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Mar, Nov

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Sin pretender llegar a ser un personaje reconocido por la historia, de vez en cuando me parece sano filosofar tratando de responder las 3 preguntas eternas que por siempre han acompañado y seguirán acompañando a la humanidad: ¿De dónde vengo? ¿Quién soy? ¿Adónde voy?

 

No es necesario remontarse al pensamiento de Platón, a la escuela peripatética o estudiar el manifiesto comunista de Marx y Engels o la corriente positivista, para, simplemente pensar.

Pensar es gratis y todos podemos hacerlo, eso, si estamos dispuestos a intentarlo y por un momento nos permitimos abstraernos de la rutina diaria haciendo caso omiso a las presiones sociales de todo tipo.

Pensar hace bien y compartir nuestros pensamientos, mucho más, pues siempre existirá alguien en desacuerdo con nuestra posición con quien podremos debatir puntos de vista para enriquecerlo, modificarlo e incluso cambiarlo radicalmente.

Se debe recordar que la verdad absoluta no existe sino como un acuerdo social. Radicales teorías científicas aceptadas como verdades irrebatibles, con el tiempo han sido cuestionadas e incluso modificadas. Aunque haya surgido un movimiento terraplanista, hasta donde sé, la tierra ya no es soportada por tortugas ni podemos caernos al desfiladero desde sus bordes.

Un buen inicio para ejercitarnos mentalmente es el controlar al perro de Pávlov, ese que al abrir un ojo por la mañana y antes de abrir el otro, ya está buscando el control remoto de la pantalla para desinformarse de la actualidad según la línea editorial de la cadena de televisión o el canal de internet elegido. Eso, si creemos ilusamente tener la opción de elegir.

Aunque parezcamos bichos raros por no poder opinar en relación a la mentira de turno difundida por los medios de comunicación, desobedecer el mandato social de lo que se debe y no se debe hacer es un buen comienzo.

Para encontrar pistas que me permitan resolver de dónde vengo, debo escudriñar en el pasado; indagar sobre quienes existieron antes de mi e hicieron posible mi propia existencia, conversar con quienes me antecedieron o formaron parte de mi historia hasta el momento presente, reflotar al máximo las experiencias, tanto las buenas como las malas, que han formado mi personalidad, idealmente encontrar imágenes ya sea mentales o materiales que me lleven a tiempos pasados. Un universo maravilloso se nos develará durante este proceso.

Al saber de dónde vengo o al menos sospecharlo, se me hará menos difícil reconocer quien soy, con mis virtudes y defectos, capacidades y limitaciones, posibilidades y sueños, para no embarcarme en empresas imposibles y potenciarme al máximo para ser todo aquello que pueda ser.

El misterio del adónde voy, por encontrarse en un futuro incierto, puede ser respondido solo por conjeturas que serán al menos, una buena base para edificar mi futuro y el de quienes me rodean.

Nunca, nunca tendremos respuestas asertivas para ninguna de estas 3 preguntas, solo especulaciones, aproximaciones a la verdad, teorías mas o menos probables en función de la profundidad de la búsqueda, pero, aunque las respuestas sean vagas, aun así nos habrán ayudado a reflexionar sobre temas que probablemente nos han inquietado desde siempre, aunque de manera inconsciente.

¿Y qué mejor para profundizar la búsqueda, que la conversación con otros que pueden o no tener la misma inquietud?

Aunque el cerebro no sea un músculo, bien vale la frase, órgano que no se ejercita se atrofia, y que mejor ejercicio para nuestros cerebros, que el de filosofar, y si es en grupo, mejor aún.