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Vie, Sep

Y no es coña | Carlos Gil

No es fácil acomodarse a esta volátil realidad que acaba de meterse en un caleidoscopio en donde todo se agarbada o achica según el lugar desde donde miras, del ángulo de la luz, de la presión atmosférica. Tengo la sensación de que hemos entrado en una nueva etapa política pero que casi nadie tiene todavía el libro de instrucciones completo. A retazos vamos intuyendo un cuadro general, una especie de ruta imaginaria por la que algún día llegaremos a lo ejecutivo, a lo que es lo importante, las decisiones, los planes, los proyectos, los cambios de legislación, de reglamentos, de leyes. Mientras tanto parece que muchos están esperando al repartidor de ilusiones para autoconvencerse de que todo va a ir a mejor.

Muy difícil es que se vaya a peor. Pero si nos esforzamos podemos rasgar todavía más el débil tejido sobre el que caminamos como funambulistas. Por lo tanto cada cual debe colocarse allí donde crea conveniente y buscar su espacio de libertad y de creación, pero pensando que esto es un edifico muy grande y que no es cuestión de buscar una solución para el pisito de cada uno, ni siquiera de una planta o de una parte, porque se deben arreglar los cimientos de todos, las cañerías y desagües para todos, para que sea una rehabilitación total, no un parcheo. Y eso se debe hacer en el terreno gremial, profesional, académico y político. Es más urgente y necesario que nunca la participación de los profesionales de las artes escénicas en los movimientos sociales y políticos. Y es más que recomendable que los partidos políticos, los cargos electos con responsabilidad de gestión en ayuntamientos, diputaciones y gobiernos escuchen a los que sepan algo sobre el asunto, que no obligatoriamente deben ser una parte del asunto, sino de la globalidad.

Existe una tendencia a convertir las representaciones gremiales, de parte, en lo único a escuchar. Me refiere a la importancia que han tenido en todos los estamentos los productores o empresarios, en cada lugar con un nombre, pero agrupados en FAETEDA. Y son importantes. Y mucho, pero existen muchos otros gremios, tan importantes o más, e imprescindibles, aunque no puedan presentar globalmente las cifras económicas y los datos que son las que obnubilan. Cuando desde aquí se habla o se proclama de la necesidad e contar con todos, es exactamente so lo que se cree conveniente. Todos, de arriba abajo, de izquierda a derecha. Y si es posible encontrar una manera estructural y fiable de tener en cuenta a los públicos, a partir de asociaciones o de otros instrumentos, eso sería ya magnífico, porque podríamos saber de verdad qué desean en cada momento y lugar esas partes de la ciudadanía más frecuentadora de los teatros.

Sí, a mí me visitó ayer el repartidor de ilusiones y me ha dejado algunas. La satisfacción de haber mandado a imprenta la revista ARTEZ de Julio/Agosto; comprender que nuestra situación es durísima, pero es alentadora en el sentido de que somos capaces de cumplir con nuestros desafíos históricos. Sabedor de que existe una buenísima actitud y compromiso integral con las artes escénicas de nuevas generaciones a las que simplemente se les debe atender en lo que reclaman. Hay energías positivas que deberán vencer a las oscuridades, las inercias, los tópicos y las ideologías imperantes hasta ahora.

No tiene que ser de golpe, pero se debe empezar a notar, insistiremos siempre en lo mismo, hay otras maneras de organizar la cultura y las artes escénicas, y no vienen esas maneras, formas, estructuras y reglamentos del espacio exterior, sino de la propia Europa. Es cuestión de quitarle los prejuicios, romper con la cadena de despropósitos que damos por imposibles de mover y seguir con los objetivos claros y la recomposición de fuerzas existentes sin divismos ni paternalismos ni síndromes de secretario general.

Y que siga visitándome el repartidor de ilusiones porque ha entrado un verano glorioso. Y, por cierto, la carne de buey de Jiménez de Jamuz en León es exquisita. Todo es compatible.Menos la estulticia.