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Mar, Nov

Sangrado semanal | Juana Lor

A veces, los actores buscamos ejercicios llave que nos permitan entrar, traspasar el umbral que nos coloca en un plano distinto del cotidiano, con los sentidos y los instintos tan aguzados como los del lobo de caperucita disfrazado de abuelita: orejas más grandes para oír mejor, ojos más grandes para ver mejor y boca más grande para bebernos la vida a sorbos y comernos al espectador de un solo bocado. Presencia extra-cotidiana, la denomina Eugenio Barba y se caracteriza, entre otras cosas, por un estado de alerta parecido al del cazador antiguo o al del corzo en el bosque, un estado con los sentidos a flor de piel que te permite tener ojos hasta en el cogote.

Ojos hasta en el cogote para estar atento y saber escuchar el "momentum", el "instante justo" que se acerca a ti como las olas se acercan a los surferos en el mar. Para poder pillar el instante, cabalgarlo y detener el tiempo, se precisa un estado de alerta y una mente clara y despejada, sin urgencias, una paz interior que haga desparecer todos los ruidos internos y externos que fabricamos. Así, podremos oír acercarse el instante y montarnos en él para navegarlo, surfearlo, fluir con él. Es una forma de alzar vuelo que permite ir al encuentro de la autenticidad y la vida en cada palabra, cada gesto, siendo tan libre como para que el torrente de nuestra propia sangre aflore por nuestra boca convertido en palabra o voz.

Ser libre es condición inexcusable para alzar vuelo. Y son tantas las inseguridades, prejuicios, miedos, vergüenzas, celos y envidias que atraviesan continuamente nuestra mente y cuerpo, que no resulta sencillo, primero, abrir nuestra conciencia hasta el punto de poder identificar y escuchar todo esa cháchara de nuestra mente y, segundo, conseguir que ésta se calme y que todos esos mensajes nocivos desaparezcan para que podamos centrarnos en el despegue de los sentidos y de nuestro ser más íntimo, ese que vive normalmente enterrado bajo las diferentes capas que suele ponerse el ego: soberbia, envidia, celos, inseguridad, timidez, vergüenza o miedo. El estado al que hacemos referencia es aquel que te permite ver los abuelitos flotando por el aire u oír el batir de las alas de una paloma, a pesar de estar tecleando en el ordenador o hablando con una persona.

Y, sin embargo, una cosa es aprender a alzar el vuelo y, otra, saber seguir en el aire, es decir, conseguir mantener la llama vital encendida una vez que ha prendido. Para ello, hay una consigna clave que en inglés resulta más esclarecedora que en español y que, por eso, voy a utilizar aquí en anglosajón. Se trata de la siguiente sugerencia: KEEP FORWARD, algo así como "mantente hacia delante", "avanza" o si me permiten ser más informal:" Pa'lante, pa'lante, tira pa'lante". Pues este simple mensaje tiene resultados asombrosos si se pone en práctica a la hora de trabajar una escena, un texto o una partitura de movimiento. Se trata de un keep forward que sucede en el interior del actor y que alimenta el pulso vital de mismo sin que éste decaiga, llevándolo por caminos que ni imaginaba y devolviéndolo sano y salvo al final del recorrido. La utilización del keep forward pone a funcionar un propulsor interior que te va llevando de un instante a otro, en el que surfeas el tempo-espacio con la facilidad de la brisa o de la risa. No se trata de un ejercicio-llave, sino de un principio-puerta que abre el trabajo del actor a otras realidades escénicas.