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Mié, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

No sé cuándo, pero en algún momento ocurrió. Sucedió que en las grandes escuelas se comenzó a confundir el conocimiento con la inteligencia, hasta el punto de que el primero tomó el lugar de la segunda. Y así, llegó un día en el que durante el proceso educativo lo más importante no era espolear la inteligencia (o las múltiples inteligencias, como se les llama ahora), sino ampliar el conocimiento. Desarrollar las múltiples capacidades del alumnado que le permitiesen desafiar, de forma autónoma, realidades de diferente índole pasó a considerarse un objetivo secundario, frente al hecho de acumular referencias, fórmulas, fechas y demás unidades de conocimiento. El cerebro no era un órgano que había que estimular abordándolo desde múltiples flancos para alumbrarlo y expandirlo; se había convertido más bien en un saco de almacenaje, en el prototipo orgánico de lo que hoy es un disco duro. El estudiante dejó de sentir el proceso vivo de un cerebro que establece permanentemente nuevas conexiones, para establecerse en la pasividad de ser un mero acumulador de información. Hablo de alumnos de la escuela del día a día, o sea, de todos nosotros.

Quizá hace un tiempo, cuando Internet y la globalización del conocimiento eran sólo proyectos de futuro, cuando el acceso a lo que sucedía en otras partes del mundo o lo que había sucedido en otros tiempos era muy dificultoso, quizá entonces tuviese mayor sentido el hecho de orientar la educación hacia la acumulación de información y entender que una gran escuela, ante todo, lo que hacía era acercar realidades que de otra manera resultaban inaccesibles. Esta perspectiva educativa basada en el acopio datos y documentos en la actualidad, sin embargo, ha perdido gran parte de su razón de ser. Asomándonos a la ventana del ordenador y a nada que dominemos mínimamente el inglés, podemos conocer lo que sucede en prácticamente cualquier esquina del planeta, podemos encontrar un libro descatalogado sobre un tema que nos apasiona, ver una rareza cinematográfica de los años 30 o conocer el último proceso creativo de una compañía que trabaja a 15.000 kilómetros de distancia. Es decir, a una distancia de varios clicks y con un poco de astucia, tenemos a nuestro alcance una cantidad ingente de información que despertará nuestro interés.

La educación basada en el acopio informativo, por tanto, a día de hoy añade poco valor a lo que el mundo virtual ofrece. El objetivo no debería ser entonces convertir a los alumnos en archivadores vivientes, seres capaces recitar acontecimientos, ecuaciones o teorías que han aprendido de memoria, sino facilitar que puedan establecer nuevas asociaciones con datos ya conocidos para que de ese vínculo insospechado pueda surgir nueva información. Un aprendizaje que es más un conectar activo que un recolectar pasivo.

Hablamos de la posibilidad de relacionar datos aparentemente inconexos para generar nuevos estímulos, nuevas perspectivas; y con esta afirmación y sin querer, se describe casi literalmente lo que sucede en un cerebro que aprende. Hasta hace poco se pensaba que el cerebro adulto era un órgano estático, que una vez dejaba de crecer (sobre los 16-18 años) y establecidas las conexiones entre las neuronas (las llamadas sinapsis) apenas sufría cambios. Hoy se sabe que el cerebro es plástico, que varía permanentemente su estructura interna, que no deja de establecer nuevas conexiones neuronales para adaptarse constantemente a los cambios del entorno. A cada cosa nueva que aprendemos, por lo general, se establece una nueva asociación neuronal, se crea un nuevo circuito en nuestro sistema nervioso. Es decir, durante el aprendizaje se produce un curioso reflejo entre dos planos diferentes; al mismo tiempo que jugamos a conectar dos elementos de nuestro entorno para generar un vínculo hasta entonces desconocido, ciertas neuronas se conectan conformando una nueva vía cerebral.

Estamos describiendo lo que sucede en cualquier cerebro humano, pero la idea de un cerebro extremadamente plástico, de una mente especialmente capaz de establecer asociaciones entre sucesos aparentemente desconectados, me parece que está estrechamente relacionada con la actividad artística. Todo acto creativo debe su originalidad precisamente a una inesperada asociación de ideas que da lugar a una obra nueva, que revela algo en lo que antes nadie reparó. Al fin y al cabo, el chispazo creativo difícilmente surge de la avariciosa acumulación de datos con los que se asocia habitualmente el conocimiento; emerge más bien de la posibilidad de establecer conexiones entre una serie de elementos que hasta ese momento no parecían tenerlas.

Casualmente, mientras escribo esto, se puede leer en las noticias que, según estudios recientes, el cerebro de Einstein tenía sus hemisferios mejor conectados de lo habitual. No es de extrañar. Sus teorías eran tan científicas como creativas.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€