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Jue, Dic

La tercera escena | Carlos Taberneiro

Son muchos los que, por desconocimiento, sitúan al teatro amateur y al profesional como polos opuestos en un mismo espacio en el que cohabitan, el de las Artes Escénicas. Desde el punto de vista de la creación artística la frontera entre unos y otros se muestra desdibujada. En el único aspecto en el que se les puede diferenciar de forma clara y nítida es en el formato jurídico en que se constituyen, y que sin duda predeterminará el espacio en el que se moverán para alcanzar sus objetivos de la mejor manera posible. 

 

Siempre resultará constructivo, clarificador y útil, saber cómo se desenvuelven, la práctica totalidad de los grupos y el cien por cien del tejido asociativo de teatro amateur, en el espacio compartido de las Artes Escénicas. Conocer el lugar real que ocupan en el ámbito jurídico en el que están ubicados o qué papel desempeñan en el sistema económico general en el que se mueven, ayudará a muchos a comprender mejor sus problemáticas y especificidades. 

Podemos decir que los grupos amateur operan en ese espacio de libre concurrencia -que podría denominarse mercado- de las Artes Escénicas. Porque, en efecto, ofrecen un producto -el espectáculo de teatro- que encuentra una demanda, la del público. Del mismo modo lo hacen las asociaciones de grupos ofreciendo unos servicios a los propios grupos o a las administraciones públicas o privadas. 

Para poder operar, en plenitud de derechos y obligaciones, y ofrecer sus servicios, aunque estos fueran altruistas y no remunerados, deben adecuarse a las exigencias y obligaciones administrativas al uso en cada momento. Y a la hora de constituirse legalmente y de formalizar administrativamente un vínculo entre los componentes, la práctica totalidad de los grupos de teatro amateur, opta por el formato jurídico que mejor se adapta a sus expectativas de desarrollo y que le posibilita mejores instrumentos para la consecución de sus fines, el de Asociación Sin Fines Lucrativos (ASFL), reglamentada por la Ley Orgánica 1-2002 de 22 de marzo reguladora del Derecho de Asociación (BOE núm. 73, de 26/03/2002). Asimismo, cuando distintos grupos se asocian en un ámbito territorial determinado, bien sea como federación o confederación, lo hacen bajo el mismo formato. 

Un grupo amateur, una federación o una confederación, como asociaciones que son, cumplen una serie de características que son comunes a todas ellas. Son organizaciones; no distribuyen beneficios; están institucionalmente separadas del gobierno; son autónomas; y son de participación voluntaria.

Y estas características son exactamente las que la Universidad Johns Hopkins de Baltimore propuso en un estudio comparativo internacional como rasgos básicos y comunes a toda institución u organización considerada Sin Fines Lucrativos. Estos rasgos comunes que fueron posteriormente asumidos por la ONU en la publicación Manual sobre las instituciones sin fines de lucro en el Sistema de Cuentas Nacionales (Publicación de las Naciones Unidas. ISBN 978-92-1-361218-7).

Pero profundicemos un poco más en esas particularidades que comparten los grupos o asociaciones de grupos amateur, debido a su personalidad jurídica.

Están organizados formalmente, lo que incluye una realidad institucionalizada, con estructuración interna, estabilidad relativa de objetivos formales y distinción neta entre socios y no socios. 

Los grupos o asociaciones de grupos amateur, por su condición de Asociación Sin Fines Lucrativos ASFL, no pueden repartir beneficios entre los socios, administradores o directivos. Pero, aunque su fin principal no sea generar beneficios, ni se guíen prioritariamente por criterios comerciales, pueden obtener beneficios. Sin embargo, en caso de que se obtengan beneficios, éstos deben ser reinvertidos en la consecución de los fines de la asociación. Igualmente, hay que dejar bien claro que la obligación de no distribuir beneficios no impide que un grupo o asociación amateur pueda pagar sueldos y salarios a sus trabajadores y trabajadoras si los tuviera, siempre que no sean, a su vez, socios del grupo o asociación.

Los grupos o asociaciones de grupos amateur son organizaciones privadas sin vinculación alguna con estructuras gubernamentales (estatales, autonómicas o locales). Es decir, no forman parte del sector público, ni están controladas ni dependen de éste. Esto no quiere decir, que estas asociaciones no puedan recibir apoyo del sector público, ni excluye que puedan participar funcionarios o trabajadores públicos en calidad de socios o miembros de sus órganos de gobierno.

Los grupos o asociaciones de grupos amateur, tienen capacidad de dirigir sus propias actividades. Las organizaciones tienen sus propios mecanismos de autogobierno y gozan de un grado significativo de autonomía.

Y, finalmente, los grupos o asociaciones de grupos amateur tienen un marcado grado de participación voluntaria, lo que quiere decir, por una parte, que sus asociados participan de forma voluntaria y sin imposición de terceros y, por otra, que pueden participar voluntarios externos a la asociación que no reciben remuneración por sus actividades.  

La aparición en las últimas dos décadas de estas ASFL, que no son entidades públicas ni persiguen el beneficio que caracteriza al libre mercado, ha supuesto una lenta revolución que ha acabado conformando lo que se denomina el Tercer Sector de la economía. A este Tercer Sector pertenecen fundamentalmente, entre otras, las fundaciones, las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), las cooperativas de iniciativa social sin ánimo de lucro, las empresas de inserción social y las ASFL. 

El surgimiento y crecimiento del Tercer Sector de la economía ya no es fruto de una coyuntura temporal o transitoria ni de una moda. Las ASFL, y por ende los grupos amateur y su tejido asociativo, están plenamente integradas en este Tercer Sector y esa es la situación que determinará su futuro. Las ASFL se han convertido en una opción o alternativa de gestión, en agentes económicos con plena capacidad para actuar como sujetos de derecho, tan sólidos y consolidados, como lo pueden ser las entidades de sector público o del sector privado mercantil. Pero no les está resultando nada fácil a las ASFL abrirse un hueco entre esos dos sectores, el público y el privado mercantil, que han monopolizado la economía durante el último siglo y medio. De esas dificultades entiende también el tejido asociativo amateur.

Para entender, y que los propios interesados entiendan, el papel que desempeñan en la actualidad, y el ambiente en el que se desarrollarán en el futuro las ASFL y, como tales, los grupos de teatro amateur y las asociaciones de grupos, convendría conocer, y que las ASFL conocieran, cómo ha llegado este Tercer Sector de la economía a desarrollarse del modo que lo ha hecho en los últimos años. 

Cuanto mayor sea el grado de toma de conciencia de las ASFL de esa pertenencia al Tercer Sector, mejor será su integración en ese sistema que les acoge y el aprovechamiento de las condiciones que le ofrece. Y cuanto más cómodas se sientan en ese “caldo de cultivo”, mejor podrán desarrollarse y desenvolverse para alcanzar sus fines y objetivos.

 

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