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Sáb, Sep

Velaí! Voici! | Afonso Becerra

“Herdanza” es una palabra gallega que, traducida al castellano, significa “herencia”. En Santiago de Compostela, desde 2016, existe un festival de danza contemporánea que lleva ese nombre: “HerDanza”. Un juego de palabras entre “herencia” y “danza”.

 

En el Estado español las circunstancias nunca han sido muy favorables al cultivo de las artes escénicas y menos aún al de la danza contemporánea. Aunque, por supuesto, podemos hacer excepciones con Catalunya y el País Vasco. Galicia, aproximadamente desde el año 2009 hasta la actualidad, es uno de los lugares donde las instituciones públicas menos han invertido en danza. Sin embargo, nuestro ecosistema ha generado una amplia nómina de coreógrafas/os y bailarinas/es de danza contemporánea, aunque para formarse y trabajar hayan tenido que emigrar. Pese a las circunstancias sumamente adversas, Galicia cuenta con una nómina de casi cincuenta creadoras/es en danza contemporánea y con un variado y amplio repertorio de piezas. Hay algo en el ecosistema gallego, que parece formar parte de nuestro ADN y que se relaciona con la danza, como si fuese una herencia.

Y es que la danza, igual que el canto o la expresión dramática y teatral, forman parte de esa herencia sin la cual ninguna civilización puede llamarse civilización. Un cuerpo que no danza, que no canta, que no actúa o representa, aunque no sea a un nivel artístico y profesional, es un cuerpo inculto y vencido por el utilitarismo más fungible y gris, por ese sistema de producción y consumo que no nos permite sentir y pensar más allá de la conveniencia.

Por eso la danza contemporánea, la que no se ajusta a ningún corsé y la que renueva e inventa los pactos con la recepción, la hermana pobre de las artes escénicas, es también una herencia, una “HerDanza” a reivindicar, tal cual hacen Leodan Rodríguez, Isabel Sánchez y Xiana Vilas, las organizadoras de este festival compostelano.

La quinta edición del HerDanza 2020 se celebró durante los días 3, 4 y 5 de septiembre en el Parque de Bonaval y en el Centro Galego de Arte Contemporánea, CGAC, institución que también participó ofreciendo una residencia artística. El festival contó, además, con el patrocinio del Ayuntamiento de Santiago de Compostela, el Auditorio de Galicia, la Xunta y GADIS, una empresa privada.

El programa se puede consultar en la web herdanzafestival.org. Yo acudí el viernes 4 y entre las propuestas ofrecidas me gustaría destacar dos: Ouveo (Aullido) de Mikel Aristegui y Dous en unha (Dos en una) de la Cía. Mai.

Mikel Aristegui es un coreógrafo y bailarín vasco, con más de 30 años de experiencia profesional, formado, entre otras, en la escuela de Pina Bausch, donde permaneció cuatro años. Después de trabajar con coreógrafas/os de la talla de Sidi Larbi Cherkaoui, Sasha Waltz o DV8 Physical Theatre y de realizar sus propias creaciones dancísticas o colaboraciones con directores como Thomas Ostermeier, en 2011 se vino para Galicia.

Ouveo es un solo, resultado de la breve residencia artística que le brindó el CGAC y el HerDanza. En él, Mikel recicla materiales y abre reflexiones que se han ido fraguando durante el confinamiento. El aullido de un artista que reivindica la necesidad del arte, sobre todo en épocas críticas, como puede ser esta de la crisis provocada por la pandemia del coronavirus. Un aullido que, en su solo de danza, no es violento sino liberador y generoso: el del artista que necesita darse y vaciarse, aunque lo último que le quede pueda ser la bilis de la impotencia.

En el escenario del auditorio del CGAC he visto a un Mikel Aristegui que se nos presenta sin más máscaras que la propia mascarilla obligatoria, que luego se quita, después de mirarnos a cada espectadora, a cada espectador. Los pequeños gestos de manos y brazos y las miradas forman parte de una especie de léxico que la danza frasea sin mensajes ni historias, pero sí con la energía, la actitud y la emoción necesarias para que se establezca una conexión. Y en esa conexión, el aullido en soledad, la búsqueda de nuestra complicidad, de nuestra comprensión. La voz en off del actor Miguel Pernas nos lee las reflexiones escritas por Aristegui para el Día Internacional de la Danza, durante el confinamiento, apelando a la ecología y al arte, a la conexión con la naturaleza y lo rural. Velahí, de nuevo, esa misteriosa sinergia que se da en Galicia entre lo rural, los animales, los bosques, los prados, los ríos, las montañas… y la danza y sus creadoras/es. Este mismo festival ha sacado a la hierba del Parque de Bonaval la mayoría de sus propuestas de danza, igual que hace unas semanas acontecía con el Corpo (a) terra en Allariz, Ourense.

Ouveo de Mikel Aristegui se mueve en la verticalidad, a penas va al suelo, el tren superior lleva al resto del cuerpo. Las manos y los brazos, la ondulación del tronco, son como una expansión energética y expresiva del cuerpo. La botella de agua, la boca abierta al máximo, en el gesto de un grito tan enorme como inaudible, la palmada encima de la cabeza, la materia verde que sale de su boca al final, puntúan, de algún modo, la pieza y le dan una cierta teatralidad muy sutil, sin efectismos. Además del texto pronunciado por Miguel Pernas, el Adagio para cuerdas de Samuel Barber constituye el estímulo sonoro que envuelve la pieza y crea una atmósfera alejada de lo festivo o lo frívolo. Ouveo nos conecta con lo necesario, con lo que cuesta conseguir, con lo que debemos reivindicar.

Dous en unha es un dúo, bailado y creado por Lara Munín y Raquel Romero, integrantes de la Cía. Mai. Dos jóvenes bailarinas y coreógrafas gallegas, de veinte y pocos años, que se han ido al Conservatorio Superior de Danza del Institut del Teatre de Barcelona, para completar la formación que habían recibido en Galicia, entre otros lugares en la BSDanza de la coreógrafa Dolores Mayán en Compostela o en el Conservatorio Profesional de Danza de Lugo.

En Dous en unha llama la atención la calidad del movimiento, delicado, muy aéreo y ligero, tanto en lo sincopado, como en el staccato, como en la fluidez continua. Llama la atención el engarce continuo de los dos cuerpos, desde el contacto de las mejillas, las caras, las cabezas, hasta las variaciones del abrazo. Llaman la atención las simetrías, no solo en la apariencia externa de las dos bailarinas, sino también en los movimientos al unísono. Todo ello nos evoca la tensión que se genera entre la unión y la individualidad, el amor y la soledad…

En esta quinta edición del HerDanza, la organización sacó una convocatoria especial titulada “Saída de emerxencia” (Salida de emergencia), destinada a proyectos y artistas emergentes de Galicia, para mostrar en el festival. Esperemos que, más acá de la metáfora, no vuelvan a hacer falta salidas de emergencia para la danza, porque sin ella, como señalaba al inicio, no hay civilización que se precie.