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Dom, Sep

Foro fugaz | Enrique Atonal

¡Qué gran momento ver a Isabelle Adjani en la mágica escena del teatro de Bouffes du Nord de París! Presencia única, inmediata, sugerente, al alcance de la mano; ella está ahí, exhibiendo su talento y belleza, sus lágrimas y dudas, su fortaleza y fragilidad. Actriz por excelencia, como las grandes divas de antaño.

 

Isabelle Adjani en la escena y en la pantalla, porque teatro y cine juegan parejas en el foro del Bouffes du Nord en París, con la sorprendente puesta en escena de Opening Night, dirigida por Cyril Teste. La obra se inspira en la película de John Cassavetes, actuada y proyectada al mismo tiempo en la legendaria sala del norte de París. 

Les Bouffes du Nord es un espacio entrañable que conserva en sus muros el paso de su historia: incendios, abandono, cuarteaduras como heridas y una nueva vida desde que lo recuperó del abandono, en 1976, el Instituto Internacional de Creaciones Teatrales, dirigido por Micheline Rozan y Peter Brook. Limpio, pero con sus cicatrices como emblema; funcional, pero sin abandonar su carácter de teatro de finales del siglo XIX; tradicional y contemporáneo a un tiempo, con un foro que se integra al patio de butacas como un espacio compartido. En este sitio ocurre un fenómeno excepcional: ver a Isabelle Adjanis en sus dos aspectos: el cinematográfico, con una cámara que la sigue y proyecta su imagen en el fondo de la escena, creando una película, y ella misma actuando para el público presente en la sala. ¡Qué regalo! No sólo ella, los otros actores del reparto, su partenaire Frédéric Pierrot, y Morgan Lloyd Sicard que interpreta al director de escena. Presentar el momento de la creación en directo, ante el público, es el desafío de este Opening Night.  

Con esta puesta en escena, Cyril Teste confirma sus pasiones escénicas: mezclar video y teatro en tiempo real. Si la tentación de usar el video en una obra de teatro recorre la escena desde hace varios años, la experimentación de ambos medios llega a un punto culminante con el grupo MxM, creado por Teste para apoyar su investigación sobre la relación entre la imagen proyectada y la escena. Pero este fenómeno merece otro artículo, hoy veamos en escena y en la pantalla a Isabelle Adjani, la diva. 

El término diva ha caído en desuso y ahora tiene un tono peyorativo. No lo escribo aquí con ese sentido; con este término quiero concentrar mi admiración por esta actriz fuera de serie, que interpreta precisamente a una diva que envejece. La interpretación de una actriz que siente como el tiempo le arrebata sus vanidosos apoyos, le viene como anillo al dedo a la Adjani. Así, frente al público y a cámara, la vemos en su lucha contra la edad, en el foro y proyectada en la pantalla, dos dimensiones que se entrecruzan y descomponen la realidad, teatro que se filma a sí mismo como cine, cine que recupera su dimensión teatral. Y ahora que lo escribo me da la impresión de que el camarógrafo es como un manipulador de marionetas, que está en el foro sin que lo tomemos en cuenta, mientras nos muestra el más mínimo detalle de lo que ocurre en escena y en los camerinos. 

Angustia profesional ante la vida que fenece, miedo de los efectos del tiempo, alcohol como paliativo de olvido, mito del ocaso de una actriz, contado de mil maneras distintas, pero que el efímero momento teatral vuelve único. Es único ver a Isabelle Adjany derramarse ante nosotros, es único poder respirar su perfume… (Sí, el director ha tenido el acierto de irradiar en la sala el perfume de la actriz, siempre de manera discreta), compartir su aliento en un beso desesperado, como los que intercambia en la escena con sus dos posibles amantes, el actor y el director. 

La transición es fantástica, de una actriz apática, algo indisciplinada, a la diva que sucumbe al alcohol y casi hace naufragar la noche de estreno, pero que frente al público recobra su fuerza original. ¿Cuántas veces no se ha narrado esta historia? Y sin embargo cada noche emociona como algo nuevo que ocurre ante nuestros ojos y se registra en pantalla.

Momento peculiar, único, por eso vamos al teatro, por eso amamos al teatro, por el peligro que representa el abismo de la realidad reflejada, la chamánica aparición del doble, ese que da profundidad y vigor a la escena…  Con Isabelle Adjani como oficiante. 

Y si lo cuento en esta crónica es para invitar a los lectores a que vivan esos momentos únicos que sólo la escena puede otorgar cuando se alcanza la gracia, con actores que se entreguen en la búsqueda de otros horizontes, porque ante la verdad del teatro —profesional o amateur—, todos sucumbimos.