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Lun, Dic

Foro fugaz | Enrique Atonal

El festival Don Quijote de París lleva 28 ediciones de lucha y difusión; a quienes lo hemos seguido con fidelidad nos parece que cada edición es su último suspiro, que sobrevive de milagro. Pero contra viento y marea cada mes de noviembre aparece en el horizonte el navío que descarga en el muelle parisino de la escena su valioso tesoro teatral: una selección de lo que ocurre anualmente en España, y antes, en periodos más faustos, alguna obra latinoamericana. 

 

En el festival hemos descubierto la excelencia de muchas compañías españolas que han cambiado nuestra percepción del teatro hispano, la memoria no me ayuda para mencionarlas todas, aunque creo que cada una de ellas en su especialidad han contribuido a forjar otra imagen de la escena española en París. En un comunicado el festival nos recuerda que son más de 270 espectáculos en sus 28 años de existencia, lo que constituye un record y el puente más sólido del teatro español hacia el exterior.

En el mismo comunicado se lanza un grito de alarma, pues la vida del festival está amenazada. Cada año ocurre lo mismo, aunque cada vez es más perentoria la advertencia. Y nos preocupa, porque así han desaparecido los festivales de teatro español en Francia. Pensamos en especial en el festival de teatro hispanoamericano de Bayona que se desvaneció por el capricho de políticos que creen que con el poder obtienen la inteligencia para usarlo. Es más fácil destruir que crear.

Nos dice textualmente el comunicado: 

Esta edición 2019, fragilizada como nunca por falta de ayudas, será la última si las instituciones, con sus programas de movilidad y de promoción y acción cultural, no apoyan a este festival en París que es la manifestación cultural española en el Exterior que anualmente reúne el mayor número de artistas españoles, con un mínimo de 50 artistas en cada edición. 

Pero dejemos los malos presagios y vamos al Festival que se abrió este jueves 28 de noviembre con un espectáculo Pep Tosar de en torno a Federico García Lorca. Durante dos horas nos adentramos en la vida y obra del poeta en un viaje en tren a través de las llanuras de España. Es muy interesante ver como Pep Tosar logra conjuntar varios elementos técnicos, musicales y de actuación para crear un auténtico “documental teatral” titulado Federico García sin el apellido materno, como para mostrar el lado humano y genérico de Lorca. Un prodigio técnico, con una gran pantalla traslucida en la que se proyectan paisajes y entrevistas realizadas al ritmo del viaje; en escena un grupo de música flamenca con los acentos lorquianos da un tono de vitalidad a la evocación, para culminar con Las hojas muertas (tan otoñales ellas). Completa el cuadro la actuación-narración del propio Pep Tosar, y el baile flamenco inspirado de José Maldonado. 

Tosar y su compañía logran un concepto teatral novedoso en este documental teatral en torno a García Lorca, evocan a un personaje muy cercano, con música, paisajes, conceptos de especialistas y con palabras de Lorca seleccionadas precisamente para que se dé un tono informativo y didáctico al espectáculo. Informativo y didáctico, que no quiere decir aburrido o escolar. Y el teatro con sus tres dimensiones le da un volumen muy interesante al documental.

Momento culminante de la obra Federico García es su regreso a Granada en 1936, para refugiarse en su tierra que a la postre será su sepultura. Porque como declaró Tosar en una entrevista al diario La Vanguardia: 

“La muerte de Lorca es una muerte que no cesa, un debate que se prolonga hasta el infinito.”

En todo caso su fusilamiento marca el principio de la destrucción sistemática de una generación de intelectuales que eran el gran tesoro de un país. Todo eso es evocado en este teatro-documental Federico García con el que se inició esta 28 edición que promete buenas sorpresas a lo largo de la semana.