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Dom, Abr

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

En mi ciudad existe un gran parque urbano constituido principalmente por cerros de diferente altura y dificultad para hacer caminatas. Hace pocos días se me ocurrió hacer una caminata de más de 11 kilómetros, con diferencia de nivel de más de 600 metros. Fueron 4 horas muy interesantes.

 

No sé si fue por el cansancio que todavía me tienen adolorido, por levantarme de madrugada, por recorrer los mismos senderos que hace 40 años eran una simple huella solitaria, ahora con mucha gente, o simplemente porque sí, pero me puse más perceptivo.

Comenzamos la caminata a las 6 a.m., para que el sol no nos achicharrara, y donde estacionamos, solo había 3 autos más. Cuando volvimos a recuperar el vehículo como 5 horas después, se podían contar más de 40.

Pareciera ser que el hacer deporte es más para ser visto haciéndolo, que por una sanidad personal, idea que se refuerza al ver las vestimentas de quienes les gusta ser vistos, pero no madrugar. El sol no tuvo consideraciones con ellos y vi a más de alguno sufriendo los efectos de la deshidratación, eso a pesar de llevar consigo en sofisticados dispositivos, líquidos y geles de hidratación.

De lo otro que me pude percatar, fue que mientras nosotros íbamos subiendo, algunos ya venían bajando. Se notaba perfectamente por el grado de sudor y aspecto generalizado, quienes habían hecho cumbre, y quienes solo habían dado una vueltecita para presumir. Los de cumbre, después de hacer elongamiento, y dar algunos consejos a quienes se los pidieran, se retiraban a su vida citadina, a tiempo para ir al trabajo, mientras los otros, los del paseíto, se notaba su experticia en tutoriales de youtube en relación al trekking.

Otra cosa que me pareció un fiel reflejo de la sociedad chilena fue que, en este recorrido de solo 11 kilómetros, se pasa de un barrio acomodado económicamente, a otro de clase media baja. Debo aclarar que, en Chile, eufemísticamente, casi no existen pobres porque el concepto de clase media ha sido estirado hacia abajo.

En un extremo, North Face, Nike, Petzl, líquidos isotónicos varios siendo el más básico Red Bull, y en el otro, las mismas marcas, pero con evidencias de ser falsificaciones chinas y para hidratarse, agua con azúcar y colorante. Además, los índices de grasa muscular, los pelos rubios naturales versus los negros azabache y algunos rasgos de contextura física, me hicieron tan claro el paso entre 2 mundos diferentes.

En la caminata, tuve que sortear un lugar bastante complejo; mucha pendiente, acantilados y tierra suelta, una especie de barrera natural para impedir el encuentro de estos 2 mundos. Me costó un poco más de la cuenta, pero tampoco fue una experiencia extrema, aunque por alguna razón que desconozco, solo fuimos 2 los que hicimos el recorrido total, los otros se quedaron cada uno de su lado.

¿Habrá sido por tiempo?

No creo, porque repito, cuando volvimos a buscar nuestro vehículo, había mucha más gente que al principio de la jornada, y en pleno horario laboral, conversando sobre experiencias pasadas y las por venir, aunque presentí que más de algún relato era como las historias de pescadores en que todo se exagera.

Solo sé que estoy sintiendo músculos que no sabía tener y eso me permitirá reflexionar un poco más sobre la experiencia.

Si H.G. Wells estuviese vivo, quizás haría una nueva versión de “La guerra de 2 mundos”, pero ahora con el título, “Encuentro de 2 mundos”.