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Dom, Nov

Y no es coña | Carlos Gil

Hoy es uno de esos lunes que al afrontar la escritura de estas líneas, la acumulación de apuntes, el avance o retroceso de tantos asuntos personales, empresariales, profesionales, hacen que crezca la maldita sensación de que llego tarde, de que todo aquello de lo que quería escribir porque tenía alguna idea que aportar o que confirmar o que rebatir ya ha pasado, ya está en otra fase, por lo tanto la llamo entrega aplazada por si acaso de lo que voy a intentar escribir ya es algo sobrepasado o por la realidad o por la propaganda, que me parece que en demasiadas ocasiones vivimos instalados en un territorio del deseo más que en el análisis profundo del decreto ley.

 

Me encantaría sentirme fuera del influjo del INAEM, el Ministerio, las instituciones y los teatros públicos. Mi sueño no se ha cumplido nunca. A veces, por temporadas, a base de sacrifico he podido vivir ajeno a sus decisiones, es decir, que hicieran lo que hicieran sus responsables o vengativos irresponsables, hemos podido continuar con nuestra labor, ya sea informativa, creativa, productiva o editorial. Esta situación actual, nos ha alcanzado a todos, de todas las maneras. Por ello cada vez que se anuncia la celebración de un festival, la apertura de la programación, aunque sea limitada, de un teatro, me provoca una doble o triple alegría, aunque en ciertas ocasiones pronto se vuelve en desencanto debido a que aunque sean presupuestos estatales con ayudas de toda índole, por algo que no está nada más que en el rencor de sus responsables actuales, queda excluida la Revista ARTEZ o este medio digital, para su difusión.

No acostumbramos a quejarnos mucho, pero ahora sí, no solamente vamos a quejarnos, sino que vamos a reclamar, allá donde corresponda, que se acuerden de nosotros, de que estos veintitantos años informando, con una presencia en Iberoamérica clara y evidente, no se pueden sostener del aire y que está al borde de sus subsistencia y que una ayuda, una inserción publicitaria, por pequeña que sea, nos coloca más cerca de la salvación. No doy nombres, pero todos me entienden, hablo de dos grandes festivales de corte clásico. 

Porque uno lee los documentos que salen del INAEM y le producen perplejidad. La decisión de que sus teatros en Madrid permanezcan cerrados hasta setiembre, ¿con qué motivos se toma? Es una cuestión sanitaria, de equilibrio para no competir con los teatros privados del teatro comercial, o qué otras razones que se nos escapan han promovido este freno tan drástico que deja a la capital sin vida teatral durante demasiados meses. Y el documento con los protocolos y recomendaciones para abrir los teatros recopila muchos datos que en ocasiones provocan hilaridad.

No puedo hacer otra cosa que sentir un vértigo muy grande sobre la decisión tomada por el INAEM, para nombrar a dos personas para dirigir el FIT de Cádiz que reconocen que no tienen ni la menor idea del teatro iberoamericano y que desconocen absolutamente el funcionamiento interno del evento, en todos sus aspectos, organizativos, de producción o de ejecución. Eso sí, el presupuesto está intacto, va a ser, en términos relativos, el presupuesto más grande para programar de toda su historia. Quedamos a la espera de los acontecimientos.

Así que afrontamos la vida por delante con muchas incertidumbres. Por si no había quedado claro, saldrá la Revista ARTEZ de los meses de julio/agosto, veremos de qué tamaño y cómo, pero hay suficiente material, es decir festivales, para que apostemos por tener nuestra presencia allá donde debemos y, entre otras cosas, cumplir con nuestros suscriptores, que son nuestro sustento básico. 

Seguimos mirando a las estrellas por si ahí está escrito nuestro destino o las decisiones de un ente estatal, el INAEM, tan centralista y propenso a mirar mucho por sus cercanos y poco por los que están en la periferia de la adulación constante.

De verdad, de verdad, espero que todas las aperturas, retornos parciales y medidas que se vayan tomando, aposenten un camino hacia una cierta anormal normalidad de las artes escénicas en un tiempo prudencial.

Nosotras empujaremos para que así sea.