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Dom, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

En esta época de la hipercomunicación vivimos rodeados de mensajes. Los políticos de uno y otro signo nos mandan mensajes constantemente, no se sabe si para dar su opinión sobre la realidad circundante o para tratar de lavar su imagen frente a una calamitosa situación en la que han sido cómplices inestimables. Cuando hay alguna crisis a nivel sanitario o económico y el pánico empieza cundir en la población, sabemos que el siguiente paso es un mensaje de tranquilidad de la autoridad competente (nótese que "competente" referida a autoridad con frecuencia designa lo contrario de lo que quiere decir), que intentará pedir calma aunque no haya ninguna razón para ello y todo indique que lo más sensato es dejar todo como está y salir corriendo. Los anuncios ya no son anuncios, sino mensajes publicitarios que por arte de birlibirloque intentarán convertir en necesidad lo que en el fondo no es más que un capricho.

A nuestro alrededor brotan los mensajes dejando una imagen frondosa. Mensajes políticos, mensajes sanitarios, mensajes publicitarios, mensajes monárquicos. Mensaje del consejero de tal partido, mensaje del periodista en la editorial de turno, mensaje del sindicato, mensaje de la asociación de consumidores, mensaje del tribunal supremo. En estos momentos en los que nadie sabe dónde está la salida de este atolladero, encontramos mensajes en cualquier esquina que, con una falsa seguridad y sin miedo a expandir el desconcierto, nos instan a hacer esto o aquello.

Hay algo de dogmático, de imposición en todo mensaje, una especie de subtexto que dice "atiende, creo que es esto lo hay que hacer", o peor, "escúchame sólo a mí que yo sé lo que debes hacer". No debe ser casualidad que sea en los regímenes totalitarios donde más mensajes se mandan a la población, a través de los cuales el caudillo al mando buscará en el pueblo la confianza que no ha conseguido en las urnas. La idea del mensaje nos jerarquiza, nos divide en dos, en alguien que habla y el resto, que le escucha. La comunicación que por definición es un carril de doble vía, se vuelve un carril unidireccional, sin derecho a réplica, sin diálogo que valga. Los mensajes tienden pues a ser despóticos, aún sin quererlo, aunque se ofrezcan con la mirada de corderito degollado.

Junto a este carácter inevitablemente autoritario, otra de las características de los mensajes también hace saltar la suspicacia, la que en apariencia se considera su principal virtud: la brevedad. En su afán por condensar, el mensaje está obligado a desechar todas las perspectivas menos una, aquella que transmite. Es pues información incompleta, una parte que, por mucha intención que se ponga, nunca representa el todo. En consecuencia, lo que se alaba como un ejercicio de síntesis, en ocasiones cae en la simplicidad, y si el tropiezo es aún más grande, se acaba allí donde se despeñan casi todos los políticos, en la demagogia y el populismo.

Por todo esto me incomoda cuando se habla de mensaje en teatro. La pregunta es un lugar común: ¿Qué ha querido decir el autor con la obra? Se asume de facto que una obra guarda un mensaje que transmitir, una sentencia inequívoca que refleje la opinión del creador sobre alguna cuestión de actualidad. Sin embargo, al menos en mi experiencia como espectador, en aquellas creaciones que me han atrapado nunca he encontrado un mensaje de forma explícita. En tales casos me he visto arrastrado a un viaje emocional plagado de estímulos sensoriales, de frases, de imágenes que no se podían capturar en moraleja alguna. Sólo después, en un ejercicio mental ulterior, poniendo el raciocinio en funcionamiento, podría resumir en una frase aquello que el espectáculo había despertado en mí.

Podemos entonces proponer un cambio a la pregunta anterior y formularla así: ¿A ti espectador, qué te ha dicho la obra? Nos dirigimos entonces al espectador entendiendo que no se dejará persuadir cándidamente y que creará su propia opinión con todo aquello que han captado sus sentidos. Es invertir la manera en la que habitualmente se piensa en el espectador. Es pensar en él no como una presa dócil que ha de cazarse con la intrincada red del espectáculo, sino como un cazador de estímulos capaz de tejer sus propios mensajes a partir de lo que percibe.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
Precio : Próximamente

Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
Precio : Próximamente

Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€