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Vie, Oct

Y no es coña | Carlos Gil

O viceversa. Hay rumores que solamente se pueden asumir con humor. Pero en estos tiempos, los buenos humores se disipan con las decisiones políticas. Nos quedan siempre los malos humores. Esa sensación de cabreo infinito que nos aprieta el frenillo desde que abrimos los ojos hasta que decidimos solventar la situación a base de coraje. O como decía la otra. "levanteme deprimida, pinteme el ojillo, ¡y como nueva!" Así andamos, pintándonos el ojillo para que nuestra cara no sea un espejo cóncavo de nuestra alma.

Vas tan tranquilo con tu espíritu feriante buscando las sombras mirobrigenses y alguien te pregunta, "¿qué sabes de que van a suprimir el INAEM?" Lo primero que se le ocurre a uno es soltar una humorada del tipo: "ya tardan demasiado, para lo que sirve". Pero inmediatamente uno nota como la circulación de la sangre sufre atascos, como si se pusiera a circular justo al revés, la respiración se desequilibra, no hay manera de concentrarse en casi nada y una película de los últimos treinta años pasa a una velocidad de vértigo y entonces empieza un proceso de asimilación, reflexión y ajuste de coordenadas.

Sí, es cierto, el INAEM pasa por sus peores momentos, los anteriores responsables lo dejaron ya en los huesos, pero los actuales no han dado señales de vida. Esa inacción puede ser un signo de reflexión para tomar decisiones o simplemente un dejar hacer hasta que muera por consunción. No me cabe la menor duda, uno de los instrumentos básicos de estos año para las políticas, erráticas políticas, de las artes escénicas se canalizaron en su nivel estatal desde el INAEM, que tiene además, las unidades de producción más importantes del Estado Español: Ballet Nacional, Compañía de Teatro Clásico, Centro Dramático Nacional, Orquesta Nacional de España, y muchos otros aparatos de creación y difusión de la Cultura en vivo, además de sus programas de ayudas, subvenciones y un larguísimo etcétera.

En este relato se visualiza su importancia, pero todo ello sucede en un diseño institucional con diecisiete comunidades autónomas, muchas de la cuales tienen, a su vez, algunos de estos instrumentos de similar o parecida entidad e importancia, con lo que, en la práctica, las instituciones del INAEM se convierten en joyas cortesanas, instaladas en Madrid, sin apenas tener mayor difusión en el resto del Estado, por diferentes motivos que hoy no toca señalar.

Por lo tanto, el INAEM ha sido en las últimas décadas una institución que ha mantenido unas rutinas sin apenas mover ni un dedo para acomodarse a las nuevas situaciones sobrevenidas, especialmente con los nuevos estatutos de autonomía, ni a las circunstancias económicas. Se ha convertido en una ballena varada, que se mantiene con respiración, pero que será muy difícil reanimarla y que vuelva a cruzar los procelosos mares de la realidad cultural y teatral española llevando la iniciativa.

Pero la desaparición del INAEM, así, por un decreto ley, con la idea de ahorrarse unos cuantos millones de euros sería el definitivo asesinato de toda esperanza, la desvinculación del Estado de la realidad teatral, aunque, como siempre sucede, se buscaría otra figura para mantener la nómina de funcionarios, la funcionalidad de las unidades de producción convertidas en algo residual, como ya parecen encaminarse y en poco más.

Recuérdese que se nos anunció no hace tanto su conversión en una Agencia. Bueno, pues será una agencia de no se sabe qué, pero lo que se necesita es reconstruir el INAEM, sus funciones, volver a dotar de un estatuto acoplado a la realidad de las unidades de producción, pensar en términos estatales, pero en coordinación con las comunidades autónomas y ajustarse los machos, todos. Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedios. Y esa es la cuestión, existe una vida teatral bastante importante económicamente fuera del ámbito del INAEM. Y va en aumento por la renuncia del Estado a atender esta necesidad de la ciudadanía.

Este rumor ya corrió a la llegada del PP al gobierno. Se cortó con la convocatoria de subvenciones y ayudas. Desde entonces todo han sido recortes y desencuentros. Lo único cierto es que estos rumores son interesados, lanzados como globos sonda para ver cómo van a reaccionar los gremios, y desde luego, que nadie lo olvide, una gran parte de la profesión, de los empresarios privados, no van a ponerse a llorar.

¿Qué debemos hacer nosotros, llorar, rezar, escandalizarnos, salir con más pancartas? Lo mejor es seguir trabajando, como siempre y no dejar que nos roben la cartera.