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Jue, Ago

Críticas de espectáculos

OTRO LUMINOSO MUSICAL DE RODETACÓN TEATRO

Todavía titila en mi memoria la primera versión en el Teatro Romano de “La Bella Helena” en 1995, dirigida por José Carlos Plaza y cantada por Ana Belén (que recibió un Fotogramas de Plata por su papel de Helena), como una comedia de música pop y de divertimento en contra de la represión sexual. Me acuerdo del infortunio que tuvieron estos excelentes artistas del Método (TEM, TEI) con los micrófonos el día del estreno. El fuerte viento de aquella noche causó que la voz de la cantante se oyera mejor en la Plaza de España que en el Teatro Romano.

La Bella Helena” es una opereta bufa -estrenada en París, en 1864- del compositor alemán Jacques Offenbach, con libreto de los dramaturgos franceses Henri Meilhac y Ludovic Halévy, en la que están presentes la parodia, la sátira y el sentido del humor, al tratar de manera desenfadada las aventuras y desventuras de los amores de Helena y Paris, que dieron lugar a la guerra de Troya. Por una parte, la mirada de Offenbach sobre la gran épica griega, en la que se mezclan elementos contemporáneos, viene a representar la cumbre del punto medio entre la música culta de la gran ópera del siglo francés y la música popular y desenfrenada del París llamado de la “Belle Epoce”. Por otra parte, las situaciones que presenta la trama de Meilhac y Halévy no pretendieron otra cosa que hilvanar un argumento crítico de la sociedad francesa de la época, caricaturizando su moral puritana mediante la apelación al lirismo del amor sensual.

La adaptación literaria de Miguel Murillo y escénica de Ricard Reguart promueve una gran fiesta de los sentidos en general siendo fieles al espíritu musical original, aunque dejando una mayor parcela para el teatro. Logran resaltar los diálogos chispeantes y animados, caracteres bien dibujados de una sociedad frívola y canalla de los héroes griegos que resulta un producto con mucha inspiración en los anacronismos –muy propios en toda opereta- donde se establece una convivencia armónica entre el pasado y la actualidad. Cuanto de ridículo podían tener las tramas de aquellos personajes antiguos –los reyes Menelao, Agamenón, Aquiles, los dosAjax y el sumo sacerdote y adivino oficial Calcas- está aquí y ahora sacado a la luz del escenario, con oportunidad y gracejo, imitando a la pandilla de políticos inútiles y corruptos del equipo del gobierno de Mariano Rajoy (con alusiones también al rey Juan Carlos, cazador de elefantes).

La puesta en escena de Ricard Reguart, como en su anterior función de “Hércules”, se decanta por el musical al más puro estilo de Broadway, respetando la melodía de Offenbach –con pocos arreglos musicales, la inclusión de un can-can del mismo autor y las letras de las canciones de Xenia Reguant- ricamente ofrecida por la dirección musical de Ferrán González. En el montaje se logra la unidad expositiva de los componentes artísticos (en los que destacan igualmente los ingeniosos elementos escenográficos de Pablo Almeida, recreados en varios espacios: una plaza espartana, la habitación de Helena y una playa/balneario, las bellas coreografías deMayte Marcos, perfectamente iluminadas por Luis Perdiguero, los vestuarios de Maite Álvarez y las sugerentes máscaras y tocados dePepa Casado, que establecen una acertada relación entre lo antiguo y lo moderno)

El director catalán conduce una acción trepidante llena de cambios de situación, enfatizando aquí y allá las interpretaciones de sentido bufo y caricaturesco. Todo coexistiendo en comunión perfecta de metamorfosis de la escena, de un amplio cóctel explosivo de rutilante colorido en singular ritmo de vitalidad y alegría, de diversión y espectacularidad.

En la interpretación, donde Reguant ha optado con efectivo rigor por el cantante-actor-bailarín, todos destacan en armónico conjunto desplegando sus energías corporales francamente espectaculares. Gisela (Helena) y Leo Rivera (Paris) se lucen con sus voces melódicas y actuaciones con soltura, desenfado y veracidad, manteniendo el atractivo en el equilibrio entre lo sublime y lo grotesco, la lírica y la caricatura. Joan C. Bestard (Calcas) con su oronda figura es un auténtico animal de escena en su bien construida vía de transiciones de la voz y de los gestos. Rocio Madrid (Afrodita), Graciela Monterde (Hera), Marta Arteta (Atenea) y Cata Munar (Eris) están espléndidas –como diosas- en todos los sentidos. Javier Enguix (Menelao) es un actorazo sacando partido histriónico a su rol.Javier Pascual (Aquiles) y Mikel Hennet (Orestes) acreditan su buen oficio ajustándose a las exigencias de sus respectivos papeles.

Mención especial merecen los intérpretes extremeños: José A. Moreno (Agamenón), Cayetano Fernández (Ayax 1), Pablo Romo(Ayax 2), Lara Alvarado (Partemis) y Tamara Agudo (Leana) que asombran con su virtuosismo -de actores, cantantes, bailarines- recorriendo el espacio con admirable dinamismo. Y la del cuerpo de baile –sin que sea preciso mencionarlos uno a uno- contribuyendo a que el espectáculo produjera un fantástico disfrute visual.

En fin, otra producción luminosa de la compañía extremeña Rodetacón Teatro (de Juan C. Parejo) que logra intensos aplausos finales, esta vez con vítores que se prolongaron durante 10 minutos.

José Manuel Villafaina

Artez - La revista de las Artes Escénicas

 
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