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Jue, Dic

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Dentro de la amplia gama de tribus urbanas que existen en esta aldea global llamada mundo, una presente en el día a día de mi país, es la tribu de los flaites. Debo confesar que no he hecho grandes esfuerzos por sondear en los orígenes del vocablo, pero estoy razonablemente seguro que vendría del inglés flight (vuelo). A los drogadictos, por andar siempre con la mirada sobrevolando otros horizontes, aquí se les dice volados, y por ahí debe haber surgido la iniciativa de anglicanizar el termino, llegando a los flighters, y de vuelta a hispanizar como flaites.

 

Puede haber sido el inicio, pero hoy en día, no necesariamente son drogadictos secuestrados por la droga, aunque definitivamente lo parezcan.

Como toda tribu urbana que se precie de tal, entre sus miembros se reconocen por códigos de comportamiento, lenguaje, aspecto, vestimenta, usos y costumbres muy particulares, los cuales también son reconocidos por el resto de la sociedad.

Tienen un lenguaje propio bastante limitado, apoyándose constantemente en modismos indescifrables por quienes son ajenos a la tribu, siempre relajados al punto de tener que vivir con una pierna flectada apoyándose a los muros en las esquinas, sin tener plena conciencia, con su aspecto son los adalides de una cultura kitsch, y sobre todo, no demasiado cultos, para no utilizar el término peyorativo de ignorantes.

Su clara identificación los hace ser rechazados por otras tribus y en general por la sociedad encasillada en el molde rígido del, como debe ser.

¿Son buenos o malos?

Cada cual tendrá su opinión, aunque antes de emitir un juicio, quisiera aclarar que por lo general los seres humanos tendemos a rechazar lo diferente. Cualquier actitud no convencional enmarcada dentro de los parámetros de lo normal para ese momento, es interpretada como una amenaza social y por lo tanto, candidata segura a ser aislada para su posterior eliminación.

Como grupo humano no creo que existan como totalidad de buenos ni malos, sino como cualquier otro, desde los más benevolentes donde existen lobos disfrazados de oveja a los más despiadados donde entre los lobos siempre habrá más de alguna oveja.

Existen individuos de cuello y corbata, bien perfumados, poseedores de un hablar de diccionario, que en su actuar son una verdadera aberración humana, mientras otros, mal vestidos, con todo el olor de una semana a cuestas y un léxico apenas suficiente para comunicarse, son capaces de emocionar hasta las lágrimas con algunas de sus actitudes frente al prójimo.

Si bien es cierto el prejuicio se podría interpretar como un instinto primitivo de auto conservación para evitarnos exposiciones al riesgo, no es menos cierto que muchas veces nos coarta la posibilidad de vivir experiencias enriquecedoras.

El mejor ladrón es quien no lo parece, pero en el fondo, aunque la mona se vista de seda, mona se queda, y por otro lado, el hábito nunca hará al monje.

No pretendo hacer una defensa ciega para ser aceptado por la tribu de los flaites, pero tampoco condenarlos de manera despiadada al escarnio público. Simplemente existen como una consecuencia lógica del tiempo, lugar y circunstancias que les ha tocado vivir.

El que pesca, pesca y no me voy a ir en volá por los locos.

Si a alguien le faltan palos pal puente o gramos pal kilo, na que hacer.