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Dom, Sep

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Por más natural que sea, en cuanto se menciona la palabra sexo, inmediatamente surgen múltiples reacciones, algunas de ellas extremadamente contradictorias entre sí.

Aparecerán espontáneamente aquellos que aún en nuestros tiempos de supuesto liberalismo absoluto, con mentalidad lítica lo condenen por ser la causa de nuestro destierro del paraíso para vivir relegados al infierno en la tierra, mientras para otros será un simple divertimento deportivo exento de responsabilidades, donde el objetivo es la cantidad por sobre la calidad.

Mucho se podrá discutir al respecto, pero la única verdad indesmentible es que ante la posibilidad de sexo, el cuerpo humano sufre una transformación multi sistémica por cuanto la psique se transforma, el equilibrio químico se altera, todas las variables del comportamiento humano se ven afectadas.

Los franceses tienen un dicho muy sabio; "¡Cherchez la femme! (¡Busquen a la mujer!) haciendo referencia a que encontrando a la mujer adecuada, se podrá obtener lo que sea de un hombre, por las buenas o por las malas y por supuesto con un enfoque primordialmente sexual.

Que hombre no se ha sentido todo poderoso después de que una mujer ha correspondido a su seducción o una mujer la más bella del mundo después de un buen sexo.

Con sexo no me estoy refiriendo a las maniobras acrobáticas de una película pornográfica ni a las tallas desmesuradas de esa misma pornografía vista por internet, sino que a la experiencia más plena y democrática que todos podemos tener.

Hoy hemos banalizado el sexo hasta minimizarlo al concepto de orgasmo, las más de las veces, de mala calidad.

El buen sexo, ese que empieza muchísimo antes de concretarse un efímero orgasmo, nos hace enfrentar la vida con mayor optimismo y ser híper receptivos a los estímulos del ambiente.

Teóricamente en todo proceso de aprendizaje, sea cual sea la labor a emprender, en un comienzo se hace de manera torpe y a medida que acumulamos experiencia pulimos nuestra experticia para hacerlo cada vez mejor.

¿Por qué pareciera que en el sexo pasa lo contrario?

En la adolescencia se tiene un sexo apresurado con el objetivo claro de tener mucho y a medida que pasa el tiempo, no solo la cantidad baja, sino que la calidad también.

¿Será que es un acto tan natural que no nos esforzamos por hacerlo bien o al menos ir mejorándolo cada día?

De nuevo caemos en esa maldita palabra que a pesar de tener la capacidad de darnos cierta estabilidad, sobre todo económica, también es capaz de aniquilarlo todo: rutina.

Dejamos de pensar para simplemente repetir.

La gran característica del hombre que lo diferencia de otros seres vivientes, teóricamente es su inteligencia aunque no pocas veces se comporte como un hongo no pensante.

Si el sexo es la actividad más democrática que pueda existir y en la privacidad de la pareja sexual del momento, sea estable o no, se puede consensuar todo ¿Por qué con los años nos llega la atrofia sexual?

No me refiero a un desmedro natural en el desempeño físico sino a la capacidad siempre latente del cerebro capaz de potenciarlo todo.

El sexo no está ni en la vagina ni en el pene, está en nuestra imaginación capaz de transformar a un obeso mórbido en un adonis o a una mujer carente de toda belleza física en una venus para nuestros ojos.

La energía sexual está ahí, solo debemos ser capaces de potenciarla hasta llevarla a niveles insospechados.

Para tener una vida plena, aunque algo ayude, no basta con alimentarse sanamente, practicar deportes de manera regular o dormir las horas necesarias. No basta con tener un trabajo estable ni una renta suficiente. No bastan ni el yoga ni la meditación. No vale la pornografía ni afrontar el sexo por cantidad y no calidad.

Aunque no sea secreto, no muchos lo hacen consciente, lo que debemos ejercitar es la imaginación y todo lo demás vendrá por añadidura.