Sidebar

17
Mié, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

Ya lo decía Paracelso: no es la sustancia, es la dosis la que hace al veneno. Un medicamento en la dosis adecuada puede curar o al menos mitigar una enfermedad, pero administrado de más puede ser mortal. Todo es tóxico si se alcanzan dosis excesivas. Y esto es válido no sólo para las sustancias químicas. Cada cualidad humana encuentra su lado enfermizo si se exprime obsesivamente. La perfección, la sensibilidad o el amor, sin ir más lejos, pueden ser letales si no se calibran en su justa medida. Y probablemente calibrar con justicia es la cualidad humana que más escasea. El ser humano tiende al exceso como el pez al agua. En nuestra natural tendencia a la desmedida podemos aficionarnos compulsivamente a cualquier cosa que nos rodea. Tanto que decir que somos la especie más adicta de la historia probablemente no sea ningún exceso. En nuestras manos cualquier nueva actividad se convierte en una droga en potencia. Miremos alrededor: a día de hoy hay personas enganchadas al teléfono móvil, a Internet, al gimnasio, a la comida basura, e incluso a la cirugía estética. Ya ven, somos capaces de pasar de rosca cualquier tornillo.

Puestos a hablar sobre los excesos y las consecuencias dañinas que acarrean, el humano es capaz de enfermar hasta de belleza. Y esto, aunque el tema lleve a ello, no es una exageración. Enfermar de belleza fue lo que le sucedió a Stendhal, al famoso escritor francés, cuando visitó Florencia allá por 1817. Al entrar en la Basílica de Santa Crote, tal fue el aluvión de belleza que le sobrevino que el pobre Stendhal salió de allí con taquicardia, vértigos y una profunda desazón. Lo sabemos porque así lo dejó escrito en uno de sus libros de viajes. Pero seguramente no fue el primero en padecer una indisposición causada por demasiada belleza y tampoco el último. Desde que Stendhal lo describiera, se han conocido numerosos casos de personas que han sufrido una reacción similar al exponerse a obras de arte de una belleza hiperbólica. Por eso actualmente, al cuadro clínico que se presenta como consecuencia de una sobredosis de belleza se le conoce como Síndrome de Stendhal.

Hablamos de enfermar de belleza y, llevado al terreno que hoy nos interesa, ésta puede ser una buena expresión para definir lo que sucede en ciertas creaciones. En busca de un patrón concreto de belleza, a la caza de un determinado patrón estético, hay creaciones que se quedan sólo como una imagen. La imagen, pulida y trabajada hasta el extremo, puede ser agradable a la vista, pero si en su reverso no guarda nada más, si por el afán de hermosura se han descuidado los demás elementos creativos, la creación no despega. Nos encontramos ante un viaje que se aborta en la salida.

Hace poco una gran directora de la que he visto espectáculos profundamente bellos, decía que crear escenas bellas es relativamente fácil. Lo decía con la sonrisa de quien se guarda otras palabras suculentas en la boca que no revela. ¿Qué quería decir con eso de que crear belleza es relativamente fácil? No llegué a preguntárselo específicamente, pero intuyo que se refería a que lo verdaderamente difícil no es crear algo simplemente bello, sino crear una belleza que venga sustentada por una determinada necesidad interna. La armonía formal de una creación resulta más atractiva cuando se hunde en una raíz, cuando oculta un sentido, cuando no es un fin en sí mismo sino un medio, una agradable aduana por la que se transita para llegar a otro lado. La belleza que no es superflua tiene grietas por las que se descubren terrenos que no se aprecian a primera vista. Allí aparecen significados encontrados, reivindicaciones soterradas pero firmes, el desgarro, la incomprensión hecha grito, la crueldad que busca justificación sin encontrarla o la nada que quiere desesperadamente apuntar hacia algo. La belleza sin más es sólo una pared, un muro, para que trascienda como arte necesita bisagras que la conviertan en la puerta de un cobertizo. La belleza en arte debería ser continente de un contenido.

Enfermamos de belleza cuando perseguimos ser sólo bellos o hacer algo sólo bello, sin reparar en que el arte tiene otras muchas dimensiones igual de atractivas que nada tienen que ver con determinados patrones de belleza. Ello no significa que toda obra bella sea insulsa; lo es aquella que preocupada solamente por la apariencia, desprecia el resto de las dimensiones que se le presuponen al arte. De la misma manera que no todas las personas bellas son anodinas por definición, lo son aquellas que de forma obsesiva se preocupan exclusivamente en tener una bella fachada. ¿Se puede enfermar de belleza? Claro que se puede. Tenemos talento para intoxicarnos con cualquier cosa, podemos intoxicarnos hasta de aburrimiento si insistimos abusivamente en no hacer nada. Y acabamos aquí, no vaya a ser que con tanto exceso a vueltas terminemos con los ojos hinchados de tanta palabra.

 

 

 

 

 

Nuevo número de la revista ARTEZ


Visita nuestra librería online

Todos los libros de la editorial artezblai

NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
Precio : Próximamente

Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
Precio : Próximamente

Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€