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Lun, Mar

Y no es coña | Carlos Gil

Sería interesante hacer una encuesta universal a todos aquellos que nunca van al teatro. Tampoco iría mal hacer encuestas sincronizadas en diferentes lugares del Estado español para ir viendo cómo evolucionan los públicos. Mientras se hacen las grandes encuestas se podrían ir haciendo de manera ritual pequeñas encuestas en cada sala para ir teniendo ideas más concretas de los gustos, deseos, formación, de esa parte de teatro que permanece en la zona oscura, la platea y a la que llamamos público, peor que son ciudadanos convertidos en comulgantes de uno de los actos más importantes de la comunicación entre seres humanos: las artes escénicas.

Acudo a los teatros en diferentes localidades, y en las funciones a las que asisto, hay una gran ocupación, rozando el lleno. En los grandes teatros, en las salas medias y en las de contenido más contemporáneo. Intento analizar la situación, ver qué tipo de obras son las que reciben esta concurrencia tan esperanzadora y me alegra comprobar que no he visto ningún musical, ni ninguna obra comercial, sino que en estos momentos una ciudadanía activa, comprometida, acude a ver espectáculo de gran entidad artística, y con contenidos que se acercan, en muchas ocasiones, a la realidad social, económica y política en la que andamos incursos. No son alternativas de entretenimiento, sino opciones de un ocio activo, cultural, buscando esas obras que conmuevan. Y eso pinta un futuro atractivo.

Las grandes cifras se mueven entre Madrid y Barcelona, pero en el conjunto del Estado, existe actividad constante, con plazas como Bilbao, Valencia, Sevilla, Valladolid o Zaragoza que van incorporando o han incorporado nuevas salas, muchas butacas, y eso nos pone en expectativa, porque si el modelo imperante, de cachet se está agotando, ¿la taquilla por sí misma podrá sustentar esa actividad? Si acuden los públicos, y si estos están dispuestos a pagar lo que realmente cuesta cada localidad, será una parte de la solución. La otra es acomodar el sistema productivo y de distribución a las nuevas realidades.

¿Cuál es la frecuencia media de asistencia a los espectáculos en vivo de un espectador de teatro? En las localidades medias y pequeñas, la frecuencia la marca el programador, pero en las grandes capitales, cada semana se tienen decenas de ofertas, nuevas o que están cumpliendo sus últimas representaciones. Por eso decíamos al principio que sería bueno hacer encuestas estatales sincronizadas, es decir, el mismo día, para tener mejor un panorama global y no dejarnos llevar siempre por las cifras de los grandes centros demográficos y teatrales, que marcan unas tendencias propias, no siempre aplicables en otros puntos.

Y claro está, la ilusión de todos es saber las motivaciones de los que nunca van al teatro. Porque esa contestación evasiva de "porque no me gusta", debemos utilizarla como palanca para mover todos los resortes de recuperación de los espectadores perdidos. ¿Cómo sabe que no le gusta si no va nunca? ¿Cuándo se creó esa idea del teatro? ¿Quién le traumatizó en su vida escolar? ¿Tiene salvación?

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