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Mié, Jun

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

 

Creo que como muchos, a veces he querido gritar solo por el hecho de hacerlo. Otro impulso reprimido incapaz de ver la luz. Quizás sea un instinto para liberar toda esa carga de negatividad acumulada por el simple hecho de vivir en una metrópolis contemporánea pero con lo que llamamos desarrollo, insisto, ha sido otro instinto reprimido.

Es que eso no se hace. Inmediatamente sería estigmatizado como un bicho raro y por lo tanto peligroso para la sociedad. Gritar no se puede, menos en la urbe donde las leyes de la adecuada convivencia limitan nuestras reacciones más naturalmente humanas y nos inducen a comportarnos a contra natura con nuestros semejantes. No se puede gritar pero a diario des consideramos los derechos de nuestros semejantes como si de enemigos se tratase. Siempre queremos estar delante de quien nos antecede aunque ni siquiera necesitemos hacerlo. Aplastamos con nuestras bocinas a los impertinentes peatones que pretenden hacer valer sus derechos en el cruce de peatones. Ni la dulce abuelita nos conmueve a la hora de abordar el metro. Si es necesario pónganle una mordaza pero que alguien calle a ese bebé que perturba mi mañana con la impertinencia de su llanto.

Ni siquiera un atisbo de humanidad nos muestra como lo que alguna vez fuimos.

Eso sí que para expiar nuestras culpas, sin siquiera verlo, de vez en cuando le entregamos la moneda que nos sobra a ese mendigo profesional parado en todas las esquinas de todas las ciudades.

Un grito descontrolado de vez en cuando es lo que necesitamos para descomprimir la presión acumulada, esa que a muchos los lleva a estallar en el sillón del psiquiatra o cometer algún acto brutal que será la columna vertebral de los noticieros matinales.

Alguna vez, cuando fuimos niños, expresamos libremente nuestros sentimientos. Los hombres evidenciamos nuestra debilidad llorando y las mujeres jugaron al futbol sin prejuicios que las transformaran automáticamente en lesbianas.

Lamentablemente la sociedad nos va entrenando gradualmente para homogeneizarnos hasta el punto de no diferenciarnos en lo absoluto de nuestros semejantes zombis.

Castigo y recompensa son las herramientas por las cuales somos "educados", "civilizados", "domesticados". Una estrellita o carita feliz dibujada en el dorso de la mano como premio a quien haya estado en silencio en clase o una comunicación negativa a los padres para que estos cumplan con su deber de enrielar al peligroso rebelde.

¡¡¡Aaaaaaahhhhh!!!

Así como la energía que se acumula por el desplazamiento de las placas tectónicas idealmente debe ser liberada a través de pequeños movimientos telúricos y evitar así un cataclismo devastador, de vez en cuando es necesario descomprimir para que la futura explosión que tarde o temprano llegará aunque no lo queramos, no de muela hasta las bases de nuestras estructuras psicológicas.

Llorar parapetado tras la penumbra de una sala de cine donde se exhibe la más extrema de las películas lacrimógenas, gritar hasta la afonía en un recital de rock, reírse como un estúpido con los memes de turno por internet, leer una y otra vez El Principito hasta desentrañar la inocencia que aún nos queda, exteriorizar nuestro más íntimo interior a través de la creación,..., los caminos sugeridos por las artes van más allá de un vano intento de explicación ya que los sentimientos no se explican, se sienten. Así como al explicar un chiste este pierde su gracia, si tratamos de explicar un sentimiento este se diluye por el peso de la razón.

Gritemos de vez en cuando para liberar nuestra energía negativa. Aunque no necesariamente sea alzando la voz.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€