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Dom, Sep

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

¡A exterminar todos los indios!

Esta parece ser la consigna del mundo contemporáneo empeñado en producir a cualquier costo económico para luego consumir a costos sociales aún mayores. La historia parece repetirse en múltiples lugares de la tierra cuando un pueblo teóricamente más avanzado, llega a "descubrir" a otro, para luego conquistarlo, subyugarlo e idealmente exterminarlo por tener costumbres y conocimientos diferentes, con la gran ventaja, o desventaja dependiendo del lado en el cual se esté, de existir fuerzas totalmente asimétricas. Todos y cada uno de nosotros tenemos antepasados aborígenes. Aunque sea alto, rubio y de ojos azules, ese personaje también tiene un pasado ligado a tradiciones que ahora pretendemos ignorar. La sabiduría ancestral de sintonía con la tierra en la que se plantaba cuando se debía plantar y se cosechaba cuando se debía cosechar, ha sido reemplazada por invernaderos tecnológicos con clima controlado, riego tecnificado y luz artificial, donde se crea la capacidad de producir en pleno invierno unos preciosos tomates de color ideal y forma perfecta, adecuadamente expuestos en el supermercado y con un delicioso gusto a nada. El saber vivir al ritmo de la naturaleza se está perdiendo pues el hombre en su infinito ego, cree ser capaz de controlarlo todo, incluso a su madre tierra. Se ha borrado la visión hacia el pasado y nuestro entorno para, como caballos de carrera, usar esas mascaras que solo nos permiten mirar hacia adelante para ganar, ganar, siempre ganar sin siquiera poder ver la posibilidad ni evaluar las consecuencias negativas desde un punto de vista social, familiar, natural, físico o cualquiera otro, que nos desvíe de la meta que debemos traspasar primero. Quien no tiene pasado, difícilmente tendrá un futuro. Son los pueblos llamados originarios quienes atesoran aun esa sabiduría natural que nosotros hemos perdido la capacidad de ver. No se trata esto de vestirse con un taparrabos, comer carne cruda y adorar a tantas divinidades como fenómenos naturales existen, sino de internalizar un conocimiento a conciencia y con respeto. Al menos en el continente Americano, a la llegada del conquistador, este se encargó de introducirnos la vergüenza de ser lo que éramos y han tenido que pasar siglos para recién comenzar, a recuperar ese orgullo natural. El gran negocio de los laboratorios farmacéuticos que venden medicamentos para sanar el cuerpo pero no el alma, alcanza valores inalcanzables para muchos, y son ellos quienes, al no tener alternativa han tenido que recurrir a hierbas recetadas por un chamán, no curarán un cáncer terminal, o quizás sí, pero siempre se puede tratar porque más daño del que hace la medicina inhumana, no se puede hacer.

Como para cada accionar del hombre siempre existen variados comportamientos, siempre existirán excepciones a la regla establecida por la mitad más uno de los actores, quizás en el mundo del arte por su relación directa con los sentimientos sea donde podamos encontrar el mayor porcentaje de seres humanos aun con cierto grado de humanidad.

Sin dudar, lo que debemos exterminar no es nuestro pasado sino exterminar la ambición desmedida de unos pocos para proyectarnos hacia el futuro con una visión abierta al bienestar común y no al egoísmo individual.