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Sáb, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

Ayer domingo día 7 de agosto del año 2016, en la sede de El Rayo Misterioso en la ciudad de Rosario (Argentina), dentro del acto inaugural de la 16 edición del Festival Experimenta, tuve el honor de ser nombrado miembro de la Orden del Guerrero Teatral. Uno de esos gestos de amistad que comprometen. Por la historia del propio galardón, desde Roberto Cossa a Fernando Arrabal o Etelvino Vázquez y por lo que tiene de proyección desde la propia biografía curricular de uno mismo sobre el inmediato futuro.

Es el concepto el que me sugiere mayores connotaciones de superación y adecuación de las actitudes frente al hecho teatral. No es cuestión de acumular años, amontonar datos biográficos, sino de cómo se intenta desde todos los puntos de vista pelear, guerrear contra la estulticia, contra la acomodación, la banalización, la comercialización y la inanidad. Por utilizar una idea más sencilla: para rescatar al Teatro de la tendencia nociva de que sea un simple entretenimiento y volverlo a situar en un acto cultural de primer orden que intenta modificar la realidad desde una perspectiva artística.

Por defecto procuro asumir que todo aquello que se anuncia como teatro tiene algo, aunque se deba buscar de manera profusa, que es auténticamente teatral, pero cuando toca el momento de definirse, de hilar fino, mi idea de teatro se va decantando por el que se identifica como de arte y compromiso. Es cuando pienso que esto se parece mucho a una vocación religiosa que no se puede calificar únicamente como una profesión o un oficio, sino que trasciende, que aquellas personas con las que he compartido mi tiempo y mi espacio en estos asuntos, a los que admiro, no son necesariamente los que se consideran triunfadores, sino a los que han marcado su tiempo, han intentando mantenerse dentro de una coherencia, han mantenido una postura ética ante el hecho teatral por encima de todas las contingencias.

Quizás lo ético sea lo que a día de hoy parece haber abandonado el discurso desde la formación, a la exhibición, al propio proceso creativo. Hay como una especie de laxitud intelectual, política, artística que embadurna casi todas las propuestas. Estoy hablando por encima de lo administrativo, de la corrupción instalada como norma, me refiero al mismo hecho productivo y artístico, a las condiciones de elaboración de las propuestas a la tendencia a la introspección olvidando al otro elemento imprescindible: el público que ha pasado de ser un ciudadano cómplice, que asiste en comunión a nuestra ceremonia artística a convertirse en un cliente, en un consumidor, en una estadística, un porcentaje de ocupación que deja su rastro en taquilla.

Hay momentos en la vida que se encadenan satisfacciones. Hace unos semanas se me concedió una Mención de Honor en el premio Carlos Porto que se entrega enel Festival de Teatro de  Almada (Portugal) por unas críticas aparecidas en el periódico GARA en 2015 sobre varios espectáculos de su magnífico festival. Es uno de los pocos honores que uno ha recibido por su labor de crítico. Lo normal es que se te mire mal, especialmente cuando mantienes durante tantos años una idea, no dogmática, pero sí consistente, sobre las artes escénicas.

Pero es que resulta que el pasado viernes en Córdoba (Argentina), en la sala Azucena Carmona del Teatro Real sucedió el estreno mundial de 'Flores Ácidas' obra escrita y dirigida por mí, con el grupo Damas, en donde me he visto rodeado de seis espléndidas mujeres que me han acompañado en la aventura que parece ha sido muy bien recibida y que mañana martes se verá en Rosario, y que ocupará esa sala todos los viernes y sábados que quedan del mes de Agosto. Todo esto sucede mientras ando corrigiendo pruebas de libros que aparecerán en breve en nuestras colecciones de la editorial Artezblai, preparando ya el número 212 de la revista ARTEZ, publicando el artículo diario que desde hace más de treinta años aparece en GARA (antes EGIN).

Así que este Guerrero seguirá con la cara pintada, con sus armas revisadas y listas para seguir buscando una esperanza, un aliento que ayude a cambiar las estructuras obsoletas de las instituciones teatrales que ahogan, para acompañar a quienes estén en la misma idea de darle mayor valor al Teatro que el mero mercantilismo.