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Sáb, Jul

Y no es coña | Carlos Gil

Esta Semana Santa transcurrida en España entre tambores, saetas, espectáculos callejeros populares de supuesta inspiración religiosa que vienen de la edad media, he podido ir en Madrid a ver cada día uno o dos espectáculos teatrales que acababan su exhibición ayer domingo de pascua, porque es tradición que se empiece a partir de ahora una nueva temporada o sub-temporada hasta la llegada del verano, con la alteración de los ritmos de vida y el aumento de desplazamientos a las segundas residencias, o los viajes vacacionales.

 

He podido ir porque estaban programadas, los teatros abiertos y con ocupaciones rozando el lleno en muchos de los casos. Las obviedades tejen un manto de protección solar o lunar, depende del momento y la circunstancia. Porque resulta que dentro de mis capacidades pude elegir, decidí, por tanto, ir a ver unas obras, y dejar otras, muchas más en el caso de una cartelera amplia como la de Madrid, sin ir a verlas. Es una discriminación positiva, en el sentido de mi voluntad de hacer el seguimiento de autores, directores, temas o circunstancias, aunque me haya podido dejar sin ver otras propuestas escénicas, de la misma calidad, de una entidad semejante, con temas que pudieran interesarme igualmente. 

Hablo de una elección personal, dentro de una libertad de acción, y sabiendo que ir a una sala u otra significa potenciar indirectamente un montaje, o una sala, cosa que hago con consciencia clara, dentro de todas las circunstancias que concurren en cada acto de selección. Digo todo esto porque las programaciones de la inmensa mayoría de los teatros de las redes se programan a partir de la elección de una persona, que es la que debe optar entre decenas o cientos de posibilidades para ofrecer una actuación en la localidad donde tiene encargada esa responsabilidad. 

Con la profusión de ofertas similares, con lo apretado que está en términos económicos todo, la elección es cada vez más complicada, discrimina por la simple acción de tomar una decisión, no hay mucho margen, y por ello, y quizás por otros motivos, se asemejan tanto las programaciones entre los teatros de parecida entidad demográfica y condiciones escénicas. Lo que queda claro, a mi entender, es que los públicos de esas localidades no eligen, sino que les eligen sus programaciones. Y por mucho que intentemos buscar maneras imaginativas, parece de difícil eficacia conseguir que exista una colaboración más directa de los públicos, o de parte de esos públicos, en el proceso de selección de las programaciones. 

Mi elección fue ver obras que están dentro de una tendencia bastante visible en los teatros y salas madrileñas, el empoderamiento de los discursos feministas o la denuncia de la violencia sobre las mujeres, entre otras cuestiones. Por fin vi en el Pavón Kamikaze “Jauría”, el gran éxito de público y crítica que me pareció una ceremonia social importante, pero que debería explicarme largo y extenso para dar mi opinión sobre el propio hecho teatral, sin meterle condimentos de oportunidad, voluntad, solidaridad o denuncia.

Me pareció en la Sala Princesa el CDN un montaje magnífico “Espejo de Víctima”, dos textos que parecen dos partes de uno de Ignacio del Moral en donde plantea dramatúrgicamente dos situaciones en donde nada es tan obvio, nadie es bueno o malo del todo, sino que es en los matices y las evoluciones, la memoria y las circunstancias van descubriendo alteraciones que atrapan. Y estamos hablando de un abuso sexual con suicidio y una mujer afectada por un acto terrorista yihadista. Los cuatro personajes son magníficamente interpretados por Jesús Noguero y Eva Rufo, en dos personajes totalmente diferentes, opuestos, que logran encarnarlos con una solvencia destacable. Ayuda una puesta en escena de Eduardo Vasco muy apropiada y a favor de situaciones y desarrollo del texto.

La sala Nave 73 lleva un tiempo con unas programaciones que nos proporcionan espectáculos de gran interés, aunque no estén todavía en ese punto de excelencia que se intuye, pero que nos dejan vislumbrar creadores que nos despiertan expectativas. Basada en un hecho real, el suicidio de una joven italiana cuyo novio subió a las redes una escena de sexo y que se convirtió en viral, que la llevó al suicidio, es lo que nos cuentan en “Tiziana”, con dramaturgia y dirección de Javier Corral, que usa muchos más elementos que el relato seco de lo sucedido para hacer en escena un mundo de denuncia y de indagación que en ocasiones nos hiela la respiración y en otras encontramos que nos despista, que se va por otros derroteros, pero en cualquier caso que intenta trascender, que busca que la circunstancia de Tiziana Cantone nos haga reflexionar sobre el poder de las redes, de la crueldad de los memes, de tantas y tantas cosas que están en nuestro debate cotidiano, y se haga forzando estéticamente, con riesgos actorales considerables.

Vi más obras, algunas me dejaron mal cuerpo, otras, mala conciencia, las más nos ayudan a conformar una idea general optimista de que hay un nivel medio considerable en interpretación, pero que faltan tomar muchas decisiones en todos los órdenes del proceso productivo para que suba el nivel en los escenarios y que los públicos tengan variedad, diversidad y se atienda a los lenguajes de este siglo con estéticas adecuadas. No soy capaz de asumir sin contradicciones las obras exitosas de teatro comercial de calidad innegable en programaciones institucionales. Y mi relación con el teatro clásico español sigue siendo motivo principal de mis sesiones con mi terapeuta. O soy muy exigente o tengo mala suerte.

Hay muchas más cosas, pero están en este mundo teatral, por mucho que se empeñen algunos.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€