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Mar, Nov

Entrevistas

El Festival de Teatro Clásico Castillo de Peñíscola celebra del 6 al 30 de julio su XX edición. Una iniciativa que organiza la Diputación Provincial de Castellón en busca de llevar las obras de los más grandes autores teatrales a los vecinos, turistas y cualquiera que desee pasar una agradable velada en el Patio de Armas de la fortaleza que fue hogar y refugio del Papa Luna (también en los Jardines y en el casco antiguo de la localidad). Desde hace cinco años se encarga de la dirección del evento Carles Benlliure, quien tomó el relevo de Vicente Pastor. Su objetivo ha sido situar al festival de Peñíscola entre los más grandes a nivel nacional y ahora se plantea alguna vuelta de tuerca en las futuras programaciones. Carles Benlliure repasa qué espera a quien acuda al festival.

 

¿Qué supone llegar a una cifra especial como es la 20ª edición del Festival de Teatro Clásico Castillo de Peñíscola?


En el momento actual, que todo es efímero, que practicamos la obsolescencia a gran escala, es muy importante alcanzar estos logros. Veinte años de Festival de Teatro Clásico significa un público con conocimientos y acostumbrado a ver clásico, un reconocimiento por parte de todos los estamentos culturales, una madurez para todos los implicados y sobre todo una consolidación como hecho cultural que debe evolucionar.

¿Os habéis marcado algunas directrices especiales a la hora de programar dada tan redonda cifra?


Es un año especial como celebración y hemos ampliado la programación, pero las directrices y la calidad de la programación no cambian. Cada año traemos algunos de los mejores espectáculos, realizando una variada selección de los mismos para mostrar al público: clásicos de los más actuales en los que incluimos estrenos y espectáculo ya consolidados.

Son cinco las ediciones con Carles Benlliure al frente del festival y su objetivo es situarlo y consolidarlo entre los grandes referentes del teatro clásico nacional. ¿Se ha notado una evolución en este sentido?


Estoy convencido de que así es. Ahora se conoce el festival, se espera su programación. Éste es ya un Festival clásico de los Clásicos. Se nota por las expectativas que se generan en el público, con el cartel de “no hay entradas” en cada espectáculo y en las compañías deseosas de participar. Ahora es el momento de mirar adelante, de evolucionar con el festival. Revisar qué clásicos queremos. ¿No es Lorca un clásico, o Chejov? Es el momento de sentarse y darle otra vuelta de tuerca.

Uno de los cambios introducidos en esta etapa ha sido acercar el teatro clásico a los vecinos y turistas llevando representaciones a las calles más históricas de Peñíscola.


Así es, y hay que potenciarlo más. Este año la inauguración del Festival tendrá lugar en la plaza del Faro, otro lugar mágico de Peñíscola. La roca donde se ubica el castillo es mucha roca y el castillo queda allá arriba, a veces un poco lejos de la gente del pueblo, de los habitantes de Peñíscola, gente que normalmente trabaja todo el verano. Con el teatro por las calles conseguimos llegar a ellos, al turista despistado, a esas gentes que disfrutan viendo al Quijote en su bar, a Romeo buscando a Julieta en su tienda, en sus calles y esto hace el festival más cercano, menos alejado e intelectual.

Todavía hay gente que considera que “clásico” es sinónimo de “anticuado”, pero vistas las representaciones de los últimos años resulta evidente que hay una apuesta por situar las obras clásicas en el siglo XXI, utilizando puestas en escena e incluso partes de diálogo y música muy actuales.


Efectivamente, ésta es la contemporaneidad de lo clásico. Cuando hablamos de lo clásico hablamos de obras escritas siglos atrás, eso es así, pero a partir de ahí los directores, los actores, adaptadores, técnicos, iluminadores, escenógrafos,... (tanto hombres o mujeres) son contemporáneos y finalmente el público al que va a ser dirigido tiene una mirada contemporánea. Nada tiene que ver este público con el del siglo XVI o XVIII, así que estamos viendo teatro contemporáneo basado en textos contemporáneos, porque pocas veces los textos se mantienen como los originales. Otra cosa es realizar vanguardia con textos clásicos, que se está haciendo y que es muy importante, porque nuestro público tiene que empezar a pensar que se va a encontrar en próximas ediciones con eso.

Para esta edición se ha realizado una apuesta por llevar al público más joven al Castillo con las funciones de tarde.


Eso ya lo empezamos a hacer el año pasado y no solo por las tardes. Queremos programar para público familiar y joven, que sepan que el clásico también es para ellos. Pero a veces cometemos el error de hacerlo en otro espacio y otro horario. Queremos dignificar el teatro para público familiar y decir “mirad qué gran calidad, qué buenos montajes”. Por ello lo programamos en el mismo espacio que el destinado a público adulto y en el mismo horario. Tenemos en cuenta que en verano, en vacaciones, los niños a las 22:30 están perfectamente en un teatro viendo un espectáculo. Evidentemente somos conscientes de que todavía no se piensa en llevar niños y niñas al teatro clásico, pero todo llegará. Quiero añadir que hay niños que van a muchas de las representaciones que supuestamente son para adultos; a ellos no les negamos la entrada, todo queda a la responsabilidad de los adultos acompañantes. La mayoría de espectáculos pueden ser vistos por todos los públicos. A parte de ello, programamos en los jardines a las 20:30 para todos los públicos; ahí tenemos en cuenta que cualquiera que pase o quiera entrar puede hacerlo, por eso los espectáculos están elegidos para la ocasión.

Una novedad es hacer doblete en el cierre del festival, con dos representaciones de Cyrano de Bergerac.


Sí. Peñíscola tiene 300 localidades, y esto tiene sus cosas malas y sus cosas buenas. Lo que más me gusta es la intimidad que produce, el recogimiento, como estar en familia… Potencia la magia de Peñíscola, lo hace un festival especial; el público está cerca del actor y el actor casi ve y toca a cada espectador. He estado viendo y actuando en lugares donde entran 1.000 o 2.000 personas y como espectador te encuentras en un mar de público y si te toca un poco atrás te queda el espectáculo allá en la lejanía; como actor lo que ves es una masa de gente indefinida, ahí se despersonaliza el hecho teatral. Las ventajas son que se puede rentabilizar el festival, a través de la taquilla y que más gente puede ver el espectáculo. Lo de la rentabilización económica no es el objetivo de los patrocinadores, que es la Diputación de Castellón, ni el mío, pero sí es que más público pueda disfrutar de los espectáculos. Teniendo en cuenta que llevamos varios años colgando “no hay entradas” en todos los espectáculos, hemos creído conveniente programar dos días en ‘Cyrano de Bergerac’, una obra protagonizada por José Luis Gil, un genial actor y muy conocido por todo el público, junto a  Álex Gadea y Ana Ruiz. Esto no es ni más ni menos que un reconocimiento a la fidelidad del público.

Habrá un estreno absoluto, como es la versión de Otelo producida por Clásicos Contemporáneos.


La primera vez que se verá ese espectáculo será en Peñíscola. Protagonizado por Antonio Dechent. Como hemos dicho anteriormente, es una apuesta por las compañías y un regalo al público. Otros espectáculos se estrenan semanas antes y otros ya llevan tiempo girando. Es importante apoyar a las compañías, que de esta forma ya cuentan con una gira al empezar a producir y les da seguridad. Por otro lado permitimos a nuestro público vivir los nervios, la tensión de un estreno. Allí es la primera vez que pasa todo y ¡zas! se despliega ante tus ojos.

Al gran público siempre le atraen nombres populares. En este sentido, cabría destacar por popularidad a José Luis Gil, quien se pondrá la nariz de Cyrano, pero entre los elencos figuran directores y actores/actrices de largo recorrido. ¿A qué más nombres hay que estar atentos?


Como hemos dicho, está Antonio Dechent, Ana Ruiz, Álex Gadea, también adaptadoras como Carlota Pérez Reverte, escritores como Alfonso Zurro, directores como Borja Rodríguez o Alberto Castrillo, actores que han pasado por la Compañía Nacional de Teatro Clásico. No podemos olvidar a las mujeres de Fuenteovejuna, todas ellas de etnia gitana, mujeres que hace unos años no habían pisado un escenario y ahora recorren infinidad de ellos. Luego actores desconocidos que hacen grandes interpretaciones. Hay que estar atentos a todos y disfrutar de todos.

En El perro del hortelano figura una actriz castellonense, Marta Calabuig, quien ahora está desarrollando su carrera desde Madrid.


Así es. Nos sentimos orgullosos y contentos de tener a Marta aquí. Es un apoyo a las actrices que están trabajando fuera para que vengan a jugar en casa, frente a su público, y poder ver la gran evolución de una joven actriz. Queremos contar con ellos desde el principio, no solo cuando ya son grandes nombres. A veces nos olvidamos de apoyar a la gente cuando empieza, que son los momentos duros, y luego se nos llena la boca diciendo que son de aquí y les hacemos homenajes y los buscamos. Y eso pasa también con los mayores: se quedan solos luchando, sufriendo y luego cuando uno es viejo le dan una placa o le hacen un homenaje… y eso si tiene la suerte de que sea en vida. En fin, una gran alegría tener a Marta en este festival.

En las programaciones acostumbráis a incluir obras que habéis visto en directo. ¿Qué nos puede sorprender en esta 20ª edición?


(risas) Todo, de verdad, todo… Desde la inauguración, los Susurradores de versos, el estreno de Otelo, Don Quijote en la patera (premio a la mejor escenografía en FETEN), Fuenteovejuna (nominada a los premios Max), con la fuerza y el trabajo de esas mujeres. La comedia del arte con los títeres en la obra italiana La Fame di Arlecchino, la diversión desenfrenada de Jácara de pícaros o La comedia de los enredos y cerrar con un espectacular estreno del Cyrano de Bergerac. Yo no me perdería nada, y los precios muy asequibles: ocho euros.

Algo que ya tiene ganado el festival es su zona de escenario, el Patio de Armas del Castillo, que acostumbra a recibir elogios de las compañías asistentes.


Elogios de todo el mundo. Es muy distinto ver una obra en cualquier lugar que verla en ese enclave, y ya no digo actuarla. Bajo las estrellas, junto al mar, envueltos en paredes de historia, sólo la entrada al castillo de noche, con la emoción de ver teatro, el silencio que se produce allá arriba... El Clásico de Peñíscola es todo magia.

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