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Lun, May

Y no es coña | Carlos Gil

Hoy, lunes día veintiuno de diciembre de dos mil quince, el panorama político español está más complicado que ayer. Se puede mirar con optimismo porque parece que es necesario llegar a acuerdos para poder gobernar. Pero de momento, sigue el mismo nefasto gobierno de manera interina y con un presupuesto ya aprobado que sigue castigando de manera soez las actividades culturales. Quiero decir que debemos aplazar nuestras esperanzas de cambio hasta después de todas estas fiestas navideñas en donde los villancicos se acumulan en el cerebro y los azúcares y grasas en la cintura.

Uno quisiera volverse todavía más invisible en estas fechas, descontarse de todos los compromisos, no tener ni que mirar siquiera las carteleras de los teatros con tanta oferta familiar que viene a recordarme que es por ahí, justamente con la programaciones para públicos infantiles por donde empezamos a crear presuntos espectadores conformistas, reaccionarios en sus gustos estéticos, sin intención de dejarse sorprender, sino buscando lo de siempre, los cuentos clásicos y tradicionales vestidos de las maneras más costumbristas y simplonas.

Los viejos cómicos sabemos que en estos días es difícil captar públicos para las salas, que el personal, en general, está disperso en sus comidas de empresa, amigos invisibles, regalos para poner debajo del árbol o que vienen con los personajes mitológicos de las zonas rurales, aplazando otros regalos para principios de enero, el consumo más exacerbado, como si solamente hubiese un fin: comprar, comer, beber hasta reventar. Y ya llegará el momento de las buenas voluntades de los sacrificios y de seguir acordándose de un ocio más fértil en lo personal: la lectura, el cine, el teatro.

Por lo tanto, exhausto quedo, aplazo todas mis consideraciones a las próximas elecciones a las que nos convoquen. Si todo sigue igual, como parece, la circunstancia de las artes escénicas se mantendrá en estado letárgico, con una coyuntura especial para que sin cambios, se perpetúe lo que sucede desde hace años: el rendimiento de todos a las fuerza oscuras del mercado. Seguro que es lo que desean la inmensa mayoría de creadores, productores y programadores, porque así se proclama día a día en sus ofertas a sus públicos.

Lo que algunos decimos es que existen otros públicos con otras expectativas estéticas, éticas y políticas. Esto es lo que está por llegar. Y llegará tarde o temprano. Es la lógica de las cosas, miren con detenimiento los resultados de este domingo y verán como sí existe esa posibilidad. No inmediata, pero vendrán nuevos tiempos a nuestros escenarios y a las estructuras acomodadas que ahora impiden desarrollos más a allá de lo obvio, vulgar y viejuno. Que nadie lo dude.

Que la suerte os acompañe mañana en el sorteo de la lotería, que las reuniones familiares no os produzcan más daños colaterales y que el año que viene podamos seguir pensando con ilusión en cambiar para mejor.