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Vie, Abr

Juego de cucharas

Nunca pensé que un utensilio tan simple, humilde y vulgar donde los haya pudiera dar tanto juego en una pieza de teatro. La cuchara, como objeto escénico, lo vi en un espectáculo del Festival Internacional de Expresión Ibérica en Oporto donde se pedía que el público tirara una cuchara a la escena como señal de deliberada intromisión.

“Meter la cuchara” significa entrometerse en un asunto para sacar provecho. No es el caso del espectáculo “Electra” que la compañía portuguesa Do Chapitô tiene en gira y que hemos podido presenciar con satisfacción unánime del público en el 32º Festival Iberoamericano de Teatro (FIT) de Cádiz. Y es que, la compañía lisboeta no juega a “meter la cuchara”, sino que la cuchara protagoniza el trabajo escénico que desborda creatividad e imaginación.
En “Electra”, creación colectiva dirigida por José Carlos García y Cláudia Novoa, se narra la historia del conocido personaje mitológico griego. Una cadena de muertes por asesinato, de venganzas, de odios y amores se sucede en el trágico relato cargado de comicidad.
Tras el “Edipo”, que aún sigue en gira, la compañía Do Chapitô se adentra de nuevo en la tragedia griega para recrear, si no los mitos, sí lo truculento de una épica que se remonta a los confines de la cultura clásica occidental. Atenas, el rey Agamenón, “liberar” a Helena de Paris, el sacrificio de Ifigenia hija del Rey, Clitemnestra –la madre y amante de Egisto primo del Rey- trama una venganza; Electra, la hija preferida del Rey, asesina a su madre con la ayuda de Orestes… O sea, una cadena de actos luctuosos para deshacer entuertos. Vaya, toda una compleja historia que en el trabajo de esta compañía se hace comprensible y, como sucede con otros montajes, tiene un final feliz para el espectador: reír y reír.
Lo peculiar de este espectáculo está en la utilización de un sinfín de cucharas metálicas como único elemento escénico. El comienzo de la obra se presenta con el suelo del escenario “sembrado” de cucharas. Los dos actores y la actriz inician su relato al tiempo que se desplazan por el espacio sin pisar ninguna cuchara. Los intérpretes llevan una cuchara cubriéndose la nariz, es la clásica máscara del teatro griego; sin duda, el objeto expresa la síntesis máxima de lo que –al igual que la nariz roja del payaso- significa un disfraz.
Pero en esta pieza, la cuchara o las cucharas se adaptan como utilería múltiple a la narración: máscara, agujas de tricotar, casco de guerra, cuchillo, vaso, pendientes para adornar las orejas, instrumento musical, antena de radio, espada, puñal, esponja, cepillo de dientes, copa de vino, gusanos, serpiente, antifaz, flor, cola de perro, hueso para el perro, dardo, cohete de fuegos artificiales, botella de champán…
¿Cómo puede ser que un objeto tan simple y común como una cuchara pueda simbolizar tantos objetos? La respuesta es muy sencilla. Los intérpretes realizan un extraordinario trabajo gestual.
La palabra cuenta la historia, pero la expresión corporal posee un lenguaje propio. Los movimientos, los desplazamientos, las acciones –a veces sin palabras- trazan un discurso coherente y perfectamente legible. La falta de viento para las naves, los avatares de la navegación y de la guerra, la simulación de los múltiples personajes –quizá no sea necesario recordar que solo son tres intérpretes- pudiera considerarse como una cuestión menor por su posible facilidad de representación. Sin embargo, la expresión corporal de Chapitô siempre ha estado y está en la categoría de genialidad.
En este sentido, solo quiero precisar dos escenas: el naufragio y el asesinato de Agamenón. En ambos casos, el actor simula estar dentro del agua con los movimientos espasmódicos de un ahogado seminconsciente; pero es que el asesinato se produce dentro de una bañera que no existe a la vista pero el público lo percibe como realidad. Clitemnestra y Egisto forcejean con Agamenón en una especie de danza trágica, agitada y hermosa; la escena, que se repite con la muerte de Clitemnestra, posee intensidad dramática, belleza estética y sentido rítmico, por sí misma tiene una categoría singular.
Aparte del excelente trabajo gestual, la compañía Do Chapitô detenta el don de la complicidad. Y es que, desde el primer momento de la representación los tres intérpretes se ganan al público no solo con la palabra de una narración casi coloquial, sino con la mirada, con una actitud cercana y cómica. No en vano, esta compañía tiene una formación específica y comparte su formación en la técnica del clown en su sede de Lisboa. En definitiva, tanto en “Edipo”, su anterior producción, como en “Electra”, Do Chapitô imparte una clase magistral.

Manuel Sesma Sanz

Espectáculo: Electra. Autor: Creación colectiva. Interpretación: Jorge Cruz, Nadia Santos y Tiago Viegas. Vestuario: Gloria Mendes. Texto en castellano: María Guerrero y César Arias. Dirección artística: José Carlos García u Cláudia Novoa. Compañía Do Chapitô de Portugal. En gira. 32º Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz.