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Vie, Jul

El fin de todas las cosas

 

Obra: Fin de partida Autor: Samuel Beckett. Compañía: Teatro de la Abadía. Intérpretes: José Luis Gómez, Susi Sánchez, Ramón Pons y Lola Cordón. Escenografía e iluminación: Krystian Lupa. Vestuario: Piotr Skiba. Música: Pawel Szymanski. Dirección: Krystian Lupa. Teatro Principal de Zaragoza. 12 de noviembre de 2010.

Si alguno de ustedes alberga la más mínima duda sobre el profundo pesimismo, de la amarga desesperanza de Beckett respecto a la condición humana, sólo tiene que acercarse al Teatro Principal a ver “Fin de partida”, la última producción del Teatro de la Abadía que firma el director polaco Krystian Lupa, para que el dilema desaparezca de inmediato. “Fin de partida” es tal vez la cumbre de Beckett y en consecuencia su pesimismo es mucho más profundo que en cualquiera de sus otras obras. Si en “Esperando a Godot” los personajes esperan algo que nunca llega aquí, simplemente, no tienen nada que esperar. Son seres degradados que parecen estar vivos porque no les queda más remedio.

Así, resulta evidente y clara la convicción del autor dublinés de que todo es inútil, absurdo e insensato. Como nada tiene sentido, nos propone una acción que no conduce a ningún sitio puesto que no existe salida para el ser humano. Nos propone rincones oscuros, puesto que así es el alma humana (egoísta, malvada, oscura) en un texto hermético, complicado y de no fácil entendimiento. En el fondo, como cualquier discurso nihilista, el de Beckett es profundamente reaccionario. ¿Si el ser humano no puede hacer nada para cambiar las cosas, si su existencia misma no tiene sentido, qué le queda más que revolcarse en el fango y autodestruirse? Pese a todo, creo que “Fin de partida” debe verse porque ocupa un lugar destacado en la dramaturgia europea contemporánea y por su buena arquitectura teatral. Después, cada cual sacará sus propias conclusiones.

La lectura que hacen Lupa y el Teatro de la Abadía tiene grandes aciertos junto a otras cosas que no ayudan demasiado a digerir lo que sucede en la escena. Es notabilísima la manera en que se recrea ese mundo agobiante, ese lugar en el que se celebra la ceremonia trágica, fúnebre, de la condición humana, donde parece acontecer el fin de todas las cosas. Magnífica la escenografía. Sobresaliente el trabajo interpretativo. Acertadísimo colocar a Nagg y a Nell en cajas de morgue transparentes. El director polaco maneja un ritmo lento (a qué correr si no hay nada que esperar). Pero tanto que en ocasiones agota. Hay ritmos lentos cuya cadencia te atrapa, te hipnotiza. El de Lupa por momentos te echa y crea la sensación de que la obra se hace demasiado larga.

Joaquín Melguizo.

Publicado en Heraldo de Aragón, 14-11-10