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Vie, Mar

Foro fugaz | Enrique Atonal

La Cantante Calva y La Lección. Las dos obras de Ionesco son un record mundial. Un caso único: cerca de 19 mil representaciones en el mismo espacio, con la misma puesta en escena, mismo decorado; formidables personajes atrapados en un teatro. ¿Cuál? El Teatro de la Huchette en el corazón del tradicional Barrio Latino de París.

 

La aventura de estas obras se inició el 16 de febrero de 1957, lo que es una brasa del fuego teatral del siglo pasado: El Teatro del Absurdo. Ahí persisten las obras, como en un museo viviente, juguete escénico que se acciona cada noche, en esa callejuela parisina en donde el tiempo se ha detenido, y el teatrito escondido en un rincón sobrevive a la invasión turística y a los afanes económicos de cada día. Sesenta años después del estreno, cada noche, de martes a sábados se revive la audacia de aquellos diálogos sin sentido que rompían toda convención escénica, tal como la había soñado Artaud, y liberaban al lenguaje de su corsé lógico para crear imprevisibles fuegos artificiales en la escena.

Es curioso, pero la revolución soñada para el teatro se realizó gracias a los dramaturgos, y lo más sorprendente es que estos autores llegaban al francés como a un idioma prestado, lo que intensifica su visión absurda de la realidad social. El irlandés Samuel Becket respira en inglés, por lo que su versión del mundo en francés es cortante, desenraizada, vagabunda. Eugène Ionesco quiere aprender inglés con los métodos audiovisuales y en ese galimatías encuentra el lenguaje ilógico del mundo. Arthur Adamov aparece desde el ámbito eslavo y su visión es apasionada y ruda. Sólo Jean Genet es francés de pura cepa, aunque su visión proviene del abandono, la delincuencia y la cárcel. Todos son periféricos a la cultura francesa.

La calle de la Huchette es un pasaje obligado para los turistas entre la catedral de Nôtre Dame y la Fuente de San Michel. Como una reliquia del pasado, la marquesina del teatro invita a entrar a los paseantes, aunque aquí se llega para visitar un santuario, no es la casualidad la que guía los pasos, es un retorno a las fuentes, un viaje a un pasado vivo.  

Este teatro sobrevive gracias a la curiosidad del público, pero también a una fiel administración. Desde la desaparición de su primer director, Marcel Pinard, el teatro es administrado por un colectivo de actores que buscan el equilibro de la ecuación entre fidelidad y búsqueda, entre la tradición que da sustento y la novedad que atrae a nuevos públicos. Curiosamente su mejor logro actual es la comedia musical de cámara, en donde han encontrado una nueva fuente de energía. Este teatro sobrevive gracias a ese esfuerzo en un sitio en donde la presión económica lo podría convertir en un supermercado, o una taberna restorán, o en un cine, pero sigue siendo teatro. El desafío es que el público sepa que la Huchette es un teatro vigente, centro de tradición y teatro contemporáneo.

Surge otro problema: ¿Cómo lograr que las obras conserven frescura y vitalidad tras 19 mil representaciones? Yo sé que los elencos han cambiado, como cambia la alineación de los equipos, pero mantener la flama viva de un teatro después de más de sesenta años de representaciones es un misterio que convendría analizar. Porque uno de los enemigos de la escena es la rutina: Un actor que empieza a representar sin aliento, un director que no encuentra como estimular a su grupo, un público que ya no se interesa por el sitio.

¿La repetición es enemiga de la creación? Muchos logran sus mejores momentos precisamente en la repetición. Muchos se extinguen en el trillado camino de andar por las mismas sendas, perdiendo todo estímulo. Pasa en el amor, pasa con todos los intérpretes, pasa con los deportistas. Pero en el teatro sigue siendo uno de los misterios de la actuación en cualquiera de sus modalidades: representar como si fuera la primera vez a pesar de la repetición.

Francia conserva muy bien algunas de sus tradiciones teatrales. Por ejemplo la Comedie Française es una de las compañías más antiguas del mundo, administrada también por sus actores. Habría que investigar cómo ocurre la repetición cotidiana en estas compañías de repertorio. ¿Qué hacer para no perder la flama, para recrear el trabajo en el escenario como si fuera la primera vez? Porque para el público es la primera vez y la fuerza del teatro está entre rutina e inspiración. Quizá aquí entramos en uno de los arcanos de la actuación y el teatro, esa creatividad, esa inocencia que cuando se pierde, se pierde el placer del teatro.

Pero con cerca de 19 mil representaciones la sorpresa teatral sigue íntegra en este espacio Ionesco-L’Huchette.

Enrique Atonal, París 14 marzo 2019

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