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Lun, Sep

Foro fugaz | Enrique Atonal

En nuestro sitio Artezblai.com se publicó el magnífico discurso de Eugenio Barba al recibir el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad del Peloponeso en Grecia, un texto que recomiendo fervientemente. El concepto del teatro como fuente de energía es capital y quisiera desglosarlo aquí. 

 

Hay espectáculos que son como un volcán en erupción: brillantes, emotivos, peligrosos, que iluminan la noche de nuestra ancestral ignorancia, inolvidables. En mi experiencia, son mucho más impactantes que una película o que una serie de tv. Son raros, pero indelebles, pasajeros pero tallados en la memoria. 

Otros son como una pequeña luz en la obscuridad de una época, ocurren en dictaduras, en estados opresivos, en escenarios del miedo. Se hacen de manera individual, al margen de los circuitos oficiales y de la censura. Estos espectáculos son menos útiles cuando regresa la luz social; ya que su débil energía se pierde con el nuevo resplandor. Muchas veces existen como monólogos desde la vacuidad de un ego devorador. 

Aún el teatro más comercial, el realizado para una diversión inmediata y  puramente económica, conlleva un intercambio de energías entre la sala y el escenario. Es lo propio de ese instrumento único que es el teatro.  

La suma de energías consolida a una compañía; se debe sumar tiempo de trabajo, ambición colectiva para encontrar nuevos horizontes, subvenciones y mecenazgos que la acompañen, acumular y desarrollar talento. Es una tarea difícil cuando se navega con una tripulación que necesita narcisismo, pero que puede sucumbir al egoísmo individual. Peter Brook (otro gran director) escribió en el Espacio Vacío que los actores tenían mucho entusiasmo al principio de una empresa teatral, pero que fácilmente la abandonaban. El trabajo en el teatro necesita devoción. 

Es lo que el maestro Barba reconoce en su discurso, él es el vocero de muchos talentos conjugados al servicio del teatro. La compañía es el sustento de la experimentación y el buen teatro. Peter Brook decidió deshacer su brillante compañía cuando presintió que se estaba convirtiendo en el gurú de un grupo muy talentoso de actores. Es un papel que no quiso asumir. En cambio el director del Odin Teatret ha seguido con su empresa durante 55 años porque sabe que la compañía es la única manera de avanzar en la práctica teatral. 

La energía que transforma al teatro necesita la fuerza de la juventud. Un pleonasmo que me permito asumir para destacar otro punto del discurso: el de la edad del creador. Edad quiere decir experiencia, aunque también una reducción de la energía guerrera propia del teatro más audaz. El modelo sería Néstor, el personaje de la Ilíada, el viejo de sabios consejos, pero incapaz de entrar en la melé del combate: los héroes son otros, Aquiles, Héctor, Agamenón, incluso el afeminado Paris. Néstor por los griegos y Príamo por parte de los troyanos, dos viejos sabios incapaces para el combate directo. Como lo dice Barba, en el teatro y en la sociedad, ser viejo significa una segunda vida, dejar que los otros vayan al combate, generen la potencia que requiere la creatividad. 

Teatro como energía elemental y arcaica. Objeto de sensaciones primarias, primitivas, como sentir el calor de una hoguera en la noche original, o el fragor de las olas en una playa desierta, o el dolor del parto. Fuerza que relaciona al hombre con el hombre, no para engañarlo, a pesar de que su combustible sea el mito y la invención, para que descubra su esencia, su complejo paso por este y otros mundos. El teatro, cuando se logra, es una revelación. Un puente entre dos realidades (que en el escenario se confunden), espacio para la aparición del Doble. Y al evocar los trabajos de Eugenio Barba no podemos olvidar a Antonin Artaud que plasmó en sus ensayo aglutinados en El Teatro y su Doble el camino hacia un teatro de energía cósmica. Por varias razones Artaud no consiguió materializar su idea, han sido trabajos posteriores los que han continuado en esa trayectoria, entre ellos los logros de Eugenio Barba y su compañía. 

El teatro necesita apoyos, una compañía no existe sin subsidios, lo sabemos desde el Renacimiento, y por lo menos en Francia las mejores compañías son subsidiadas. El temor de desintegración del Odin Teatret también aparece en el discurso de Eugenio Barba. El teatro es frágil, un movimiento político adverso puede deshacer años de trabajo e investigación, sus logros son efímeros y su permanencia depende de factores ajenos a la creación. Porque a muchos poderosos les parece que el teatro, y el arte en general, es un lujo del que pueden prescindir. ¡Qué desventurada idea! 

El teatro es: La ciencia suprema de la vida, accesible a los desheredados de la tierra. Eugenio Barba. 

Para concluir, recuerdo este soneto de Quevedo sobre las ruinas romanas:

…huyó lo que era firme y solamente 

lo fugitivo permanece y dura.