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Lun, Sep

negro & negro | Norka Chiapusso

La palabra encierro no sirve para definir este confinamiento inédito en un pueblo pequeño y verde de la Gipuzkoa más profunda. Salvando las distancias podría afirmar sin mayor pudor que es un espacio. Un espacio en el tiempo, un espacio de tiempo, una burbuja que flota y que genera una realidad paralela, una realidad silenciosa, una calma chicha que presagia una tormenta bastante parecida a un tsunami. Una burbuja vacía de responsabilidades y de prisas. Un tempus único que nos acerca a los ritmos más pausados que la propia Naturaleza marca. Un tiempo para contemplar, para reflexionar, para esperar, para replantearse cosas, actitudes, dinámicas,... Un tiempo para el reencuentro, acaso con la vida, con la que discurre paralela a la que hemos ido organizando. El confinamiento se nos ha podido mostrar como una oportunidad. Esto ha dependido de demasiadas circunstancias, pero también en gran medida, de cada uno de nosotros.

 

¿Qué ocurre cuando este tempus finaliza? Nos avisan que llegará la “nueva normalidad”. ¿Qué esconde la “nueva normalidad”? ¿Qué acarrea? ¿Qué supone? De momento, nos permite mirar directamente a los ojos a la incertidumbre y poder dimensionar el tamaño que adquiere en esta “nueva normalidad” donde hay mucha improvisación, un cierto volumen de desconocimiento, interrogantes cambiantes y desprotección evidente del ciudadano ante decisiones excesivamente aleatorias. La “nueva normalidad” es exigente en cuanto  a los esfuerzos. Todo cuesta muchísimo, todo es un esfuerzo enorme. Para poder llevar adelante cualquier proyecto, idea o planteamiento hay que dar multitud de vueltas extras, muchas de ellas infructuosas, banales, improductivas. ¿Consecuencias? Tripe esfuerzo para un tercio del retorno esperable. Hasta última hora, nada es seguro, todo puede cambiar, no se puede asegurar que pasará en dos días. Únicamente cuando ya han sucedido. La  previsión y la organización individual han dejado su lugar a la “acción-reacción” y al “esperemos hasta última hora”.  En definitiva hemos pasado en cero coma de la burbuja del confinamiento a la “nueva normalidad” incontrolada. Un cambio radical, difícil de asimilar. Estrés extremo.  

No nos queda otra que actuar con lucidez, con responsabilidad, templando el pulso y unidos en todos los niveles. En lo público responsabilidad, imaginación, unión y precisamente planificación y organización. Es momento para ser perseverantes. No hay que perder de vista cual es la esencia de las artes escénicas. No debemos pervertir su esencia y desvirtuarlas pero hay que pensar fórmulas para apoyarlas decididamente. Hay que ser valientes para aguantar el chaparrón, o los chaparrones que nos van a caer encima. Pero lo público tiene la responsabilidad de apoyar la creación y la obligación de aguantar todos los inconvenientes y sufrir, y sufrir muchísimo mientras las cosas se van recomponiendo. Y para todo ello, hay que estar unidos.