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Lun, Nov

Y no es coña | Carlos Gil

Vaya por delante la satisfacción: En el Salón del Libro Teatral que organiza la Asociación de Autoras y Autores de Teatro y el Centro Dramático Nacional, perteneciente al Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música del Ministerio de Cultura de España, en el Teatro Valle Inclán de Madrid nos concedieron el Premio de la AAT a la Promoción del Libro Teatral, a nuestra Librería Yorick, la única especializada y exclusivamente dedicada a poner al abasto de la ciudadanía libros dedicados a las artes escénicas y performativas.

No cabe duda que nos sentimos muy honrados. Es una manera de sentirse útil. Como he dicho varias veces, se trata de una actividad mercantil. Compramos libros a un precio y los vendemos a otro, y en esa diferencia debe salir el pago a los proveedores, el alquiler del local, los servicios y el salario de las libreras y su Seguridad Social. Ganancias, de momento, no hemos tenido. Nos conformamos con no tener que seguir aportando capital para tapar los agujeros que a veces se producen. Es decir, que la decisión de dedicarla exclusivamente al Teatro, Danza, Circo, Títeres, Perfomances, Ópera o Música, es una declaración de principios. Una vocación, porque, se debe recordar que esta librería que empezó en 2001 en la web, dentro de www.artezblai.com, que está unido desde entonces a todo el proyecto que se simboliza en la Zapatilla que es nuestro logo general, fue tomando vida propia, incluso cuando se abrió una librería física en Bilbao, fue cuando segregamos la gestión y administración de la misma, creando una Sociedad Limitada y hoy, ya aposentados en Madrid desde hace más de seis años, es autónoma de su madre primera y está domiciliada en su sede de la calle Valencia, a pocos metros de donde recibimos el abrazo de los compañeros.

El Teatro también se lee, es la convocatoria de este Salón. Pero para que se lea, se debe publicar. Bueno aquí deberíamos abrir un amplio paréntesis porque hoy muchas maneras de leer, especialmente textos de literatura dramática que no necesitan de la edición, al menos en lo que ahora tratamos, de un objeto llamado libro, que no necesita otra conexión a redes externas que la de la inteligencia y la capacidad de disfrutar de lo escrito por otros. Es decir que aquí deberíamos empezar a valorar a las editoriales que dedican todo su esfuerzo o parte de él, a proporcionar estos libros. Las institucionales, por su lado, cumplen una función específica, pero me encanta señalar a las privadas (o casi) que emprenden una tarea empresarial, de bajo nivel, claro está, pero que necesitan recorrer todo un proceso que va desde la selección de los textos, su producción, su impresión y después su distribución y venta, que es, en un principio el camino lógico de este fenómeno multidisciplinar y con tantos elementos y profesionales de por medio hasta que se llega a la coyunda.

Por la razón que sea, aunque yo quisiera unir la misma existencia de este Salón que celebraba su décima novena edición, con la proliferación de nuevas editoriales que han irrumpido con mucha energía. Como libreros no podemos hacer otra cosa que celebrar esta proliferación, este volcado de material para la venta. Pero debemos indicar que se están produciendo unos métodos que, como gente de teatro, dramaturgo publicado en editorial mexicana, editor, librero, persona que conoce el asunto, señalamos como peligrosos. No fecundan, crean una burbuja, como una suerte de obsesión cuantitativa y con implicaciones algo fuera de una cierta manera clásica, sostenible y ética de publicar.

Me explico. Decía Umberto Eco, en un momento de conversación entre editores algo que nos ayudará a entenderme. Le debo este recuerdo a Jesús Campos, uno de los más conspicuos animadores de este Salón. “No nos importa que no tengamos lectores, lo que no podemos perder es autores”. Exacto, lo han entendido, los autores pagan por ser editados. Conocemos hasta las tarifas de alguna editorial. Por lo tanto, su negocio está en la publicación, en llevar el libro a imprenta. Que después su vida real no exista, que se venda o no, no afecta demasiado a su cuenta de resultados. Mejor si se vende, sí, pero tampoco muchos porque se hacen tiradas ínfimas. Yo diría que hasta engañosas con los autores y autoras ilusionadas en verse en los escaparates o mesas de las librerías.

Es camuflar la autoedición, inflar los sellos y catálogos y de alguna manera crear una falsa ilusión de bonanza. Desde una librería especializada conocemos bastante bien los recorridos de los títulos. Por eso alertamos de esta manera de editar que se está convirtiendo en habitual y es, cuando menos, cuestionable.

Lo importante es que el Salón lleva dos años en el Valle Inclán, que los responsables institucionales se comprometieron a su continuidad en este lugar, que ello significa estar en un lugar céntrico, en un Teatro, es decir, en un teatro para leer teatro, para escuchar lecturas, para ver a premiados, homenajeados y a los que tienen ilusiones renovadas. Darle estabilidad donde celebrar el Salón es potenciarlo. En estos años hemos recorrido diversos lugres en Madrid y por diversas ciudades españolas. 

Decía en el título que estar rodeado de libros es una buena manera de sentirse libres. Y cuando recibo el aliento de alguien que está haciendo un máster y se ha comprado unos libros, me parece que algo de lo que hacemos tiene un valor para los demás, para mis compañeros de profesión, para los que probablemente serán mañana las dramaturgas de nuestra editorial. Porque considero que la editorial Artezblai y la Librería Yorick van a seguir colaborando de manera directa al desarrollo de las Artes Escénicas en el ámbito iberoamericano que es donde intentamos estar. Y lo hacemos en compañía de muchos cómplices, de muchos editores, dramaturgas, docentes, estudiantes, investigadoras o traductores.

La vida sigue, es hermosa, el Teatro está vivo, con achaques, como casi siempre. Se escribe más teatro que nunca, mejor que en otras épocas, hay mucha más diversidad y se edita. ¿Se puede pedir algo más?

Sí, mucho más. Pero muchísimo más.

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