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Mié, Ago

Sólo la palabra queda viva

Desde hace dos temporadas Miguel del Arco se afirma en su política, literalmente kamikaze, con su apuesta por la creación contemporánea y sus programaciones arriesgadas de textos, teatrales o no, de autores poco conocidos e incluso desconocidos. Con su estreno de Ilusiones del dramaturgo y director de escena Iván Viripaev (1974), líder del nuevo drama ruso, hace descubrir, no sólo un autor de primer plano, ya reconocido internacionalmente, sino un teatro singular, "existencialista" que, en su visión del mundo y de la existencia del ser humano, tiene algo de calderoniano, de beckettiano y también algo del concepto japonés de la vida y la muerte.

Un teatro que filosofa a lo Montaigne, sin ser filosófico, ni demostrativo de ideas y tesis como es el de Sartre.

Tampoco se preocupa del sentido trágico de la vida, ya que la vida no tiene sentido.

Iván Viripaev es un auténtico autor del siglo XXI que, habiendo asumido filosofías y distintos pensamientos del pasado, reflexiona en su obra, con humor e ironía, sobre la existencia, como una aglomeración de fragmentos dispares sin vinculación entre ellos, y sobre su última meta, la muerte.

El teatro de Viripaev está en las antípodas de los que exponen ideas, argumentan y concluyen.

No es una ilustración de dogmas filosóficos.

En Ilusiones estamos, sí, en el teatro de la palabra, del relato, que era la forma teatral originaria. Es el teatro que cuenta, de forma aleatoria, fragmentos de vidas o hace de médium de personajes muertos que hablan por boca de los que narran su historia.

Dramaturgo, director de escena, guionista y director de cine, Iván Viripaev ha dirigido varias obras propias en el Teatro Practica de Moscú, del que fue director artístico entre 2013 y 2016. Desde 2016 vive y trabaja en Varsovia.

Su carrera internacional empezó con sus obras Oxygeny July.

Ilusiones,encargo del Teatro de Chemnitz en Alemania, en el que ya había montado en 2008 El día de Valentin, se estrenó en 2011, a la vez, en este teatro y en el Teatro Practica de Moscú.

Ilusionescuenta las historias entretejidas de dos matrimonios, revelando las paradojas de la pasión y la muerte, la lealtad y la traición, la realidad y la ficción.

La obra empieza con la muerte de Dani y termina con la de los otros tres protagonistas, Sandra, Margarita y Alberto, los cuatro mueren habiendo llegando a algo más de los 80 años.

Cada uno busca su lugar en el mundo, encontrándole a veces en sitios tan insólitos como el interior de un armario o la superficie de una piedra en el desierto australiano.

Hacen preguntas sobre el sentido de la vida, las elecciones que han hecho, el verdadero amor, la amistad, la felicidad, la muerte. Como la vida en si no tiene sentido, solo el verdadero amor puede justificarla.

¿Un amor correspondido? ¿o no obligatoriamente? Las opiniones difieren. ¿Qué es la verdad y la realidad? ¿Y si no existen?

"El amor es algo simple, pero está al alcance de pocos", dice Dani. ¿ Es todo fugaz? ¿Hay algo que permanezca en este cosmos cambiante? preguntan mirando al cielo. ¿La vida es una ilusión, una sombra?

En la obra de Viripaev, estos temas y preguntas filosóficos, graves, se ven desbordados por lo grotesco, típicamente ruso, absurdo y devastador.

La filosofía propuesta por Viripaev y practicada por sus personajes puede resumirse así: hasta que todo acabe disfrutamos de la vida.

Puesto que nada tiene sentido, y tanto la vida como la muerte son incomprensibles, nada se toma en serio, todo es juego, el juego del teatro en la escena del mundo, en la que se cuentan las vidas efímeras de nuestros personajes.

Lo único que permanece de la vida de cada uno es el relato, una mezcla de lo real, lo ficcional, lo soñado.

Viripaev refracta las vidas de los protagonistas en el relato de los narradores anónimos, jóvenes actores: mujer 1, mujer 2; hombre 1, hombre 2, hablando en tercera persona, dirigiéndose al público.

En sus relatos, en algunos momentos, irrumpen los protagonistas, que, por la boca de los narradores, en primera persona, contradicen la versión narrada, contando ellos mismos algunos fragmentos de su vida.

Así que, a semejanza de las vidas fragmentadas, los relatos de narradores y protagonistas forman un mosaico de visiones y versiones distintas, a veces contradictorias.

Viripaev complica la relación actor, narrador y personaje. El actor, que algunas veces, se manifiesta como tal, hace de narrador que encarna en algunos momentos uno u otro personaje, intercambiándose con ellos de vez en cuando, de forma que el monologo se dialogiza.

Tampoco hay ninguna lógica en la estructura de los fragmentos contados por narradores y personajes.

¿Porque han elegido esos y no otros?

Miguel del Arco, muy inspirado por la obra de Viripaev, su estructura compleja, su humor y su lenguaje, "entre lo sublime y lo prosaico, lo evidente y el misterio", crea un "gran teatro del mundo", en el que los seres humanos cuentan sus vidas efímeras, hacen unas piruetas y se van.

Un mundo barroco, en permanente movimiento, con sus trampantojos y sus artificios, juegos entre lo visible y lo invisible, la verdad y la mentira.

En el escenario, objetos heteróclitos amontonados, como restos de vidas o de obras de teatro. Delante algunas sillas, a la izquierda tres butacas de teatro y una caja que giran, como un tiovivo (¿metáfora del teatro?).

Detrás, una escalera y una puerta escondida, puerta de salida pero cerrada.

Al empezar los actores llevan esmóquines, que cambian por ropa de deporte y al final retoman los esmóquines.

Antes de que el espectáculo empiece, los actores pasean por el escenario, hablan entre sí, se dirigen a algunos espectadores, mostrando fotos de los personajes.

Este juego con el público se repite en varias ocasiones con rupturas humorísticas en la trama, durante el espectáculo y también al final, en el que se despiden de nosotros con un "hasta luego".

Con un absoluto dominio de la estructura dramatúrgica de la obra, Miguel del Arco compone en la escena una partitura polifónica de voces, movimientos, momentos musicales y danza (samba, canción de Tina Turner).

No hay ningún orden cronológico ni lógico en los fragmentos de las historias contadas por los narradores que, a menudo, introducen sus relatos con… ahora voy a contarles la desaparición de Marga o la muerte de … etc.

A veces los monólogos se convierten en breves diálogos polémicos o momentos corales, en los que las palabras se mezclan, acabando en un guirigay.

A lo largo del espectáculo, esos relatos que surgen de forma aleatoria, conforman una visión muy barroca de las vidas de los protagonistas, con claroscuros, enigmas, variantes.

La dramaturgia de la luz, muy fina, precisa, crea ambientes, enfoca a los protagonistas y situaciones, enfatiza momentos dramáticos o cómicos.

El cuarteto de intérpretes, virtuosos en registros de tonos, expresiones de emociones y sentimientos, que a veces contrastan con la frialdad distante de la mirada del narrador.

Todos totalmente involucrados en la obra, con la espontaneidad y naturalidad de niños que juegan, insuflan vida a los personajes, a la vez singulares y reflejos de lo universal.

Debemos a Miguel del Arco tanto el descubrimiento de un gran autor ruso y de su obra que se destaca en la dramaturgia actual, como la magistral visión escénica que nos ofrece de ella, inteligente, profunda, inventiva y clara.

 

 

Irène Sadowska

Nuevo número de la revista ARTEZ


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