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Lun, Sep

Y no es coña | Carlos Gil

Cada día me cuesta más levantarme de la cama. Es un cansancio mental que me solidifica las ternillas de mis articulaciones y se hace un compost inerme en mi cerebro. Siento el cansancio abismal de la incertidumbre, del derrumbe, de lo inevitable. Estoy tramitando con una entidad bancaria un préstamo para poder parar las primeras consecuencias de este desastre económico en la Librería Yorick y me siento una mierda, una auténtica mierda. Todo en regla, las empleadas en ERTE, la actividad inexistente, pero corren los meses, los alquileres, los proveedores que no pueden cobrar. Y no hemos hecho nada mal. Algo externo, sobrevenido ha impactado en nuestra pequeña aventura, en nuestra empresa mercantil de compra y venta de libros de las artes escénicas, y la solución que nos ofertan es pedir un crédito a un interés que llaman bajo, pero que es un préstamo que deberemos pagar con lo que no vendamos, con lo que no recuperemos, es decir, que nos hipoteca a los propietarios de las acciones una vez más, sin tener culpa ninguna.

 

Insisto, con todo en regla, con una gestión que se salvaba por los pelos, en el banco me piden hasta la fe de bautismo para darme una mierda de préstamo. ¿Qué hago? Imposible rechazarlo, imposible aceptarlo con un mínimo de ilusión y esperanza, ¿qué queda? Nada, la nada. Lo que va a hacer el gobierno, los gobiernos, los bancos, los funcionarios, las instituciones es lavarse la cara, porque las manos ya las tienen muy limpias, hacer que nos metamos en préstamos, lo que significará que no se produzca una catástrofe en estos momentos y se aplace la sangría unos meses. ¿Cómo se recuperará la venta de libros sin otras actividades complementarias? Nadie lo sabe. ¿Cómo responderá la población si vuelven los espectáculos en las salas y teatros? No se sabe. Lo que se sabe es que cuando se reanude la actividad empezaremos con números rojos y será difícil equilibrar la subsistencia y el pago de las deudas. Es decir, se aplazará el cierre masivo de salas, pequeñas librerías, compañías y con ello vendrá un desastre personal de cientos de miles de profesionales.

Y sé que es una mirada obtusa, oscura, pero aquí se escribió ya sobre el silencio ministerial y de las consejerías –oigan que tiene Cultura transferida, que digan algo también–, pero su nefasta comparecencia, las reacciones entre indignadas, pueriles e incongruentes del sector, el saber de la composición de la mesa que se reunirá con el ministerio nos obtura las esperanzas. Claro que se hallarán soluciones propagandísticas, claro que salvarán a los soldados fieles y a sus mariscales con productoras, claro que a los funcionarios de carrera les ayudarán a completar sus programaciones, más o menos, pero todo, al acabar la pesadilla seguirá con el Diplodocus ahí, más grande todavía, y es que gran parte del desastre específico en las artes escénicas es fruto de un sistema que debe cambiarse de principio a fin, cosa que nadie quiere ni ponerse a pensarlo. 

Como verán no he mencionado todavía para nada este periódico digital, ni la editorial Artezblai, ni su revista ARTEZ, ni los libros de sus colecciones. Estamos en la más absoluta estupefacción. Hoy, 13 de abril, no sabemos si podremos sacar la revista de mayo/junio porque no se sabe si existirán programaciones, festivales, ferias o eventos al aire libre. La situación es muy peligrosa. Si no hay actividad, no hay publicidad de la que vivimos, por lo que no podemos aguantar mucho más. Los trabajadores están en ERTE de reducción de jornada para ver si arrancamos o frenamos del todo. 

Nota al margen, en ninguna de las cincuenta y dos propuestas, ni en los siete mil comunicados, manifiestos y demás, se menciona la Educación, ni la Edición de libros, ni las revistas especializadas. Estamos fuera del marco referencial de los actuales responsables de las entidades de representación de las Artes Escénicas. Es culpa nuestra, por no organizarnos. Podemos pedir como libreros, como editores, junto a la de Acción Católica o de libros de máquinas herramientas. 

Nuestros cómplices iberoamericanos sufren como nosotros, quizás más porque son estructuras más débiles, pero padecemos igual esta pandemia y la confianza negligente en los ministerios y el parcheo de cada instante. Sin leyes adecuadas, como en Argentina, las decisiones sobre las Artes Escénicas entran siempre en el capítulo de las ayudas y las buenas voluntades. Los que resistan y salgan vivos de esta, que lo tengan en cuenta y que busquen cambiar el sistema y fijar unas condiciones dignas para los trabajadores y que sea en provecho primordial de la Cultura y no sólo de la actividad mercantil.

Repito: además de una Sanidad Pública y Universal, una Cultura Pública y Democrática.