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Jue, Oct

@Irina Moreno

Julio Vargas estrena el 7 de febrero su primera pieza en Nave 73 (Madrid), creada a partir de un proyecto inconcluso de Lorca sobre 'La destrucción de Sodoma y Gomorra'. Se trata de 'Sedom. Un pueblo llamado Pecado', que podrá verse durante los viernes y sábados del mes de febrero.

 

'Sedom. Un pueblo llamado Pecado' es un montaje que reflexiona sobre la maternidad/paternidad en términos poco frecuentes a los que estamos acostumbrados. La historia comienza con la llegada de una mujer extranjera a una aldea y con su encuentro con una madre y sus hijas, quienes viven aisladas debido a una extraña alergia que sufren y cuyo tratamiento han costeado, de manera altruista, sus vecinos.

En esta pieza, Julio Vargas, autor y director, cuestiona, desde puntos de vista perversos y poco comunes, la verdadera naturaleza del alma humana. Para ello, el punto de partida fue 'La destrucción de Sodoma', un texto que tenía pensado escribir García Lorca, como confesaba al periodista Martínez Nadal en julio de 1936, y que sería, según sus propias palabras, "una gran historia de conversación y vida, de poesía y sexo". Sin querer continuarlo sino con la intención de tomar las notas que dejó esbozadas el artista granadino como fuente de inspiración creativa, Vargas esboza preguntas nuevas, para dilemas añejos.

Isabel Arenal, Abraham Arenas, Marta Escurín, Emilia Lazo, Jerónimo Salas, Ana Serna, Mario Velasco y Raquel Ventosa son los intérpretes que habitan este pueblo en el que se muestra que la ambigüedad del alma es de una veracidad trágica. En las funciones se cambiará el sexo del personaje protagonista, siendo un día Padre y otro Madre, pero se mantendrán dos versiones idénticas. "De esta forma, obtenemos dos significantes completamente opuestos y experimentaremos sobre las connotaciones inconscientes de los roles sociales marcados, provocando que la visión del público cambie", comenta el joven dramaturgo y director.

'Sedom. Un pueblo llamado Pecado' se completa con una exposición pictórica creada por la artista plástica Raquel Ventosa sobre fotografías de Miguel Zaragoza a los actores durante el proceso creativo. Las obras inspiradas en la fábula muestran un universo bello pero perturbador que trata de plasmar las contradicciones del alma humana en un entorno mitológico.