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Mié, Jul

Y no es coña | Carlos Gil

No sé si nos estamos cayendo de un guindo, o dándonos de morros con De Guindos. Pero leo y escucho a tertulianos, analistas y colegas tabernarios diciendo que lo que nos está sucediendo es que al gobierno actual le está pudiendo más la ideología que una aplicación de medidas técnicas sobre el diagnóstico de la realidad. Se dice esto casi como un acusación, cuando debería ser lo lógico, que se le diese la capacidad de gobierno a un partido por coincidencia con su ideología, o si se quieren poner un poco más estupendos, por su programa. Por lo tanto el voto, o la abstención, no es un acto ritual, folclórico ni eso que se hace antes del vermú del domingo electoral como la cúspide de tu participación como individuo en el proceso, sino algo más, es una responsabilidad adquirida.

A lo que íbamos, tuerta. Claro que la ideología es, en teoría, el sustrato sobre el que crecen las alternativas políticas, y con esa ideología de fondo, es desde donde se deben tomar las decisiones. Para decirlo en corto, no existe una única de manera de bailar un tango, ni de hacer una paella. Mucho menos de gestionar un teatro, un hospital, o un país. Es la ideología, la visión del mundo, la carga de las pruebas para favorecer un tipo de desarrollo u otro el que se hace empujado por la ideología de cada cual. Y si no existe ideología, entonces se llama populismo, tecnocracia, fanatismo o totalitarismo.

La crisis tiene muchas más soluciones que las que se están planteando. Se nos presenta una única solución, fanática, totalitaria, ideológica y economicista que está acabando con los valores de una democracia moderna, de un estado del bienestar incipiente. Si nos atenemos a las grandes demagogias, a los titulares, todo lo que hacen es fruto de una necesidad imperiosa, la única salida posible, una verdad revelada, pero la cuestión está en los pequeños detalles en los que esa carga fanática supera cualquier ideología, o es una ideología demasiado totalitaria.

Por ejemplo, que el alcalde del PP de la localidad almeriense de Huércal-Overa, cambie el nombre del teatro municipal, no tienen ningún amparo en la crisis, ni en una estrategia de comunicación, sino simplemente es una actitud fanática, reflejo de una ideología autoritaria, que se expresa con una violencia que deja ver sus ansias de venganza y, sobre todo, su ignorancia cultural, su falta de la más mínima sensibilidad. Que a estas alturas de la historia, alguien quiera quitar del frontispicio de un teatro andaluz el nombre de Rafael Alberti es un crimen de lesa cultura. Rafael Alberti fue un autor dramático considerable. Un poeta importante. Un hombre comprometido con su tiempo. Y su simple nombre le da prestigio a ese edificio, a ese pueblo y a toda la zona.

Con el catecismo ideológico en una mano, la piqueta (real o metafórica) en la otra y guiados por un cúmulo de mentiras y la capa de la crisis para embozarse, cada decisión de la Secretaría de Estado de Cultura, de las concejalías, o de las consejerías del ramo, están dando muestras de su ideología, de su idea de lo que quieren que sea esta sociedad, cómo quieren que sea sus conciudadanos y el futuro común, y en lo que nos ocupa la cuestión parece muy clara, llegan las hordas neoliberales, las que van a pisotear con sus caballos desbocados toda la hierba que salía con mucho esfuerzo y de manera desigual. Dentro de unos meses, el teatro en el Estado español será un páramo. Pero existirán unos oasis para las clases dominantes, con sus naderías, sus risas y sus miserias, óperas, ballets, y a la inmensa mayoría de los habitantes de esta península, los empujará un poco más hacia la televisión, porque consideran que ya tienen bastante con Belén Esteban. Muchas de las decisiones que se están tomando no tienen ninguna coartada técnica, ni siquiera económica, sino que responden a una ideología. En muchos casos mezclada con actitudes premeditadas de exterminio de ciertas actividades o de ciertos representantes de esas actividades. Pongamos que hablo del cine.

Sí, todo es fruto de una ideología. Y frente a una ideología, solamente se puede oponer otra ideología, una convicción que surja de una concepción del mundo, de un ordenamiento de los recursos, del propio Estado diferente. Solamente una opción de estas características podrá hacerle frente. Quejarse en la taberna, gritar en las asambleas, convertirse en abajofirmantes, es un desahogo, pero muy poco eficaz y amortizado por los que detectan el poder. Organizarse bien, convocar a la ciudadanía más activa, romper el círculo vicioso en el que nos han metido y en el que nos quieren mantener hasta la expiración. Se necesita acción, análisis, reflexión, reagrupación de fuerzas. Y mucha acción cultural, teatral, fuera de sus coordenadas, pero reclamando la presencia en sus edificios y el reparto de los recursos existentes para todos. No para unos cuantos elegidos.

Esto es también ideología. Claro que sí.

Repaso lo anterior, y noto la boca seca. ¿Qué tipo de teatro sería el más conveniente en estos momentos? Ideología, estúpido.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
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En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
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Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
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