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20
Mar, Ago

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Estoy de vacaciones, en mi merecido teórico descanso después de tooodo un año de trabajo de 8:30 a 18:45 incluyendo una hora para almorzar. Son 3 semanas pero ya me telefonearon pidiéndome regresar a la oficina una semana antes para terminar unos trabajos urgentes.

Será.

Para cambiar un poco decidimos acampar en familia.

Durante algunos años me dediqué a guiar grupos de turistas franceses por la Patagonia Chilena y Argentina o por el altiplano Chileno y Boliviano.

Nunca pasamos reales incomodidades pero definitivamente esos campamentos eran otra cosa; un contacto pacifico con la naturaleza.

Como no disponíamos de muchos días, preferimos quedarnos en las inmediaciones de la ciudad para no mal gastar tanto tiempo en traslados. Además con un par de hijos inquietos, a mayor distancia, más preguntas de ¿Cuánto falta? Que terminan siendo irritantes. En total no recorrimos ni siquiera 500 kilómetros y pudimos acampar en 3 lugares con agua; un parque acuático con toboganes y piscinas, una pequeña laguna artificial y un embalse para una central hidroeléctrica.

Aquí es donde cabe una reflexión sobre el enfoque de los niños versus el de los adultos.

Nosotros los adultos ya hemos sido de cierta manera deformados por la sociedad que nosotros mismos creamos y nuestros gustos se han ido complejizando a medida que vamos adquiriendo hábitos de ser civilizado.

Mientras mis hijos se entretenían como chancho en el barro conversando con otros niños desconocidos, jugando con una simple pelota de plástico barata, deslizándose una y mil veces por el mismo tobogán, cosas que a un adulto lo aburrirían, los adultos se pavoneaban tratando de exhibir su superioridad traducida en botes inflables exagerados para el tamaño de la piscina, parlantes inmensos que se podían escuchar a gran distancia, humeantes asados con carne Premium de esa que jamás habían probado en su vida y de seguro no volverían a probar dado su precio,...

Mientras los niños aun puros disfrutan la maravillosa sencillez de la vida, los adultos nos complicamos para hacer del disfrute algo lo más complicado posible, todo tratando de convertirnos en el macho alfa de la manada.

¿Y para que o por qué?

Simplemente porque somos seres humanos, está en nuestra esencia el querer ser más que los demás.

Bueno o malo no lo sé y no me creo siquiera con la suficiente capacidad moral para juzgar tal actitud ya que de seguro yo mismo he caído en esos comportamientos instintivos en más de una ocasión.

¿Qué hacer entonces?

Nada.

No podemos cambiar la actitud de la humanidad pero si podemos cambiar la nuestra frente a lo que consideramos irracional pero real.

En vez de criticar al otro, quizás sea mejor tratar de conversar con él, escucharlo, no tratar de comprenderlo ni de imponerle puntos de vista porque de seguro no encajaría en nuestro esquema mental pero si aceptarlo tal cual es porque tarde o temprano podremos llegar al ser humano detrás de esa careta de apariencias y seguramente nosotros mismos nos podremos re encontrar.

Al menos el ejercicio vale la pena.

No es fácil pero un buen entrenamiento previo sensibilizándose a través del arte en todas sus manifestaciones puede ser una buena ayuda.

Pueda que la música Heavy Metal no nos guste pero al menos escuchémosla para poder criticarla con altura de miras.

Puede que ese tipo con la barriga demasiado abultada por tanto vino tinto llevando un parlante demasiado estridente, mascando groseramente un pedazo de su asado no sea a quien invitemos a una inauguración oficial pero tal vez su historia de vida sea inspiradora y nos motive en nuestro propio proceso vital.

Escuchemos y sintamos la humanidad del otro.