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Mar, Nov

Sangrado semanal | Juana Lor

Imagina una sala sin prisa pero sin pausa, que aglutine las ganas de creación escénica de toda una zona. Una sala creada por gente que sabe por vieja y por sabia, por haber recorrido escenarios y haber visto emerger multitud de montajes. Imagina una fuerza de trabajo que aparece cuando hay que aparecer: cuelga focos, pone suelos, limpia baños, pisa escenarios, sirve cervezas, reserva entradas, contabiliza, asa magníficas brochetas de pollo, dirige, pone música, enfoca actrices, toca instrumentos, baila con tacones, sin tacones, muerta y viva y viva y muerta, imagina.

Imagina una sala hecha por gente de teatro. Un lugar en el que se crean espectáculos propios dando juego a los actores del lugar y donde se programan otros espectáculos de gente de fuera y de gente de dentro. Imagina una sala a la que acude público noche tras noche. Una sala de teatro con un ambigú lleno de mesas redondas de madera que esperan, con sus velas encendidas, a que empiece, cada tarde, la velada.

Imagina que eres actor o actriz y que tienes 30 funciones por delante en esa sala. Cada día llegar, saludar, ensayar, caracterizarse, calentar, hacer el ritual de entrada y salir al escenario con un patio de butacas lleno y anhelante. Cada día vibrarlo y medir silencios, tempos, risas abiertas y risas congeladas de unos espectadores que están cada día más valientes. Imagina volver al camerino cada noche, comentar la jugada, decidir dónde afinar al día siguiente, porque: ¡si! Hay día siguiente. Hay función al día siguiente y al siguiente y al siguiente.

Imagina una sala de teatro tocada por un espectáculo fetiche. Un espectáculo que empieza a funcionar y que corre de boca en boca como la espuma del Pacífico mexicano. Imagina un espectáculo que cuelga el NO HAY ENTRADAS función tras función. Y es que el Teatro, a veces, guiña un ojo poderoso y alza y ensalza lugares y comunidades de gente que han decidido no cejar en su empeño de TEATREAR, con todo lo que eso conlleva.

TEATREAR y Hacer Teatro son la taquilla y la taquillera, las costureras que abren vestidos y recogen dobladillos, el que abre y cierra las puertas de la sala cada noche, la actriz que se encarga de traer el agua micelar para limpiar las caras maquilladas de las actrices, aquel que se encarga de vender el espectáculo lejos de la sala madre, los regidores que no fallan noche tras noche, preparan objetos, te cuidan, te avisan de que quedan 5 minutos para alzar el telón.

Imagina. Sonríe. A veces, el teatro milagrea.