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Lun, Dic

Sangrado semanal | Juana Lor

Un personaje se hace carne ante los atónitos ojos de quien escribió las palabras sobre el papel. Porque, a veces, se escribe teniendo en mente a la actriz o actor que desarrollará el personaje, pero otras...no. Y la sorpresa puede ser mayúscula en caso de que se haga cargo del papel una actriz con recursos. Atónita te puedes quedar al ver cómo las palabras que imaginaste dichas de forma recta y amable al espectador se vuelven carne en un cuerpo voluptuoso, magnético y cruel, que nada tiene de recto y mucho menos de amable. En ese momento comprendes que el trabajo en equipo es más que la suma de las partes y que el misterio del teatro es inabordable.

Un proyecto sin tiempo. Pocos ensayos. Y, sin embargo, desde la primera lectura hasta la fecha del estreno, el grupo de trabajo pasa por todos los hitos propios de un proceso de puesta en escena: crisis de inseguridad, hallazgos preciosos, la risa de un personaje que se revela en un ensayo en estado de gracia, la risa de un actor que se pierde al día siguiente, el estudio del espacio, la decisión del número de focos, lámpara roja si, lámpara roja no, el sitio, cuadrar horarios, las convocatorias de ensayo. Vestuarios que aparecen y sientan como un guante, la duda, la aceptación, las voces que casan, los objetos que faltan, los objetos que siguen faltando, falta un día para el estreno y sigue faltando el objeto...Que aparece milagrosamente 24 horas antes del día de autos.

¡Suerte! Y nervios también en la tarde en la que mostrarás la criatura al mundo. Las horas vuelan antes de un estreno. Desde que tenemos relojes parece que el tiempo corre igual para todos en todas partes y a todas horas, pero doy fe de que eso no es cierto. Que se lo digan a los actores antes de salir por primera vez al ruedo. (Y a todo el equipo que les acompaña). El reloj de arena se da la vuelta y empieza la cuenta atrás, constante y sin concesiones: Monta luces, coloca la escenografía, haz ajustes, arregla esto y busca una solución para aquello, prepara los objetos, lidia con los nervios, haz un pase técnico para que concuerden las entradas y las salidas de las actrices con la iluminación, haz una prueba el sonido, aprieta el botón y asegúrate de que se oye lo que se tiene que oir en el momento preciso en el que se tiene que oir. ¿Dónde dejaste la libreta con los apuntes? Ah, si, ahí. Si el tiempo está de tu parte y ha decidido avanzar suavecito, igual hasta da tiempo a hacer un pase artístico antes de que entren los espectadores a presenciar el primerísimo parto.

Hay partos y partos. Pero lo mejor, es cuando hay funciones después de un primer parto. Porque es ahí, donde la obra crece, en contacto con los espectadores. Los espectadores, tan encajonados en sus sillas en este teatro nuestro de occidente, pueden, con su risa, elevar el ímpetu de los actores, haciendo que vuelen, olviden las marcas y den lo mejor de sí mismos en el escenario. También pueden, con su mutismo, bajar la temperatura de la sala unos grados y, en ese caso, al actor no le queda otra que tirar como un cabestro del espectáculo, aunque reciba poca reverberación desde las butacas. La actitud de los espectadores es primordial. Y, sin embargo, creo que la mayoría de los espectadores ignoran el gran poder que pudieran tener a la hora de hacer brillar una representación. Lo sepan o no, en su mano está la posibilidad de comunión. (Porque los del escenario estan siempre más que dispuestos...)