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Mié, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

Tal vez conozcan a Howard Gardner, un psicólogo que ha revolucionado el campo de la educación con su teoría de las inteligencias múltiples. Desarrolló dicha teoría hace casi treinta años, pero es ahora, gracias a varios premios de renombre que ha recibido, cuando ha salido a la palestra científica y educativa. Según Gardner el ser humano tiene al menos ocho inteligencias diferentes y no una como se pensaba (la que tradicionalmente se asocia con la inteligencia académica). Ahí va la lista: inteligencia lingüística, lógica-matemática, espacial, musical, corporal cinestésica, intrapersonal, interpersonal y naturalista.

Dicen los más aventurados que este nuevo planteamiento llevará a modificar radicalmente la estructura educativa actual y, sin ser expertos en la materia, lo cierto es que una reflexión somera sobre el tema apunta en esa dirección. Si el objetivo de todo programa educativo, tanto en escuelas, institutos como universidades, es potenciar y desarrollar la inteligencia de los alumnos para que hagan frente a los diversos problemas que se encontrarán en el ámbito profesional y cotidiano, es evidente que la mayoría de los programas educativos resultan incompletos. De las ocho inteligencias planteadas por Gardner, la educación oficial de nuestros alrededores tan sólo desarrolla con profusión la lingüística y la lógica-matemática. "¿Ciencias o letras?", ésa ha sido siempre la gran dicotomía educativa a resolver. El resto de las inteligencias, aunque se apunten, resultan imposibles de desarrollar en su plenitud dentro del cerrado marco de las aulas, donde se mira más a los libros y a la pizarra que al mundo, y quedan forzosamente relegadas a un segundo plano.

El actual sistema educativo favorece el desarrollo de unos tipos de inteligencia sobre otros y como consecuencia de esta descompensación, las personas sólo evolucionan su inteligencia parcialmente, y lo que es peor, aquellas que nacen con el don de esas otras inteligencias, corren el riesgo sucumbir a la frustración y acabar en una mediocridad inmerecida. Así puede explicarse por ejemplo que haya tanto médico erudito ejerciendo sin la inteligencia emocional suficiente para tratar con personas, o que se pase por alto y hasta se desprestigie la inteligencia corporal de un niño, que en circunstancias idóneas podría ser un bailarín competente y ganarse la vida dignamente con ello. A la clásica dicotomía mencionada habría pues que adosarle más opciones: ¿Ciencias o letras? ¿Danza o deporte? ¿Visualización espacial o trabajo emocional? ¿Tal vez música? ¿O naturaleza? A la vista de las teorías de Gardner todas ellas son opciones igual respetables, igual de inteligentes.

Con este panorama uno mira al teatro y encuentra allí un campo insospechadamente atractivo para cultivar varias de las inteligencias mencionadas. La posibilidad de analizar y acercarse a grandes textos, clásicos o contemporáneos (inteligencia lingüística). La necesidad de poner en práctica la inteligencia intrapersonal -aquella relativa a las emociones y los sentimientos- a la hora de construir un personaje, para lo que es indispensable un manejo saludable del territorio emocional del actor. O de la inteligencia interpersonal, aquella que permite una comunicación fluida y rica con las personas del entorno, imprescindible en un arte colectivo donde destaca la labor de conjunto sobre la de los individuos. El teatro potencia asimismo la inteligencia corporal cinestésica, particularmente cuando el cuerpo se vuelve un importante elemento expresivo, pues para ello es necesario entrenar no sólo aspectos eminentemente físicos como la fuerza, la elasticidad o el equilibrio, sino la inseparable conexión entre el cuerpo y la esfera emocional. La inteligencia espacial y la musical son áreas que tampoco quedan lejos de la escena, siempre que el teatro ponga en juego también el arte de la imagen y la música.

La conclusión de todo ello es clara: ya sea de forma profesional o amateur, como actividad escolar o extraescolar, como juego incipiente o pasión tardía, la práctica del teatro es una manera saludable de poner en forma nuestras múltiples inteligencias.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€