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Mar, Mar

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

A pesar de que el hombre dentro de su rebeldía y deseo de ser único entre millones, por influencias del medio en el que se desenvuelve tiende al final a homogeneizarse y hasta mimetizarse con quienes lo rodean. Sin embargo, en su inconsciente queda hibernando esa voluntad de diferenciarse, esperando el momento para aflorar.

Así como pasa con el individuo, también sucede con la sociedad como si está tuviese una voluntad única de ser.

Queriendo ser aceptados por el grupo social o etario con el cual deseamos identificarnos, adoptamos sus mismos usos y costumbres, sus modos de vestir y de hablar, sus gustos y disgustos.

Esta característica, cuando es más acentuada, sin duda es en la adolescencia en que no sólo queremos ser como nuestros pares, sino diferenciarnos de nuestros padres para terminar uniformándonos de la misma rebeldía que muchos y siendo uno más en la multitud. La rebeldía diferente de los jóvenes es igual a la de otros jóvenes a través de la historia. Puede que haya cambiado la forma pero el fondo sigue siendo el mismo.

Es con el tiempo sabio capaz de guiarnos, si lo dejamos, que aflora nuestra verdadera individualidad.

Aquellas personas de las cuales alguna vez renegamos, con la paciencia que solo el tiempo posee, se transforman en referentes del cómo actuar o vivir.

Con la revolución de la información que nos está tocando vivir, nuestro mundo infinito se ha transformado en una pequeña aldea global donde gracias a, o lamentablemente, al estar hiper conectados los unos con los otros, las temáticas artísticas parecen estar homogeneizándose sacando todas las ideas de un mismo saco de inspiración.

No olvidemos que el arte es fondo pero también forma. Es el qué y el cómo.

Es cierto que siempre existirán temas globales generalmente expuestos de a pares opuestos tales como el amor y el odio o la fraternidad y el egoísmo o la riqueza y la pobreza o la avaricia y el altruismo o ... La lista es interminable pues en definitiva independientemente de la contextura física, el color de la piel o el idioma que hablemos, en lo fundamental todos somos iguales y por lo tanto nos enfrentamos a la misma problemática vital.

Así como con el tiempo los individuos llegan a independizarse del grupo hasta encontrar su verdadera esencia, creo que ha llegado el momento de fortalecer las diferencias artísticas más que las similitudes.

Si queremos ser aceptados por otros, primero debemos aceptarnos nosotros mismos.

Por primera vez creo que es bueno mirarse el ombligo para descubrir quiénes somos realmente y aunque se considere que la copia es la mayor forma de admiración por otro, la originalidad solo la encontraremos si nos introspectamos lo suficiente. Solo sabremos adonde ir el día en que estemos seguros de dónde venimos.

Con esto no quiero decir que volvamos a la pintura rupestre para expresar artísticamente nuestra voluntad de supervivencia al conseguir buena cacería o a los cantos ceremoniales al dios lluvia para obtener buenas cosechas o elaborar artesanía utilitaria de supervivencia … o quizás sí.

No soy quien para dar recetas de éxito o fracaso pero el fenómeno mundial de la globalización es indesmentible así como nuestra voluntad de ser únicos.

Los temas seguirán siendo los mismos pero la forma de abordarlos es la que debería ser única para cada creador.

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