Sidebar

23
Jue, Ene

Foro fugaz | Enrique Atonal

Terminado el Festival Don Quijote nos preguntamos: ¿por qué no hay más festivales de este tipo en París, o en otras ciudades europeas? ¿Festivales que presenten obras más allá de la cultura dominante, en alemán, en italiano, en español, en inglés, o en las múltiples lenguas de la región? ¿Por qué no hay una subvención permanente para que el teatro gire más por la Unión Europea? Evidentemente el idioma es una barrera, es el castigo de Babel, pero ahora hay modos de superarlos, el más evidente son los subtítulos, aunque también estaría el aprendizaje de idiomas, o la tolerancia a lenguas extranjeras. Pero también el dinero es rey, logra que circule aquello que tenga un valor agregado, la mercadotecnia reina, es el apoyo para ir de un lado a otro. La inversión económica en el teatro le interesa a muy pocos y solo como una cuestión de prestigio, no de avance educativo, o de intercambio de ideas.

 

Lo vemos en las dificultades que tiene un festival de tan buen talante como el Don Quijote que sólo se sostiene gracias al tesón y empuje de un equipo que logra ayudas y fondos en donde cualquier otro fracasaría. Porque a pesar de que Ana Hidalgo la alcaldesa de París sea de origen español, ni una mirada le da a este esfuerzo para difundir la cultura teatral hispánica. Aunque hay que reconocer que el Teatro 13 pertenece a la ciudad, y que ha acogido a este evento con gracia y buena disposición, lo que representa un apoyo nada despreciable para su organización. Y este año el Teatro 13 tuvo un lleno en cada día de representación Festival del, lo que significa que hay público en París para el teatro en español, no mucho, pero es real y habría más si más se fomentara.  

Regresemos a nuestra pregunta inicial, ¿por qué los bienes culturales circulan tan mal en Europa? Hablo desde mi perspectiva de París, aunque temo que sea un factor común de otras las capitales europeas. En Francia el cine parece estar abierto a todas las corrientes del mundo, y sin embargo es muy difícil que llegue cine italiano, inglés, español, por no hablar del de Holanda, Bélgica, Finlandia o Suecia entre otros. Y si el cine que es tan universal llega mal y tarde a París, ¿qué pasará en otros ámbitos de la creación?

Hay excepciones, la danza por ejemplo. Es verdad que la danza con su lenguaje universal viaja más fácilmente, pero aun ahí todo ocurre por contactos personales, sin una política real de difusión europea de la danza. Existen festivales importantes en Francia, por ejemplo el Festival de Montpellier, y la Bienal de la danza de Lyon, o el festival de danza de Biarritz, Le temps d’aimer, eventos abiertos a nuevas corrientes de la danza actual, pero son excepciones. La danza y la música tienen mejor difusión que el teatro. Aun los festivales teatrales más importantes, como el de Edimburgo, o el de Aviñón, o el de Salzburgo tienen un fuerte sabor local. 

 Por eso es un regalo que el Festival Don Quijote da a la ciudad de París, una plataforma para confrontar ideas, para conocer la dramaturgia del otro lado de los Pirineos, lugar de encuentro de dramaturgos, actores y directores. 

La programación de este año estuvo centrada en García Lorca, en los clásicos Lope de Vega y Fernando de Rojas o en dramaturgias contemporáneas como la de Alfredo Sanzol con su obra La Valentía, o La Golondrina de Guillem Clua, y la lectura de la obra mexicana Nueva York versus el Zapotito de Verónica Musalem. 

El público otorga el único premio del festival, y este año reconoció a dos producciones: Federico García de la compañía de Pep Tosar, un viaje en poesía y música con el poeta, y a La Golondrina de la compañía Lazona, con la presencia de Carmen Maura en el rol principal. Federico García Lorca estuvo presente en otro espectáculo muy interesante, Amor oscuro (Sonetos) escrito y dirigido por Jesús Arbués e interpretado por Javier García Ortega, que narra la historia de once sonetos perdidos del poeta andaluz en los que manifiesta abiertamente sus amores masculinos. Y de esta edición rescatamos la interesante versión de La Celestina de la compañía Bambalina Teatro (ya comentada en este espacio) y La Estrella de Sevilla de Lope de Vega por la Compañía de Teatro Clásico de Sevilla bajo la dirección de Alfonso Zurro. 

Ricos presentes para una ciudad abierta a las experiencias artísticas que nos han inspirado esta reflexión sobre la necesidad de que el teatro circule más en Europa, pues si queremos construir una verdadera comunidad empecemos por abrirnos a otras lenguas, a otros cantos, a otros teatros.