clase de embolaos con lo bien que estarías en casa sin haber liado la que has liado con tanta gente fuera sentada esperando y tanta gente dentro trabajando para que tú salgas a escena a hacer lo que tienes que hacer. Esas actuaciones, por cierto, suelen salir bien.

No se puede hacer el paso del samurai si la pieza que vas a representar tiene otra cualidad de energía. Si no exactamente estas, muy similares fueron las palabras que Julia Varley utilizó para explicar que el ritual de paso que necesita un actor antes de salir a escena debe ser diferente según el tipo de propuesta que se vaya a representar. Esto, que puede parecer una obviedad absoluta no resulta tan fácil de dilucidar cuando estás en medio de un proceso de búsqueda hacia el ejercicio llave que te permita conectarte con el más acá y el más allá cuando pises las tablas. Y, claro, una vez que lo encuentras esperas que sea la panacea universal para todo tipo de ocasiones, piezas y representaciones. Pero la Varley tiene razón: mira a ver qué cargas previamente y te diré lo que movilizarás en escena después.

En busca del otkaz pre-escénico. Así podría llamarse un interesante ensayo, video o libro que compendiara las experiencias prácticas que los actores y actrices atraviesan como rito de paso antes de salir al escenario. En biomecánica, el otkaz es aquel impulso que precede a toda acción, y que siempre va en contra de lo que después se accionará. Es el "ir con el cuerpo levemente hacia atrás antes de echar a correr hacia delante". Supersticiones, manías, ejercicios respiratorios, escalas vocales, asanas de yoga, flexiones... Muchos son los otkaz pre-escénicos que existen, tantos como artistas escénicos. Bonito sería verlos, poder observarlos a todos por una mirilla, ver cómo afinan sus cuerpos, cómo preparan sus organismos vivientes para el gran momento de sublimación. Porque siempre venimos de algún sitio. Y conviene llegar al siguiente lugar sabiendo cómo lo has hecho o, al menos, de dónde partiste para coger impulso.