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Dom, Oct

Foro fugaz | Enrique Atonal

Queremos, pero no podemos, quisiéramos que todo fuera como antes, que la vida transcurriera entre las actividades anuales que tanto aficionamos, en el deleite de una vida sin la amenaza velada, pero el virus circula por las calles, y cada mascarilla, las que esconden el rostro de los otros, la que cubre nuestra cara, las que no enmascaran a los asistentes en lugares concurridos, nos recuerdan el miedo al contagio. 

 

El teatro en París no logra restablecer sus temporadas de reapertura a pesar de sus esfuerzos. Los teatros subvencionados pueden contentarse con medias salas, los privados no pueden arriesgar una temporada sentenciada a pérdidas monumentales que hundirían a cualquier empresario. Pero todos parecen estar dispuestos a arriesgar, pues la inacción es el peor peligro, en eso coinciden todos. 

Con cerca de 60 mil contagios de Covid19 en una semana en Francia, el regreso a las salas se ve muy comprometido y cada espacio teatral busca su propia fórmula para superar la crisis. Cuando te reúnes te contagias.

Así por ejemplo el Teatro de Rond-Point ha decidido usar su espacio jardín para proponer espectáculos gratuitos al aire libre durante el mes de septiembre. Es poco con respecto a sus temporadas regulares, pero es algo. Recordemos que este teatro tradicional se encuentra a un costado de la avenida de Champs-Élysées, la más importante de París. Su intento es calentar motores, preparar al teatro para nuevas experiencias durante el otoño. 

El Teatro de la Ville repone en estos días Las Brujas de Salem de Arthur Miller, pero ahora los actores deben salir a escena con las mascarillas puestas. Imagino que cuentan con un micrófono, porque no veo cómo se puede actuar embozado y que se escuche en toda la sala. Las mascarillas elegidas son negras lo que quizá convenga con la puesta en escena, pero los actores se quejan por esta nueva dificultad, la más elemental: poder respirar. Pero el teatro debe continuar a pesar de las restricciones y su temporada ya está en cartelera. 

Entre los espectáculos más sorprendentes que se proponen en París está El Gran Teatro de la Epidemia de Christoph Barbier que hace una antología de los textos teatrales inspirados por el flagelo. El método es sencillo y eficaz: un narrador conduce al texto señalado que los actores se encargan de interpretar. Así se da dimensión a los textos que han tomado a la peste como punto de partida, desde Edipo Rey de Sófocles hasta las visiones de Ionesco en Juegos de Masacre o La Enfermedad Blanca del checo Karel Capek, sin olvidar El estado de sitio de Camus. La crítica señala que se trata de una buena antología inspirada por los contagios. También es interesante notar que en la obra los políticos y poderosos se sienten frecuentemente más fuertes que la peste. La conclusión es que en dos mi años poco ha cambiado con respecto a la enfermedad y a la sociedad.  

Precisamente para este otoño la OMS pronostica un rebrote mortífero de Covid19 en Europa, aunque ya en estos momentos los contagios están en plena expansión. Pero hasta nuevo aviso los teatros parecen decididos a abrir sus puertas cada cual con nuevas modalidades. Hay, como en toda epidemia, miedo y febril deseo de no ceder; excitación y temor. 

Las artes escénicas, -teatro, danza, ópera, circo-, serán las más afectadas por esta tragedia que vivimos en silencio. El confinamiento, la cuarentena, las dificultades para ir a una sala, el miedo a los transportes, van en contra de una actividad humana que necesita espacio, contacto, reunión de personas, ágape; todo lo que distingue al TEATRO, está amenazado, el confinamiento es su enemigo. Lamentable pérdida que esperamos pase pronto, porque la amenaza contra el teatro es real.  

París 2020