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Lun, Jun

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

Al revisar la Guerra de Bosnia, uno de los enfrentamientos bélicos contemporáneos más devastadores que no ocurrió tan lejos ni hace tanto tiempo, resulta estremecedor conocer los pormenores de la negociación que condujo al alto el fuego definitivo. Después de las miles de víctimas entre ambos bandos, muchas de ellas civiles, las violaciones, las torturas, los innumerables exiliados y el sinfín de familias fracturadas, todo iba a resolverse en Dayton (Estados Unidos) a miles de kilómetros de la extinta Yugoslavia; en un edificio donde coincidían los presidentes de Bosnia, Serbia y Croacia, junto con un diplomático estadounidense, la Celestina anfitriona encargada de dar aceite ante las fricciones. Todos los conflictos ideológicos, sociales y políticos que habían dado lugar a tanta barbarie desembocaban ahora en cuatro personas frente a un mapa del territorio eslavo, el pastel a repartir. El salto produce vértigo. El pasado, presente y futuro de generaciones enteras en manos de cuatro individuos más preocupados en delimitar líneas fronterizas que de mirarse a los ojos.

Lo de Bosnia no parece una excepción. Muchos de los grandes conflictos que padecemos acaban en la misma contracción desmesurada: la posible solución a los problemas que padecen muchas personas queda reducida al entendimiento de unas pocas. Entre todos los factores que dibujan la cartografía de las vías resolutivas, casi siempre hay uno que es capaz de decantar la situación hacia un lado u otro, el factor humano.

Las crisis, las grandes y las pequeñas, tienden a volverse etéreas cuando ocupan nuestra boca. A través de la palabra siempre se encuentra algo inasible a lo que fácilmente se agarra cualquier excusa. Las circunstancias, los tiempos, las presiones externas, la supervivencia, los otros. En seguida ponemos en marcha una espiral que lanza toda responsabilidad hacia fuera. Y así, todo queda al margen de ese pequeño círculo donde estamos tú, yo, él, ella. Como si la única salida fuese la pasividad, dejarse arrastrar por corrientes ajenas.

En nuestra reducidísima escala, la de las artes escénicas, no somos ajenos a ese riesgo de poner en marcha el ventilador de los pretextos. Podríamos poner unos cuantos ejemplos, pero hoy tengo entre las yemas uno en concreto. En la actualidad es una práctica común que los creadores hagan residencias en teatros para dar el pulido final de los espectáculos. Cuando no hay ninguna subvención de por medio, se trata de residencias que funcionan a través del trueque: los creadores disponen de los medios técnicos del teatro, y a cambio, el teatro acoge el estreno del espectáculo, sin ningún coste, y aprovechando fechas que de otra manera estarían vacías. Parece un trueque sensato porque ambas partes salen ganando y, sobre todo, porque se posibilita que fomentar la actividad a pesar de las dificultades del entorno. A falta de dinero, trabajo por trabajo.

Puede suceder que a veces estos intercambios se trunquen por cuestiones de fechas, o simplemente porque no existe sintonía respecto a los criterios artísticos. Resulta comprensible. En otras ocasiones, sin embargo, en el contexto de los teatros públicos el trueque resulta imposible porque se exige un pago por hora en el uso del teatro, por mucho que después se ofrezca una función a cambio. Un pago derivado de la obligatoriedad de que un técnico esté siempre que un grupo utiliza las instalaciones. Lo cual parece un punto de partida razonable. Pero cuando la situación económica es la que es, cuando los creadores, a pesar de que están siendo empujados hacia el amateurismo, luchan por seguir desarrollando su oficio con profesionalidad, ¿no sería posible llegar a algún tipo de acuerdo que solvente esa barrera económica? Dar vida a un teatro que de otra manera estaría vacío, ¿no es acaso estímulo suficiente? ¿Es que ofrecer teatro o danza a los espectadores ha dejado de ser un estímulo?

El reclamo tiene dirección de ida y vuelta. Si por una parte se exige que se abran vías para que los teatros públicos sean utilizados por los artistas residentes, también es de rigor que los artistas hagan un uso responsable y sensible del espacio que se les cede. Se trata pues de dialogar para llegar a un entendimiento. Al final del nudo, no se trata de cuestiones políticas ni burocráticas, ni siquiera de cuestiones culturales o artísticas. Se trata de poner en valor el factor humano. Que las personas implicadas busquen las vías necesarias para que la actividad creativa pueda seguir su curso en condiciones profesionales, aunque los vientos soplen a la contra.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
Precio : Próximamente

Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
Precio : Próximamente

Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€