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17
Jue, Ago

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Cada día, al abrir algún periódico o revista, algún medio web o perfil Facebook de una organización cultural nos enteramos de la desaparición de alguna parte del complejo – y endeble- entramado cultural construido en España desde la desaparición del dictador.

Teatro, música, cine, danza especialmente. Han resistido mejor la literatura y los centros de arte, ya sean galerías privadas o centros de arte y museos públicos. Que también han caído.

Podríamos hablar de la conjunción perversa de dos dinámicas diferentes: la bajada dramática de los presupuestos públicos, de los que son tan dependientes las organizaciones culturales españolas y la subida del IVA, que subió los precios de los espectáculos a todo tipo de "compradores": institucionales –cachets- y particulares- taquilla-.

Pero no solo esas dinámicas endiabladas han sido las causantes. Ha habido otras: gestión muy deficiente de la crisis por parte de ayuntamientos y autonomías – desaparición de redes y circuitos provinciales y regionales, cierre de teatros y auditorios sin buscar alternativa- y una deliberada intención normativa por parte de Hacienda y la Seguridad Social que hace de los procesos administrativos una tortura burocrática: altas/bajas, colaboraciones ocasionales, cobro de derechos de autor generados por la obra de toda una vida.

Las organizaciones profesionales y empresariales se han limitado a "salvar los muebles" mediante la negociación de parches "Platea" y similares en el caso de la música popular y la danza, lamimada en casi toda España.

Hay personas –también en la izquierda- que ya avisaban de que quizá el aumento en las profesiones culturales –especialmente en las artes escénicas- tan espectacular en los ochenta y noventa iba a tocar a su fin, o al menos a un techo de cierta saturación. Hete aquí que ha llegado. Las escuelas siguen sacando a la calle edición tras edición de sus estudiantes sin que el mercado cultural absorba esa "mano de obra". Por eso vemos que los honorarios y salarios se han reducido de forma drástica, los ensayos no pueden pagarse, las dietas han bajado a los niveles de los setenta (todo a cargo de la compañía y ahorrando) los convenios ni se leen...en el caso de la música proliferan los "contest" donde te inscribes – pagando- te pagas tus propios gastos, actúas y si consigues un premio puede ser una parte de tu cache habitual. Hay hoteles que te ofrecen gratis su azotea para que "adquieras notoriedad". Ni las birras.

Ferias y mercados se hacen con los artistas e intermediarios renunciando a una parte importante de sus honorarios. Siempre han sido un riesgo y una inversión, pero la gestión privada y comercial de estos acontecimientos busca hacerles atractivos para el gran público, no solo para profesionales e instituciones contratadoras, como es lo habitual en las ferias del sector, organizadas por estamentos públicos.

Es habitual leer noticias sobre la desaparición de empresas de artes escénicas acuciadas por deudas y cansancio. Desaparece la empresa no la marca. Se sigue operando con la misma marca como asociación cultural o como un profesional autónomo que contrata a otros por el mínimo tiempo posible. ¿Los ensayos? Por skype. No da para más.

El propio INE nos habla de una bajada en estos años del treinta por ciento en el empleo cultural, pero ¿cómo es ese empleo? Aisge nos alertaba de la precariedad y miseria de salarios y tiempos de ocupación de intérpretes en general. En esos días un músico me decía que en su sector – pop/rock- era impensable una estadística de ese tenor: no hay sindicación apenas, lo que supone que en las grandes ciudades se actúe por veinte o treinta euros por pase musical...y para sobrevivir, actuando solo fines de semana, se deben hacer tres o cuatro pases el viernes o sábado noche en dos lugares diferentes. Todo a tu cargo: transporte, equipos, instrumentos y parte de la promoción.

Esto justo es lo que hacían muchos músicos de jazz en los años cuarenta, justo cuando la América blanca, racista y fascista les negaba el pan y la sal. A la gran Billie Holiday la negaban –siendo cabeza de cartel- la entrada con el resto de los artistas blancos de su banda.

¿Precariedad? No. Retroceso a épocas en las que no se enterraba a "los cómicos" en tierra bendita.

Un dato significativo: en CyL la mitad de los que se han presentado a las subvenciones de la Junta actúan principalmente en su localidad y provincia y "en el extranjero". Nada o casi nada en la propia región y el resto de España, y de fuera se vuelve con un abultado CV y pocos maravedíes en la faltriquera.

M A Pérez Martín, gestor cultural

Artez - La revista de las Artes Escénicas

 
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