Sidebar

17
Mar, Oct

Críticas de espectáculos

INTRASCENDENTE E IMPROCEDENTE VODEVIL

El telón imaginario del espectáculo “estrella” de la 63 edición del Festival se ha levantado repitiendo al buen tuntún otro improcedente espectáculo comercial: “La comedia de las mentiras” de Pep Antón Gómez y Sergi Pompermayer, dirigida por el primero y coproducida por el Festival de Mérida, Mitxolobo Producciones y Pentación Espectáculos (la empresa teatral de Cimarro, director del Festival).

No es la primera vez que el dramaturgo/director catalán irrumpe con proyectos teatrales de tipo comercial basados en comedias clásicas en el Teatro Romano (que él mismo sin reservas ha confesado). Hace tres años “adaptó” y dirigió el montaje de “El Eunuco”, donde su autor Terencio y el teatro romano estaban ausentes en un espectáculo que había sustituido el valioso melodrama fársico original por otro del género de la revista vodevilesca banalizada -del caca-pedo-pis y vete a tomar por culo-, más propio de un tipo de teatro de intereses crematísticos, que funciona espléndidamente -tras una labia publicitaria golosa- con engatusados espectadores  que solo buscan entretenimiento y poner los ojos de maruja en las “estrellas” de la tele. Un teatro que decepciona a muchos amantes del teatro grecolatino que saben que se les está dando gato por liebre. Un teatro pensado para hacer bolos que nada o muy poco tiene que ver con los procesos de creación, expresión, comunicación y recepción del festival grecolatino.

En esta “La comedia de las mentiras” el texto se inspira en personajes y tramas de Plauto para crear un nuevo espectáculo, imitando lo que este autor latino cultivaba tomando como modelo la comedia griega, de la que escogía varias tramas de distintas obras para crear con gran maestría una nueva. Pero Gómez y Pompermayer, no lo hacen desde las variedades de la farsa plautina, crítica con los fundamentos de la moralidad romana, sino desde la comedia vodevilesca que reúne los ingredientes característicos de la simplona temática amorosa, con diálogos y gags de humor frívolo y ligero e interpretaciones picantes plagadas de equívocos, proponiendo en este caso -sin profundizar- un mensaje ambiguo: el de defender la mentira como algo salvador en determinadas ocasiones.

Es aquí donde me viene a la memoria la espléndida versión que hizo Florian Recio de “Los Gemelos” de Plauto, presentado hace cuatro años en el Festival por la compañía extremeña Verbo Producciones/Oscuro Total. Recio no solamente acrisoló el sentido de la medida cómica del texto original sino también la función moralizante y eminentemente social características de la comedia culta. A la que se sumó la ingeniosa puesta festiva de Paco Carrillo, que añadió satíricamente algunos guiños  que tenían que ver con la actualidad regional.

Hago este recordatorio como un ejemplo objetivo, con ánimo de hacer entender que determinados espectáculos comerciales –estos de Pentación-, que aunque tengan “éxito”, despojan al Festival de auténtica personalidad grecolatina –requisito considerado en el Patronato desde sus inicios- y engañan o desconciertan al público. El Patronato (o Consorcio) del Festival debería tenerlo en cuenta a la hora de aprobar la programación. Aunque creo que eso le va a ser difícil, pues desde que lo presidió Monago desaparecieron los asesores teatrales y ahora con  Fernández Vara tampoco existen (poniendo fácil al único asesor/director del Festival y de la empresa Pentación para programar como le da la gana).

En la puesta en escena, ha sido donde el atractivo envoltorio en que la cultura industrial ofrece sus mercancías ha estado ésta vez más próvido (se ha notado con la inclusión ocurrente de algunos poemas de Safo, casi encajonados con calzador). Gómez logra sin fisuras un montaje trepidante con detalles ingeniosos -donde abundan los chistes y otros embrollos graciosos- que los actores, ataviados con una indumentaria de los años 60, transmiten henchidos no de humor sino de comicidad celtibérica en bruto, al estilo televisivo. Pero no nos engañemos, en esta comedia de las mentiras la verdad resultante es que, en la escena, más que el espíritu de Plauto ha estado el de Alfonso Paso, en las comedias “exitosas” de sofás de este autor intrascendente y sólidamente establecido en la época del franquismo.

En la interpretación, todos los actores –siete en total con Pepón Nieto (Calidoro) de protagonista- destacan sacando a la luz del escenario su personal gracejo. Pero también tengo que decir aquí, recordando a los actores extremeños de aquellos “Los Gemelos” del 2013, con un Esteban G. Ballesteros en estado de gracia -como malabarista del humor- y demás virtuosos de lo mismo del elenco, que han dejado un poco bajitos a estas “estrellas” de la tele.

En fin, un espectáculo intrascendente e improcedente, otra muestra más del teatro agarbanzado, que es lo que solía decir Valle Inclán del teatro comercial.

José Manuel Villafaina

Artez - La revista de las Artes Escénicas


Visita nuestra librería online